Phoebe Waller Bridge se siente culpable

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La actriz y escritora es su propio personaje. Tiene linaje noble y audicionó para Downton Abbey. Quiere que la recuerden por hacer reír a la gente, el papel protagónico de sus sueños es el de una persona que nació en la selva y fue criada por animales. En un karaoke, cantaría "He's a tramp" de la película La dama y el vagabundo.


Cuando pisó el escenario de los Emmy por primera vez dijo que escribir se le hacía muy duro y doloroso. Después, cuando se quedó con el segundo premio, el que todos esperaban que recibiera Julia Louis-Dreyfus, dijo que actuar se le hacía muy duro y doloroso. La tercera vez que se subió al escenario de los Emmy, bromeó en su acento londinense: "Bueno, esto se está poniendo ridículo".

La primera vez fue por mejor guión, la segunda por mejor actriz principal y la tercera por mejor serie de comedia. También fue nombrada cuando Barry Bradbeer ganó el premio a mejor dirección de comedia y cuando Jodie Comer ganó mejor actriz principal de drama por Killing Eve, una novela que Waller-Bridge convirtió en serie. Cuando terminó la ceremonia, los medios la nombraron la gran ganadora de la noche.

Todo empezó en 2013, cuando – la ahora mundialmente conocida serie – era un monólogo en un pequeño teatro de Londres. Si en la obra original el público podía sentir la intimidad de respirar el mismo aire y escucharla sin que ella necesitara alzar la voz, en la serie tenía que ser igual.

Podría decirse que rompe la cuarta pared, pero en realidad, nunca existió. Esta mujer no tiene nombre (siempre es "ella" o "tu"), pero la llaman Fleabag, que se traduce literalmente a "bolsa de pulgas", algo así como una persona sucia y maloliente que atrae a las moscas.

Le habla a la pantalla, y usa sus ojos y sus cejas como una herramienta que condensa toda su expresividad para mostrarle a la audiencia cómo se siente. Parece muy, muy honesta, pero en realidad no lo es. Hay flashbacks que frecuentemente dicen: "No te está contando toda la historia, hay más".

La verdad empieza a salir a la luz y  ya no puede negarlo. De repente, resulta que la cantidad de veces que le habla a la cámara es inversamente proporcional a la profundidad y la oscuridad de sus sentimientos. Todo era un engaño: la mujer que parecía tan honesta en realidad estaba ocultando información crucial.

En los últimos años se acostumbró a que la gente la saludara en la calle, y responde agradecida a los halagos, pero no con una humildad exagerada, como a veces pasa. Tampoco es que quiera llevarse todo el crédito. Le han atribuido algunos éxitos que no son de ella y siempre lo aclara rápidamente: está trabajando – y no escribiendo– el guión del próximo James Bond, no es la responsable de la segunda temporada de Killing Eve y en la película de Han Solo, en que interpretó a un L3 37, un androide muy celebrado, tuvo la ayuda de un "maravilloso" equipo.

Después de terminar de grabar la primera temporada, Phoebe pensó que nunca más iba a tener una idea, pero cuando estaba escribiendo los guiones de Killing Eve, la novela que BBC América le encargó convertir en serie, empezó un borrador. En él escribió chistes, ideas y observaciones que creyó que podrían ser útiles para una segunda temporada de Fleabag.

La mayoría de las cosas estaban relacionadas con la religión, la fe y la moralidad en el mundo moderno. Aunque se describe a sí misma como atea, su vida está marcada por la religión. Intentó creer en varias, pero la que más la marcó fue la católica. La típica culpa del catolicismo que aprendió en su edad escolar, la persigue hasta ahora. Sus podcasts favoritos son Guilt and Shame y Guilty Feminist, le dijo a la revista Vogue. "O cualquier cosa que tenga la palabra culpa", también. En Fleabag, la culpa es el motor.

Culpa, amor y catolicismo se concentran, entre otros personajes, en un religioso que habita la segunda temporada de Fleabag. Tampoco tiene nombre pero los fans en internet lo bautizaron como "The hot priest" (el sacerdote sexy), interpretado por Andrew Scott.

El sacerdote es un hombre que la escucha, le presta atención y con el que conecta. Sobre él, Waller-Bridge lamenta dos cosas: que no lo hayan nominado a un Emmy y que el público haya reducido todas sus características a "hot priest". A ella, que le apasiona crear personajes femeninos fuertes y se considera una mala feminista –aunque feminista al fin y al cabo–, le molesta verlo convertido en un objeto sexual, lo mismo que le ha pasado a las mujeres por tanto tiempo.

Ahora último, se siente culpable por escribir de la muerte. Sabe que tiene que dejar de hacerlo, pero es en lo único que puede pensar dice. Por lo que no siente culpa, es por terminar la historia de Fleabag.

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