S&M: cuando Metallica rompió la barrera del sonido

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En 1999 Metallica se animó a dar un paso que suponía cierto riesgo. Llevar su material al lenguaje de la música sinfónica. Pero gracias al talento y la experiencia del director Michael Kamen, los músicos dieron forma a un trabajo que señalaría un punto alto en su carrera, dejó versiones que aspiran a ser definitivas y demostró que los cruces, cuando son bien realizados, pueden sorprender hasta al más veterano.



Fue durante los días en que Metallica promocionaban Load, el álbum que los puso nuevamente en la órbita de los ránkings y el comidillo de la prensa musical, cuando cerraron el llamado "proyecto secreto". La idea de grabar una presentación en que tocarían sus viejos éxitos junto una orquesta clásica suponía un salto, y aunque en principio, en la banda tenían sus dudas, lo llevaron adelante por un cierto sentido del riesgo que aún les quedaba de sus primeros años.

En rigor, el crédito de la idea se lo lleva el director de orquesta, Michael Kamen. Él le propuso el proyecto al grupo tras trabajar con ellos en los arreglos de cuerdas para "Nothing Else Matters", durante las sesiones del Black Album. "Probablemente Metallica es el grupo más ruidoso que existe -cuenta el músico en el documental sobre el LP incluido en la edición en DVD-. Ya había utilizado una orquesta con Pink Floyd, Eric Clapton, Bob Dylan, pero esta vez la elección más arriesgada recayó sobre Metallica".

La Sinfónica de San Francisco, entonces dirigida por Kamen, es una institución en la música clásica. Surgida a partir del terremoto que azotó la ciudad en 1906, a modo de reavivar la cultura, por su dirección han pasado compositores que bien resumen parte del sonido docto escuchado en el siglo XX: Igor Stravinsky, Sergei Prokofiev, Maurice Ravel, Arnold Schoenberg, Paul Hindemith, Aaron Copland y John Adams.

Pero ese currículum no parecía impresionar a los rockeros de Metallica. "No estaba completamente al margen de la música clásica, pero no era algo que me interesara, aparte de los discos de Deep Purple", reconoce el baterista Lars Ulrich en el mentado documental. Su eléctrica media naranja, James Hetfield, fue aún más claro. "Eso no me interesa".

Sin embargo, de a poco se convencieron. El cruce que proponía el hombre de la batuta sonaba convincente, y más con él al mando. No en vano, suya es la partitura de "Who Wants to Live Forever", de Queen, un grupo que es del gusto de algunos de sus integrantes. Experiencia sobraba. "Ya habíamos trabajado con él y ya sabe como unir ambas formas de expresión", agrega Hetfield.

A partir de un listado de 20 canciones, Kamen comenzó a trabajar los arreglos -"¿no irán a tocar 'So what'?", les preguntó en broma-. No eran simples colchones. Funcionaban como creaciones musicales en sí mismas, compuestas con cuidado para calzar con los riffs que lanzaba el grupo. "¿Esto es Titanic? esta pieza es perfecta para el tema de una película", afirmó Hetfield cuando escuchó por primera vez la pista instrumental para "The call of Ktulu", original del álbum Ride the Lightning.

Para Metallica, explorar en caminos diferentes no era raro. En el Black Album habían dejado atrás los riffs intrincados y las canciones extensas de ...And Justice for All en pos de composiciones sencillas. Casi como si fuera metal de bolsillo. En los noventa, en plena era del rock alternativo, con el cabello corto, delineador de ojos y con un look más sofisticado habían lanzado Load y Reload, discos en que salieron de los callejones fangosos del heavy metal para tocar un rock que dialogaba más con su tiempo que con su leyenda. Sin complicarse en demasía. Lars y James le permitieron a Kirk Hammett y a Jason Newsted tocar lo que les parecía. Pero hacerlo con una orquesta, eso era otra cosa.

En cierta forma, este desafío los ponía de nuevo en órbita. Y para ello compusieron dos nuevos temas. "No Leaf Clover", una canción de Hetfield y Ulrich que no usaron en sus trabajos anteriores, fue desempolvada y trabajada a toda prisa. De alguna manera, es como si hubiera estado esperando la ocasión. Los arreglos orquestales le insuflaron carácter. "Un poco psicótica y desequilibrada y, al mismo tiempo, un poco conmovedora", la describió Jason Newsted.

