Luis López-Aliaga: "Esta novela es sobre formas brutales de ejercer el poder y sus raíces noventeras"

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El autor chileno publica La casa del espía (Planeta), novela inspirada en el "caso Rocha". En esta entrevista comenta su interés por aquel episodio y cómo sus facetas de escritor y guionista se mezclan, retroalimentan y distancian.


Fue el año 2005.

Había pasado una década desde la publicación de Cuestión de astronomía, su primer —y premiado— libro de cuentos.

"Hasta entonces me ganaba la vida haciendo talleres y escribiendo en la prensa", recuerda Luis López-Aliaga (Santiago, 1968). "Pero tuve una hija y eso me obligó a buscar otras alternativas".

Algunos de sus compañeros de generación y amigos ya tenían un nombre en la televisión como guionistas: Nona Fernández, Marcelo Leonart, Alejandro Cabrera, Larissa Contreras. A ellos, dice López-Aliaga, recurrió y así se incorporó al mundo del guion. "Entré como aprendiz y pagué todos los pisos imaginables, sin chistar, con la convicción de un samurái".

Y así, de alguna forma ahora el autor chileno une ambas facetas, la de escritor y guionista, en su novela La casa del espía (Planeta).

La casa del espía gira en torno a tres personajes: un detective privado, un martillero y el dueño de una pujante universidad.

"Esos tres son los que movilizan la acción, aunque también está la esposa del empresario que es más bien la víctima que padece las decisiones, acciones y omisiones de estos tres personajes hombres", cuenta López-Aliaga. "Todos los otros personajes son más bien accesorios, salvo en la parte final, en la que el chofer y el guardaespaldas adquieren protagonismo".

Esos son los elementos que el escritor chileno ha decido usar para su última novela. Elementos, claro, que también pertenecen al llamado "caso Rocha".

-Cuéntame cómo nace la idea de La casa del espía: ¿Qué tanto sabías del caso Rocha?, ¿por qué te llamó la atención?

-El origen de la novela es la idea de una serie que comenzamos a desarrollar con dos amigos guionistas, Bárbara Saavedra y Sebastián Vivero. Sabía del caso lo básico, lo que exaltó la crónica roja en su momento. Pero como los procesos para que, finalmente, una idea se convierta en serie son largos y trabajosos (hay que convencer a mucha gente, movilizar mucha plata), en el camino surgió la idea de escribir la novela, que es un ejercicio personal, con pocos intermediarios. A esas alturas ya estaba deslumbrado por la historia, sobre todo por algo que no aparece a primera vista y que, por cierto, omitieron los medios en su momento: lo que estalla en 2008 es algo así como la expresión patológica de un virus incubado en los 90.

El "caso Rocha" se mete en la esfera pública el 21 de febrero del 2008, cuando Gerardo Rocha, empresario y fundador de la Universidad Santo Tomás, asesina al martillero Jaime Oliva en El Quisco. Tres meses después, víctima de las llamas que él mismo provocó, Gerardo Rocha moriría.

Para entender las razones tras el ataque hay que retroceder al momento en que la pareja de Rocha le confiesa haber sido atacada sexualmente por Oliva. Lo que llevó a Rocha a vengarse.

Y, finalmente, a quemarse y morir.

"La casa del espía está marcada por formas y procedimientos narrativos propios de las series de televisión", dice López-Aliaga. "Así fue concebida. En todo lo que he escrito (este es mi décimo libro) es la primera vez que así ocurre, al menos de manera consciente".

-¿Y de qué manera ha cambiado tu escritura una vez te metes de lleno en la escritura de guiones?

-Creo que la narrativa audiovisual influye desde hace tiempo en todos los que escribimos, querámoslo o no, reconozcámoslo o no. Es un dato del problema, está ahí, como la luz eléctrica. Nadie puede escribir como si no existiera Fargo, como si Tarantino no siguiera vigente. Y eso es independiente de si uno se gana la vida escribiendo guiones o no. En lo particular, mi inicio en los guiones y, más concretamente, en la industria televisiva, estuvo marcado por la exigencia de asimilar rápido ciertas prácticas que me permitieran permanecer, de modo que siempre lo viví como algo externo al quehacer propiamente literario, en el que procuraba extremar la sensación de autonomía.

De modo que cualquier influencia era inconsciente, por default.

*

Un detective privado —venido a menos— encuentra en un empresario educacional la salvación de su negocio; y en su afán por conservarlo el detective aplica, sin vergüenza, el lema aquel de que "el cliente tiene siempre la razón".

Así se podría condensar la trama de La casa del espía.

"¿Pero de qué trata realmente?", dice Luis López-Aliaga sobre esta novela. "De las manifestaciones tardías de una ética alimentada en los 90, la ética del éxito fácil, del winner, la del emprendedor que sustenta su ascenso en los contactos espurios, el tráfico de influencias disfrazado de lobbismo. Y de cómo este éxito se manifiesta en formas brutales de ejercer el poder".

