Filosofía y coronavirus: ideas en debate

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El filósofo esloveno Slavoj Zizek pronosticó el fin del capitalismo debido a la crisis, teoría que Byung-Chul Han descartó: "El capitalismo continuará aún con más pujanza". Carlos Peña, rector de la UDP; Agustín Squella, premio Nacional de Humanidades; Diana Aurenque de la Usach y el académico de la U. de Chile Pablo Oyarzún ofrecen sus puntos de vista sobre el debate global.


Agustín Squella, premio Nacional de Humanidades: "Nuestro deber es redescubrir la fraternidad"

No sabe cómo dimensionarla, pero está convencido de que atravesamos una crisis de grandes proporciones. "Y lo estoy viviendo como todos: con estupefacción, con dolor, con temor, con ese malestar y ansiedad que se sienten cuando la normalidad se interrumpe brusca y prolongadamente", dice Agustín Squella.

El premio Nacional de Humanidades observa a muchos pensadores "sobreexcitados, pronosticando todo tipo de desmesuras". El no cree que la vida cambie sustantivamente tras la epidemia. "Después de la crisis volveremos a ser el amasijo de virtudes y defectos que somos todos los individuos, y los gobernantes de las grandes naciones van a continuar pensando en estas y no en el conjunto del planeta".

¿Comparte las teorías de Zizek o Byung-Chul Han?

Ahí tiene usted dos ejemplos de sobreexcitados, especialmente Zizek. Este anda hace rato en la lógica de algunos intelectuales: no termina de acontecer algo y ellos corren a notificarnos por los medios cómo tenemos que entenderlo. Pura ansiedad no más. Más ímpetu expresivo que auténtica reflexión. Byung-Chul Han, otro pensador potente, peca a veces de lo mismo.

Zizek ha plateado que la salida a la crisis pasa por un comunismo reinventado. "¡No, por favor!", dice Squella. "Antes de hablar de un nuevo comunismo el viejo tendría que hacerse cargo de su biografía, en la que hay más víctimas que las del coronavirus. Zizek podría estar aprovechando la pesadilla que estamos viviendo para retomar el sueño comunista que alguna vez pudo tener y que hoy es una pieza de arqueología".

¿Traerá el virus un contagio de solidaridad, como dice Zizek?

Dios oiga a Zizek, en serio, pero que no se trate del tipo de solidaridad en cuyo nombre el comunismo sofocó la libertad y redujo la solidaridad al círculo muy estrecho y secreto de sus jerarcas. Con palabras de Octavio Paz, para nada sospechoso de izquierdismo: la fraternidad es la gran ausente de las sociedades capitalistas contemporáneas, y nuestro deber es redescubrirla y ejercitarla. ¿Lo haremos esta vez?".

Carlos Peña, rector UDP: "No creo que la crisis estimule la solidaridad"

"No cabe duda que estamos en presencia de un momento excepcional", dice Carlos Peña. Pero el rector de la UDP recuerda que la humanidad suele enfrentarse a fenómenos que la desafían. "Lo excepcional hoy es quizá el carácter global que proviene no tanto de la extensión del contagio, como de la extensión del miedo que la mayor cantidad de información provoca", dice. "Cada época necesita de sus fantasmas aterradores. Ya se disipará este y vendrá otro que lo sustituya".

Doctor en filosofía, Peña es escéptico respecto de un cambio en nuestras formas de vida producto de la crisis: "Pasará este momento y volveremos a las fantasías y las ilusiones de siempre ¿Acaso alguien cree de veras que la naturaleza humana se modificará como consecuencia de una peste?",.

Respecto del eventual shock mortal que viviría el capitalismo, comenta: "Zizek ha sostenido una tesis más bien débil: ha dicho que la actual crisis enseña la necesidad de contar con una coordinación global de los mercados y de límites a los estados nacionales. Obsérvese que no dice que la crisis producirá eso. Sólo afirma que enseña o muestra la necesidad de hacerlo. Pero esa tesis no es nueva. Sí, es cierto que el mundo sería mejor si los mercados y los estados se coordinaran. Esa tesis la sostuvo Kant antes que el coronavirus apareciera (en su escrito sobre la Paz Perpetua). Así que, al margen de los deseos, creo que Byung-Chul Han acabará teniendo la razón".

"Comunismo reinventado o barbarie", dice Zizek.

Cuando Zizek habla de comunismo se refiere en verdad a un liberalismo más consciente de los requisitos que lo hacen posible... En realidad lo que dice es: o cultivamos un liberalismo preocupado de las condiciones que lo hacen posible o tendremos la barbarie. Y no puedo estar más de acuerdo en eso. El liberalismo no es dejar a los seres humanos a sus anchas, sino regular sus interacciones en condiciones de igual libertad. Y eso requiere la ley, no un estado de naturaleza. Es eso o la barbarie.

