Ratas en las Malvinas: Los Pichiciegos de Fogwill

Fogwill

El libro del argentino se escribió durante la guerra entre Inglaterra y Argentina. Ahora Alfaguara la reedita. "No fue escrita contra la guerra sino contra una manera estúpida de pensar la guerra y la literatura", dijo Fogwill.


La trama

Un grupo de soldados desertores argentinos sobrevive de manera clandestina en la "Pichicera", una suerte de cueva o refugio. Estamos en las Malvinas, finales de mayo y principios de junio de 1982. El grupo de soldados vive subterráneamente. Quieren aguantar hasta el final de la guerra. Sobrevivir en base a lo que recolecten hasta que el conflicto se acabe y puedan volver a casa.

Pichiciego: ¿qué es un pichiciego?

"Un bicho que vive abajo de la tierra. Hace cuevas. Tiene cáscara dura —un caparazón— y no ve. Anda de noche. Vos lo agarrás, lo das vuelta, y nunca sabe enderezarse, se queda pataleando panza arriba. ¡Es rico, más rico que la vizcacha!".

El Escritor que Firmaba con su Apellido (y nada más)

Seis de la tarde, dice la leyenda, y el Escritor que Solo Firmaba con su Apellido (y nada más) regresaba de una reunión. Su madre lo esperaba en casa. Feliz. Por la guerra, claro. Porque estaban "ganando" la guerra, así que le dijo: "¡Hundimos un barco!".

Y el Escritor que Solo Firmaba con su Apellido (y nada más) salió corriendo a su estudio. Pensó en decenas de ingleses violetas flotando congelados. Pensó en los soldados argentinos. Pensó en los titulares de la revista Gente: Estamos ganando, Vimos rendirse a los ingleses, ¡Seguimos ganando!

Ninguno de estos pensamientos lo alegraron, ni le atenuaron el espanto, como diría años más tarde, que le provocaba el veneno mediático inoculado a su madre.

El Escritor que Solo Firmaba con su Apellido (y nada más) se sentó frente a su máquina de escribir.

Y estuvo doce horas en eso.

Tecleando.

O por lo menos así dice la leyenda.

La leyenda que el mismo Escritor que Solo Firmaba con su Apellido (y nada más) se dedicó a pulir por tantos años ya que era publicista. El Escritor que Solo Firmaba con su Apellido (y nada más) era el mejor publicista de la literatura latinoamericana. Tanto que sabía detectar a los otros autores que, como él, eran buenos vendiéndose ("García Marketing", dijo del autor de Cien años de soledad).

Todo clásico cuenta dos historias

Los mejores libros se sustentan en sus páginas. Pero asimismo por su trastienda.

Por esa historia que existe tras su historia.

Uno de esos casos es Los Pichiciegos. La trastienda de esta novela es la historia de la guerra de las Malvinas, una guerra apurada, insensata como todas las guerras, pero también —como sucede en estas páginas— carnavalesca y picaresca. Según Fogwill su novela es "un experimento ficcional que está mucho más cerca de la realidad que si me hubiera mandado a las islas con un grabador y una cámara de fotos en medio de la guerra". No quería ser fiel. O sí: quería ser fiel a la temperatura social pero no a los hechos porque "con la inmediatez de los hechos te perdés".

El Escritor que Firmaba con su Apellido (y nada más) II

Doce horas después de que se sentó frente a su máquina de escribir, el Escritor que Solo Firmaba con su Apellido (y nada más) ya había completado la mitad del relato: casi cien mil caracteres.

Durante los siguientes tres días terminaría el libro.

Lo titularía Los Pichy-cyegos. El subtítulo: Visiones de una batalla subterránea. Y en esa época todavía no era el Escritor que Solo Firmaba con su Apellido (y nada más). Por eso firmó como Rodolfo Enrique Fogwill.

En cualquier caso, asegura que la primera frase que escribió, en ese arranque de inspiración, fue: "Mamá hoy hundió un barco".

Lo que siempre se dice de Los Pichiciegos

Que Fogwill la escribió en tres días. Que tanto su fondo como forma son subterráneos. Que los borradores se mimeografiaron en el Hospital Albert Einstein, en São Paulo y que estos circularon entre críticos y editores. Que la primera publicación (junio, 1982) se distribuyó después de la asunción del gobierno civil. Que algunos elogiaron su "realismo y pacifismo". Que Fogwill fue majadero: la novela tenía que salir con una advertencia: Los Pichiciegos se trataba de un experimento de ficción.