-Cómo fue el proceso de escribirla: ¿pensaste de antemano una estructura o la escritura se fue dando sin demasiado plan y luego ordenaste un poco el material?

-Pensé la estructura al comienzo, procurando mantener la progresión de la historia real, entendiendo que el hecho sangriento no podía ser una sorpresa, en tanto era un hecho público. La cronología base la trabajé con bastante libertad con relación a los hechos reales, supeditando las fechas a las necesidades del relato, que es la trama de cómo el empresario llegó a cometer el crimen. En paralelo corre otra trama, en otro tiempo narrativo, la de los negocios del martillero y operador judicial, en base a la idea de que los resortes que activan los acontecimientos fatales están todos asentados en los 90.

-Leyéndola encontré elementos sádicos, pero a lo Fargo; es decir, bordeando el placer, ¿te parece que sea así?

-Bueno, el proceso de escritura fue particularmente grato, me divertí viendo cómo estos personajes —hombres, hay que decirlo— ardían en el fuego de sus miserias. Porque pese a lo sangriento y trágico de los acontecimientos, están relatados con cierto humor negro, la mirada que se me impuso al tener a estos personajes tan cerca: no se les puede tomar muy en serio.

*

"El problema de la llamada 'literatura de los hijos' y de cualquier otra definición es convertirla en preceptiva, en fórmula o, incluso, en bandera de lucha", dice Luis López-Aliaga sobre el epíteto (proveniente de la academia) con que se ha catalogado a su generación, esa que creció y adoleció en dictadura y plantea algunos de sus libros como una reconstrucción de la "memoria histórica".

-¿Qué me puedes decir de escribir "a partir" o "en contra" de la idea de 'literatura de los hijos'?

-La definición proviene de la academia —que simplemente hace su trabajo— y es la fotografía de un momento, la constatación de un corpus ya existente. La relevancia que los autores le dan hoy a la academia es otro tema, atribuible más bien a la sistemática desaparición de los espacios de discusión y validación en el campo literario. Esto incluye a la prensa cultural y su evidente retirada. En los 90 la prensa dictaba estas definiciones que se volvían preceptivas y eso era, creo, infinitamente peor, porque se trataba de sentencias rápidas y fogosas, no más que eso. Lo recuerdo bien porque lo padecí. Se llegó a hablar de "la moral walkman" (¡qué antiguo suena todo, qué ridículo!) y los voceros eran hegemónicos hasta el aniquilamiento. Por ejemplo, en su obsesión por borrar la huella dictatorial, que es lo que insufla, quizás como impulso pendular, la llamada "literatura de los hijos". En cualquier caso, lo que a mí me llama la atención es lo restrictivo que se vuelve todo cuando se arman estos bandos y se opera tipo barra brava, de uno u otro. Creo que si algo he ganado con el hecho de no tener ni obra ni carrera literaria es la libertad de escribir de lo que se me da la gana.

-¿Te parece que las editoriales están a la caza de lo que yo llamo "el lector Netflix"? Me explico: aquel lector que puede que vea más Netflix que leer libros y que a través de esa hambre por narrativas puede que entre a la literatura.

-No lo sé, realmente. Pero de ser así, me parecería natural que lo hicieran. Es lógico que una editorial busque lectores, aunque la figura de la "caza" me incomoda. Prefiero la idea de seducción. Yo mismo soy un consumidor sistemático de Netflix y no busco afuera, lejos de Netflix, lo que me da Netflix. Desde ese punto de vista, "competirle" a Netflix es un despropósito. La experiencia de la lectura tiene particularidades en sí misma sobre las que habría que sustentar la seducción de los lectores del presente y del futuro. Si bien una novela, un cuento o una serie de tv comparten los elementos de cualquier narrativa, la experiencia de la lectura es única y no sé si tiene mucho que ver con el consumo de Netflix.

Tampoco me parece que haya UN consumidor de series o una sola forma de consumirlas. Habría que pensar también en el "lector HBO". Ahí también hay una diferencia en la que se podría indagar.

-Uno de los temas de esta novela, creo, es la inoperancia masculina. Y bueno; en tus primeros libros de cuentos se exploraba esa masculinidad criolla que estaba a medio camino entre las películas mafiosas y el compadreo del bar de la esquina. ¿Te pareció, a partir de los diversos nuevos feminismos que han surgido, que era hora de cuestionar la masculinidad en la literatura chilena (y hasta tu propia masculinidad)?

-Como dije, esta novela es sobre ciertas formas brutales de ejercer el poder y sus raíces noventeras, lo cual escenifica y deja en evidencia una idea caduca de masculinidad. Los acontecimientos narrados tienen su base en varios niveles de abuso, entre ellos el abuso y el maltrato a una mujer. Pero me parecería una patudez atribuirle a esta novela algún afán de denuncia. En estos terrenos creo que lo que corresponde es llamarnos a la modificación de las prácticas cotidianas y al silencio público.

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