Por su lado "Human", es un tema más clásico. Un riff pesado en afinación baja, un ritmo de batería simple pero agresivo. "Es solo una canción ruidosa y estridente para hacer temblar el local", la definió Hetfield. De alguna manera, como quedará más claro en trabajos como St.Anger, en Metallica había atención hacia la música que estaba sonando en el momento. Y es claro que por esos días le habían puesto atención a Alice in Chains -ambos grupos tienen una gran amistad-, pero también a otras cosas como Kyuss.

"A veces no sabes donde vas a acabar. A veces, ya sé cómo va a acabar el resultado final, esto podría haber tomado diferentes direcciones y yo estaba abierto a cualquier dirección en que acabáramos", señaló Ulrich.

El eco de Cliff

En S&M, la sencillez de las canciones más recientes hizo que piezas como "Nothing Else matters", "Hero of the Day", o "Bleeding me", tuvieran un nuevo aire. Casi se convirtieron en versiones definitivas. La audacia de Kamen le hizo proponer unos arreglos más sofisticados, pomposos y épicos para temas como "Master of Puppets", "The call of Ktulu" y "One", además de crear una atmósfera casi oriental para "Wherever I may roam", que a ratos recuerda a "Kashmir", de Zeppelin. La voz de Marianne Faithful en "The Memory Remains" se reemplazó por la sección de cuerdas, y los cantos del público. De alguna manera es como si las canciones tuviesen el aire que les permitía acceder a rincones diferentes.

No se puede soslayar el gusto sinfónico del exbajista Cliff Burton. Su poderoso sentido de la melodía en temas como "Orion", "For whom the bell tolls", entre otros, quedó impregnado en las composiciones que se grabaron mientras él estuvo en la banda. Años después, como invocado por alguna clase de ritual, su presencia se hizo presente en esa viejas composiciones.

Y de alguna forma, la banda quiso dejarlo más claro. En la segunda versión del S&M que Metallica presentó en octubre de este año, también con la orquesta de San Francisco, incluyeron una emocionante interpretación de "Anesthesia (pulling theeth)", a cargo del contrabajista Scott Pingel, un fanático de Metallica que se interesó en tocar música, precisamente por imitar a Burton. Se dio el gusto de tocar junto a Lars Ulrich. Ahora, el círculo está completo.

"Cliff fue definitivamente la puerta de entrada a muchas de esas cosas clásicas", comenta Lars a Rolling Stone. "Cuando comenzó a hablar de música clásica en el '83, '84, James y yo no estábamos, o al menos tal vez yo , no quiero hablar por James, tal vez no estábamos listos para recibir esas cosas , pero lentamente su persistencia consiguió cosas como música clásica o Simon y Garfunkel, en nuestro radar. Nos tomó un poco más de tiempo abrirnos".

Por ello es que la segunda entrega, a diferencia del concierto original, fue más colaborativo. Un ejemplo es la versión que probaron para "The Unforgiven III" -incluida en el disco Death Magnetic en que solo canta James Hetfield con el acompañamiento orquestal. Algo difícil de pensar en la edición original."Si volviera y leyera las entrevistas de lo que salía de mi boca en 1999, creo que era más como, 'Somos Metallica. Esto es lo que hace Metallica'. Si Michael Kamen quiere escribir un montón de partituras además de lo que hacemos, entonces está bien. Pero no vamos a alterar lo que hacemos. Así que esto se parece mucho más a Metallica y la sinfonía juntos, y es colaborativo con un toma y daca", explica Ulrich a la citada revista.

Sin dudas, S&M señaló un hito en la carrera de unos rockeros que no tenían nada que demostrar. Simplemente probaron que a veces la vigencia no tiene tanto que ver con éxitos o explorar el sabor del momento. Se trata, ante todo, de ambición creativa. Ulrich lo resumió de forma precisa. "Ha sido un momento con el nivel de percepción más alto que jamás he tenido".

https://open.spotify.com/album/1OZaosC2RtsE2TEqLziwAD

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