Paul McCartney y el regreso a los escenarios: su cara valiente

paul

Antes de transformarse en el viajero permanente que es desde hace tres décadas, Paul McCartney evitó las actuaciones en vivo y el legado Beatles por un buen tiempo. Acá el relato de cómo, en 1989, recuperó su bajo Höfner, armó una banda y comenzó esa gira interminable que lo tendrá por cuarta vez en Chile.



Pregúntenle por los 80 a Simon Le Bon y sonreirá de pura felicidad y nostalgia. También lo harán, sin ninguna duda, Don Johnson, Cyndi Lauper, Margaret Thatcher y el Auto Fantástico. Por suerte, la distancia de casi 40 años ha modificado la perspectiva de que, por aquellos tiempos, todo fue hombreras, gel y plástico. No olvidar que también fue la década de Prince, Eurythmics o Pet Shop Boys. Con todos ellos usando hombreras, gel y plástico encima, eso sí.

Aquel modo casi estándar de presentar música e imagen, no siempre le sentó bien a las estrellas de las décadas anteriores. Por ese fashion emergency (peluquería y sonido, como un combo) pasaron con éxito Tina Turner o David Bowie, pero el lifting fue poco piadoso con gente como Eric Clapton, que se perdió entre las baterías electrónicas y esa cosa exótica de la MTV.

En aquellas circunstancias, todo seguidor de Paul McCartney, sabrá que le puso todas las ganas a adaptarse y experimentar acorde a los tiempos. Como es Macca, varias jugadas le salieron bien (el experimento electrónico de McCartney II, la variedad de Tug of war), pero tampoco hay que olvidar que fueron los años del fiasco cinematográfico Give my regards to Broad Street o del poco inspirado Press to play.

https://www.youtube.com/watch?v=y3Xn9A4Negk

Let me roll it

Fue en el aeropuerto Narita, en Tokyo, el 16 de enero de 1980, cuando comenzó la década para Paul McCartney. En ese lugar, iniciando una gira de 11 presentaciones por Japón con Wings, sería detenido por la policía al portar un poco más de 200 gramos de marihuana. Consumo personal, alegó el bajista, y las anteriores detenciones en Suecia y Estados Unidos por el mismo motivo, algo de razón le daban.

Para suerte de Macca, la previsión inicial de 7 años de cárcel, sólo se transformaron en 9 días, donde además se convirtió en un "prisionero modelo, siguiendo todas las reglas", como recordaba en el documental Wingspan de 2001. Unos años después, daría la explicación más simple del mundo, respecto de por qué había decidido llevar la marihuana a pesar de la dureza de las leyes en Japón: "Era demasiado buena para tirarla por el baño, así que pensé que lo mejor era llevarla conmigo".

Volviendo a casa, el panorama no era el mejor. Mientras el bajista había decidido grabar un disco como solista (McCartney II), Wings se desvanecía lentamente por la inactividad en vivo (para frustración de su guitarrista Denny Laine, quien rápidamente ventilaría trapos sucios en la prensa). Un momento complejo que se agravó con la noticia del asesinato de su ex socio, John Lennon, el 8 de diciembre.

Los años de carretera con Wings, la experiencia japonesa y un inédito temor a la exposición pública post muerte de Lennon, llevarían a Macca a refugiarse en la vida familiar con su esposa Linda y sus hijos, en una granja-estudio de Sussex. Allí crearía algunos discos relevantes y otros no tanto, exploraría el cine con resultados olvidables y después de unos cuantos años de ver al mundo usar hombreras, gel y plástico, fue a por ello.

(New) band on the run

Richard Ogden se llamaba, era el flamante manager de McCartney en 1987 y tenía un plan para que el de Liverpool volviera al ojo público. Si bien la década había tenido a Paul en los rankings ("No more lonely nights" en solitario, "Say, say, say" con Michael Jackson), las apariciones puntuales en beneficios como Live Aid o Prince´s Trust no habían permitido volver a poner su nombre en el lugar esperado.

La estrategia del representante implicaba la creación de un disco contundente y exitoso, así como un regreso a los escenarios con el repertorio Beatles como principal atractivo. Para lo primero, contactaron a uno al que, curiosamente, la imagen y el sonido de los 80s le habían pasado por el costado. Elvis Costello, eterno look de bibliotecario, angry young man y músico inquieto, se juntó en 1988 con Macca con el plan de co-producir un disco que tuvo un destino algo diferente.