Algunas cosas que aparecen en Los Pichiciegos

Nieve. Pingüinos. Lombrices. Planos de las zonas minadas. Pilas de linterna. Coque (o querosén). Nieve. De fondo Las Malvinas. O The Falkland Islands. Pastillas, cigarrillos, guarniciones. Un almacenero que controla los víveres. Unas monjas francesas aparecidas en zona de guerra. Más nieve. El bando de los ingleses. Manuel, el pichi Manuel (Puig). El miedo a las bombas. El Turco. Pinochet. La dictadura. Tenientes, sargentos, pichiciegos. Sexo con ovejas. Largas conversaciones cavernarias. Vehículos abandonados. La dificultad al defecar. Soldados congelados. Ovejas que revientan al pisar una mina. Restos de naufragios que llegan a las playas. Más nieve. Los británicos desembarcando en las islas. Los argentinos prisioneros. Trasladados a la Argentina. Los habitantes de las islas: los malvineros. Las enfermedades. El miedo. El miedo al miedo. Sueños. El aislamiento. Papas y cebollas argentinas. Nieve. Más nieve.

Y una frase: "Con soldados de mierda como ellos nunca se va a poder ganar una guerra".

Hola a las armas

Los Pichiciegos como una novela sobre dos países. Dos Argentina(s).

Uno: esa Argentina que se cree lo que el gobierno les dice. "Mientras tanto, la radio argentina llamaba a pelear: según la radio, ya se había ganado la guerra. Pero: ¿cómo creerle si se veían montones de oficiales vendándose para ubicarse primero que nadie en las colas de las enfermerías?"

El otro: el país (el pueblo) que sospecha del poder. Del gobierno. Como Fogwill, quien teclea en contra del entusiasmo nacional. Como los mismos Pichiciegos, quienes no solo tienen miedo de los ingleses, sino hasta miedo del mismo ejército argentino.

"Hay dos miedos: el miedo a algo, y el miedo al miedo, ese que siempre llevás y que nunca vas a poder sacarte desde el momento en que empezó".

La guerra como el opio del pueblo.

Latinoamérica es pichiciega

Fogwill en la introducción a la edición de 2010 de Los Pichiciegos: "No fue escrito contra la guerra sino contra una manera estúpida de pensar la guerra y la literatura".

Y por supuesto: esta novela no es solamente "una novela sobre Las Malvinas". Quien escribe esto la considera la primera novela latinoamericana futurista. Distópica. Una advertencia sobre cómo funcionará la sociedad en no muy poco tiempo. En otras palabras: todos seremos pichiciegos. Las sociedades como cavernas.

Otra lectura, y esta menos apocalíptica, en base a la siguiente frase de Fogwill: "La argentinidad actual es pichiciega, vive del pequeño comercio con los amigos y los enemigos, medra, se oculta bajo tierra".

Entonces: Los Pichiciegos como un reflejo del estado actual de la industria editorial. De la literatura latinoamericana por estos días.

La Furia del Libro, la Primavera del Libro, todas las editoriales independientes de América Latina y todas las otras ferias independientes del continente, no tan solo de libros, sino de fanzines, comics, etc. La cultura pichiciega. Esa que vive del pequeño comercio con los amigos y los enemigos, esa que medra, que se oculta bajo tierra. Polvos Azules, Tepitos, el Persa Bío-Bío, Jackson Heights y todos esos mercados donde la cultura se cruza, mezcla y samplea.

América Latina como la tierra pichiciega.

Adiós a las armas

El Escritor que Solamente Firmaba con su Apellido (y nada más) murió el 21 de agosto de 2010. Enfisema pulmonar. Para entonces ya era Fogwill. A secas. Nada de Rodolfo Enrique.

El Escritor que Solamente Firmaba con su Apellido (y nada más) dejó varias páginas inéditas. A esas alturas ya era un autor a medias: oscilaba entre el malditismo, el culto y una lectoría estimable. Sus libros se publicaban en editoriales independientes, como en Interzona. Y también en "las grandes", como en Alfaguara. De a poco su nombre resonaba fuera de Argentina. Especialmente en España.

Una vez, en El País, un lector le preguntó que cómo serían los "Pichiciegos" de hoy. Y que en qué país lucharían. Y el Escritor que Solamente Firmaba con su Apellido (y nada más) respondió que estos serían iguales, que estos son iguales. "Están escondiéndose en Palestina de los fundamentalistas judíos e islámicos", dijo Fogwill.

Y más adelante, en el mismo cuestionario, otro lector le preguntó sobre otros escritores lo han hecho feliz. "Ninguno me hizo feliz", respondió Fogwill. "Yo me hago feliz, pero no por escritor, sino por lúdico, o bolúdico".

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