El ensayista desconfía también de una epidemia solidaria a raíz de la crisis: "En vez de solidaridad y cooperación lo que este tipo de fenómenos desgraciadamente desatan es el egoísmo, la preocupación ante todo por si mismo y el cálculo utilitario de cuántas vidas merece la pena hacer esfuerzos para salvarlas. Así que no creo que esto que estamos viviendo estimule la justicia o la solidaridad. Lo desearía, pero no creo que vaya a ocurrir".

Pablo Oyarzún, académico filosofía U. de Chile: "Siempre estamos al borde de algo"

Al hablar de la actual emergencia, el filósofo Pablo Oyarzún recuerda "la catástrofe humanitaria cotidiana" de sectores vulnerables y grupos marginados. "La pandemia, alterando tan agudamente nuestras vidas y mostrándonos que al fin y al cabo son esencialmente vulnerables, debería hacernos reparar en esta vulneración y este horror continuos", dice.

¿Cómo será la vida tras el fin de la epidemia? "La vida nunca es la misma", dice. Y los seres humanos suelen adaptarse "a circunstancias dramáticamente alteradas y producir una suerte de nueva 'normalidad'", observa. Así ocurrió con el estallido social, recuerda, cuando se hablaba de retomar la "normalidad", una normalidad de desigualdades que fue el motivo de la protesta. "Ahora pareciéramos adaptarnos a la 'normalidad' del confinamiento. Pero no hay tal 'normalidad', solo una sorda resistencia a admitir que siempre estamos al borde de algo, quizá porque saberlo y sentirlo en todo momento sería intolerable", añade.

Pablo Oyarzún opina que las tesis de Zizek y Byung-Chul Han son apresuradas. Que no hay tendencias claras en este minuto y que las hipótesis hoy se mueven entre dos extremos: "O bien una ciudadanía empoderada hasta el punto de la autogestión o bien Estado totalitario y vigilante del tipo big brother". Entre ambos, hay una infinidad de posibilidades. Sí observa una sensibilidad común en los análisis que circulan: "Es la sensación de estar al final de un gran ciclo histórico, que se podría describir como una época de la configuración de lo social y de la vida humana misma, caracterizada por la relación contractual Se puede llamar a esa época 'moderna', pero no para sostener que estamos, como se supone que estamos, en tantas otras cosas, en una especie de 'post'. Es algo mucho más radical que eso", asegura.

¿Qué lecciones le deja esta crisis?

Quizá podría decir que vuelvo a aprender la profundidad que tiene en uno la necesidad de las otras y los otros, del contacto, la cercanía, la mirada, la viva voz.

Diana Aurende, académica filosofía Usach: "El capitalismo podría transformarse"

Especialista en filosofía y bioética, Dina Aurenque no se olvida de otras crisis al momento de referirse al coronavirus: la crisis migratoria y la climática. La académica de la Usach piensa que es imprescindible encontrar las respuestas científicas a la pandemia y consensuar formas de vida social: " El después de la pandemia dependerá en gran parte de cómo asumimos esta fase, donde generaremos una pseudo-normalidad".

Respecto de la controversia Zizek- Byung-Chul Han, afirma: "El capitalismo tiene formas de adaptarse y mutar mucho más rápidas que las especies. Como Han, no creo que esta pandemia haga colapsar al capitalismo, sino más bien, le permitirá transformarse. Pero esa transformación bien podría tomar por base, y aquí sí concuerdo con Zizek, valores más comunitarios y por ello, solidarios. Han parece no aceptar que la solidaridad que se desprende de la actual pandemia no es ni ingenua ni utópica -como dice también Zizek. Se trata de una, por así decirlo, solidaridad cívica".

"Zizek ve en la pandemia dos salidas", prosigue, "una amoral, natural, que se oriente a la lucha vitalista donde sobrevive el más fuerte y mueren los más débiles (los enfermos y más viejos), que denomina barbarie; o bien la salida que denomina comunismo orientada a la solidaridad y cooperación de los pueblos. Me inclino por ésta última, por pensar que la situación exige a los Estados ser fuertes, a fijar precios y acceso a servicios, a controlar a los bancos y obligar a empleadores a cumplir deberes; además de determinar acciones que controlen el contagio, pero también que aseguren a las personas un mínimo de calidad de vida. Si gracias a este nuevo comunismo, las personas en Chile, por ejemplo., podrán cumplir el requerimiento sanitario de quedarse en casa, recibiendo un sueldo que les permita vivir y no endeudarse ni enfermar, ¿quién rechazaría esta solución".

¿Qué lecciones personales saca de esta crisis?

Que la idea de normalidad es una utopía y que la crisis será, posiblemente, el estado permanente de un mundo hiperconectado, hiperpoblado, hipocondríaco e hiperfrágil.

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