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Dentro del largo y sinuoso camino de colaboraciones del bajista, que va desde Lennon a —válgame Dios— Kanye West, pasando por Stevie Wonder, Youth (Killing Joke) y David Gilmour; Costello se transformó en un buen partner compositivo, pero siempre con la restricción de no acercarse al fantasma Beatles. En su biografía, Unfaithful music and disappearing ink, el otro Elvis (que, como fan, solicitó a su nuevo partner volver a utilizar el clásico bajo Höfner) cuenta cómo McCartney evitaba comúnmente las referencias a su pasado musical, las que igualmente asomaron en el puñado de buenas canciones que crearon.

Los criterios diferenciales impidieron el álbum en conjunto, pero el resultado se pudo observar en los primeros singles de los siguientes discos de ambos ("My brave face" y "Veronica", los últimos top 40 de cada uno) y en otras composiciones aparecidas en discos como Off the ground (Parlophone, 1993) y Mighty like a rose (Warner, 1991).

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Flowers in the Dirt (Parlophone, 1989) se llamó el álbum de regreso de Macca y su primer video daba pistas de lo que se venía. En "My brave face", un coleccionista japonés conseguía de maneras legales e ilegales toda la memorabilia posible de McCartney y The Beatles, mientras la flamante banda de Paul tocaba en un estudio. Ahí, se presentaban el guitarrista Robbie McIntosh, el bajista y guitarrista Hamish Stuart, el baterista Chis Whitten, el tecladista Paul "Wix" Wickens y, por supuesto, Linda McCartney, en teclados y coros.

Ese era el grupo que iniciaba el 26 de Septiembre de 1989 en Noruega, la primera gira en solitario de McCartney en su historia y el retorno a los escenarios tras casi una década. Esta vez, a diferencia de los tiempos de Wings, el repertorio era generoso con el cancionero Beatles, incluyendo temas de la primera etapa de la banda ("Can't buy me love", "I saw her standing there"), clásicos infalibles ("Let it be", "Yesterday", "Hey Jude") y números por primera vez interpretados en público ("Eleanor Rigby", "Sgt. Pepper´s lonely hearts club band", "Back in the U.S.S.R." o el medley final de Abbey Road).

Los adelantos tecnológicos le permitían, por fin, llevar a un escenario canciones imposibles de presentar con anterioridad, las que tuvo que, incluso, volver a aprender. "Algunas de ellas las conocíamos mejor que el mismo Paul", contaba Hamish Stuart, en el libro "Fab" de Howard Sounes. La presencia de más de una docena de páginas Beatles, junto a los éxitos de Wings y material de Flowers in the dirt, conformaban el repertorio, que comenzaba luego de un pequeño documental introductorio a cargo de Richard Lester (A hard day's night), complementado con material gráfico entregado al público sobre los peligros de la lluvia ácida y la deforestación.

El éxito de la gira, como era de esperar, fue apabullante, incluyendo una cifra histórica de 184.000 personas en Río de Janeiro. Aunque medios como el New York Times contrastaron el repertorio nostálgico con las intenciones de vigencia del artista, la puesta en escena de primer nivel junto a una banda de músicos de excepción, tocando como fans, casi no tuvo críticas. Casi.

Lo que comenzó como una broma de algún sonidista poco solidario, luego se difundió más allá de lo esperado, transformándose en noticia por un tiempo. Era el registro, separado del resto del grupo, de la voz de Linda haciendo los coros de "Hey Jude" en el Festival de Knebworth de 1990, con escasa (o menos aún) afinación. Un mal golpe para la esposa de Paul, quien se sabía que participaba a las giras más como una concesión a su marido, que a un verdadero gusto por tocar en vivo.

Luego de la gira 1989-1990, un reactivado Paul hizo discos con mejor o peor fortuna, se reencontró con sus compinches Beatles en el proyecto Anthology, sufrió la triste pérdida de Linda por un cáncer y se casó de nuevo, para en tiempo record pasar por tribunales en malos términos.

Además, armó una banda que se mantiene estable desde 2002 y, en general, no ha parado de producir música y tocar en vivo con un ímpetu que ya se quisieran algunos artistas jóvenes ahogados por tres semanas de fama.

La excusa actual se llama Egypt Station (Capitol, 2018), un disco que como todo trabajo del de Liverpool será medido por varas complejas. Sobre todo, en la comparación con uno de los mejores repertorios de la música popular, que ya no tiene problemas en presentar en vivo. Uno que puede ir desde "In spite of all the danger" de su época pre Beatles hasta "Helter Skelter", con los Fab Four anunciando la llegada del rock duro; e incluyendo páginas de los amigos ausentes como "Being for the benefit of Mr. Kite!", de Lennon o "Something", de Harrison.

https://www.youtube.com/watch?v=PjKtfvKJSuk

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