Mother Mary comes to me

Muchas de las canciones de los Beatles y en particular algunas de las más memorables de Paul McCartney fueron reveladas en sueños, como es el caso de "Let it be", quizá una de las últimas grandes baladas en cuanto a su composición que realizó con la banda el músico de Liverpool.



El 4 de marzo de 1966 en una entrevista para el London Evening Standard, John Lennon declaró, “el Cristianismo se irá. Desaparecerá y se encogerá. No necesito discutir sobre eso, tengo razón y voy a tener razón. Nosotros ahora somos más populares que Jesús, no sé qué se irá primero, si el rock and roll o el Cristianismo. Jesús estaba bien, pero sus discípulos eran ordinarios, son ellos los que para mí lo arruinan”. Dicha declaración no produjo muchas reacciones en Inglaterra, sin embargo, cuando un par de meses más tarde un medio estadounidense reprodujo la entrevista y llevó a su portada el “somos más populares que Jesús”, lo que provocó una molestia considerable entre los seguidores de los Beatles, al punto que su siguiente gira por territorio estadounidense se vio acompañada por protestas y disturbios.

Dos efectos mayores en la historia de los Beatles a raíz de estas declaraciones fueron, primero, que la banda dejó de realizar presentaciones en vivo y se transformó en un conjunto solo de estudio -a instancias de una solicitud de George Harrison-, y segundo, que las alusiones religiosas en sus canciones se hicieron desde ese día prácticamente inexistentes.

Hasta que en el segundo verso de “Let it be”, “Mother Mary comes to me”, volvió a aparecer.

La canción, si bien se publicó en marzo de 1970 cuando los Beatles estaban lanzando su último álbum publicado, con el mismo nombre que el tema, fue ideada por Paul McCartney durante el periodo en que, en 1968, se hallaban grabando quizá su disco más ambicioso y ecléctico, el Álbum Blanco. En aquellos días las tensiones entre los miembros del conjunto ya resultaban ostensibles y McCartney una noche soñó que su madre, Mary Patricia, se le acercaba y le susurraba simplemente “déjalo ser” (“let it be”).

El tema no era, por cierto, el primero en que McCartney se inspiraría en un sueño, otra de sus baladas, quizá la más memorable, “Yesterday”, fue compuesta, en sus elementos melódicos íntegramente durante un sueño que tuvo en la casa de su novia de ese entonces, Jane Asher, aunque al nombrarla provisoriamente, no se le ocurrió nada mejor que ponerle “Scrambled Eggs” (“Huevos revueltos”), antes de que la idea de “Yesterday” completara el cuadro.

En las interpretaciones de las auditoras y auditores de los Beatles, la “mother Mary” de “Let it be” se empezó a asignar a la Virgen María y, aunque el propio Paul rechazó esa interpretación explicando el sueño y en ocasiones, el contexto en que se dio -las disputas internas de la banda y el estrés asociado-, es importante señalar que, como ha descubierto la teoría literaria hace ya casi un siglo, el significado que atribuye a un texto su autor no tiene más importancia que aquel que le dan los lectores o lectoras. A esto se le llama la “falacia del autor”.

Mother Mary comes to me

Evidentemente la melodía que acompaña a los versos iniciales de “Let it be” resulta imperecedera y engancha emocionalmente a quien la escucha, sin embargo, en la letra se encuentra otro de sus secretos. En un artículo académico de 2016, los autores Golzadeh y Mahdipoor reparan en que McCartney en este tema hace un fuerte uso de un recurso muy querido por la poesía en inglés, la aliteración.

La aliteración corresponde a la repetición al interior de un mismo verso de sonidos similares, como, por ejemplo, en la antigua publicidad de “mejor mejora Mejoral” y, de acuerdo con Jorge Luis Borges, era muy frecuente en la literatura inglesa medieval, siendo incluso más importante que la rima.

En los primeros tres versos de “Let it be” se pueden encontrar diversas aliteraciones:

  1. “n” y “t” en: When I find myself in times of trouble
  2. “m” en: Mother Mary comes to me
  3. “w” y “z” en: Whisper words of wisdom

El efecto estético que producen estas aliteraciones es que quien oye la canción y presta atención a su letra se encuentra con una recurrencia que resulta muy agradable al oído y también eufónica.

En particular el verso “Mother Mary comes to me” con sus cuatro emes resulta intensamente recordable e hizo de este tema el penúltimo de los Beatles en alcanzar el Top 1 del ranking Billboard. Una despedida con que McCartney selló varias deudas con el pasado.

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