The Wire: el inesperado resurgimiento de una obra maestra

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En Estados Unidos se ha vuelto la serie más vista de HBO desde que partió el aislamiento social. La ficción de David Simon, que terminó en 2008, es considerada la mejor de todos los tiempos. Y, para quienes aún no la han visto, este es el momento ideal para ponerse al día: en Chile está en HBO Go.


Una noticia ligada a la otra: la revista Variety informó que el tráfico de la plataforma HBO Now creció en un 40 por ciento desde el 14 de marzo, mientras el modo maratón (ver al menos tres episodios de una misma serie) subió un 65 por ciento. La cadena, en tanto, señaló que la serie The Wire triplicó sus cifras y es la ficción más vista del último mes, por sobre otros clásicos de la misma televisora, como Los Soprano o Sex and the city.

Para dejar las cosas claras: The Wire es una gran serie de televisión. Según muchos críticos, la mejor de todos los tiempos y, de modo unánime, una de las cinco obras maestras de la ficción estadounidense, en una lista donde también están Los Soprano, Six feet under, Mad men y Breaking bad. Para quienes gustan de los rankings, algunos datos: en Filmaffinity encabeza la lista de las mejores series con una puntuación de 8,9; en Rotten Tomatoes tiene una puntuación de 94% entre los críticos y 97% de la audiencia; mientras en IMDB su puntuación es de 9,3.

Ambientada en Baltimore y centrada en diferentes aspectos de la ciudad (el tráfico de drogas, la lucha por el poder, las escuchas telefónicas e investigaciones policiales, los sindicatos portuarios, el sistema educativo, los medios de comunicación), es una serie policial que muestra de modo realista lo que pasa en las calles, con personajes de varias capas y numerosos diálogos que parecen sacados de una novela. Todo en cinco temporadas y 60 capítulos, que en Chile están disponibles en HBO Go.

The Wire

The Wire vendría siendo el Ciudadano Kane de la tele, porque marcó un antes y un después. Antes de ella, las series apostaban mayoritariamente por una estructura donde primaban los capítulos autoconclusivos, una estética más bien modesta, personajes unidimensionales y una narrativa básica y lineal. Es cierto que David Lynch, en 1991, rompió el molde con Twin Peaks, pero al tratarse de una serie de solo dos temporadas, pareció ser solo una excepción dentro del panorama estadounidense. El efecto The Wire fue como un mazo de cartas que cae uno tras otro.

HBO había estrenado Sex and the city en 1998, Los Soprano en 1999 y Six feet under en 2001, que ya habían atraído a los críticos de televisión y a una audiencia más exigente, que no encontraban en la entonces "pantalla chica" ficciones más arriesgadas. En 2002, cuando se estrenó The Wire, el lenguaje que propuso parecía más cercano al cine que a la televisión: los tiros de cámara, el abundante uso de garabatos que le otorgaban realismo (mal que mal, es sobre los bajos fondos y no una idealización) y, sobre todo, libretos donde los personajes no eran ni tan héroes ni tan villanos, lo que envalentonó a muchos creadores a proponer series más arriesgadas. Junto a la serie, HBO patenta un eslogan que aún se recuerda: "No es televisión, es HBO". Marcando una diferencia entre lo que se hacía allí respecto a otras cadenas y conformando la llamada "la edad de oro de la televisión estadounidense".

The Wire

Bajo rating, cero Emmys

¿Por qué The Wire no es tan popular como Los Soprano o Breaking bad? Quizás el pertenecer al género policial provoca resquemores: alguien podría creer que era C.S.I. o La ley y el orden. Y claramente no lo es. Su apuesta por una trama coral, sin un protagonista, también descolocó en su momento a la audiencia y seguramente lo sigue haciendo, además de no tener cliffhangers en el final de cada capítulo y de no resolver los casos en un capítulo ni en dos y, muchas veces, nunca, lo que puede resultar frustrante para algunos. Su dureza y modo de narrar, con escenas más largas de lo habitual, exigen compromiso del televidente (no confundir escenas profundas con aburrimiento, porque no lo es) y la ausencia de una trasfondo "edificante" seguramente ahuyentó a muchos.

De hecho, entre 2002 y 2008 —los años en que se emitió— la serie tuvo un bajísimo rating: varias temporadas tuvieron menos de un millón de televidentes y solo unos pocos capítulos rozaron los cuatro millones. Muy lejos de los 18 millones de espectadores que conseguía Los Soprano en esos mismos años. HBO estuvo a punto de cancelarla en su cuarta temporada, pero una masa fiel de seguidores los hizo mantenerla por un ciclo más.

La crítica estadounidense se rindió a sus pies, pero no fue suficiente para que los premios Emmy la reconocieran. The Wire solo tuvo dos nominaciones, por dos de sus guiones, y los perdió. Una vergüenza que se suele recordar cada vez los premios de la academia de TV no otorga un galardón a alguien que lo merece.

Sin premios ni alta audiencia, es un milagro que The Wire tuviera cinco temporadas. Su mito comenzó a crecer tras su fin. Primero, cuando salió en DVD y luego, cuando las listas de mejores series comenzaron a ubicarla en el tope, por sobre otras más conocidas. Doce años después, la ficción tiene al aislamiento social como aliado para su resurrección. ¿Por qué vale la pena verla?

The Wire

Reparto de lujo

Uno mira The Wire y a ratos duda de que se trate de una ficción. Sus escenas y libretos se asemejan tanto a la realidad, que más parece un documental sobre Baltimore, la ciudad con más alta tasa de homicidios en Estados Unidos. Baltimore, para quienes no hayan visto la serie, es la protagonista de la historia. Porque hay personajes que toman la batuta y luego pasan a un segundo plano. Así pasa con al menos una docena de semi protagonistas, que son relegados por una ciudad que brilla dentro de su oscuridad.

Otro factor importante es el reparto. Se mezclan actores sólidos con otros que tenían escasa o nula experiencia, y que terminaron representándose en pantalla con un nivel de complejidad abrumadora. Así, hay un puñado de personajes sobresalientes: Stringer Bell (Idris Elba antes de la fama), un mafioso de barrio temible y calculador, a la vez que un tipo culto, carismático y que consigue de particular modo el "sueño americano"; Omar Little (Michael K. Williams), un ladrón de particulares códigos éticos, homosexual y al que muchos temen cuando se aparece silbando una canción infantil con una escopeta en su mano; Lester Freamon (Clarke Peters), el detective más inteligente de la serie, un lobo solitario que es un problema para los políticos corruptos; Bubbles (Andre Royo), el mendigo drogadicto con la peor de las suertes; "Bunk" (Wendell Pierce), el detective de homicidios que es el costado gracioso y sentimental de la serie; y Jimmy McNulty (Dominic West), lo más cercano a un "protagonista" de la ficción, el detective que es el motor de partida y que tiene numerosos grandes momentos. La lista podría seguir.

The Wire también fue capaz de renovarse en cada temporada, así como lo hacía en su canción de créditos ("Way down in the hole", de Tom Waits), que va cambiando de versión en cada ciclo. En la primer temporada, la historia se centra en el departamento de policía de Baltimore y en una organización de tráfico de drogas que comanda la familia Barksdale. Un integrante del clan es absuelto de asesinato y el detective McNulty investiga por qué el testigo clave ha cambiado su versión, mientras siguen sucediendo asesinatos sin resolver. El segundo ciclo se enfoca en los estibadores del puerto, en la población más pobre, mientras los Barksdale mantienen el control del tráfico de drogas y Stringer Bell comienza a ganar más poder. La tercera entrega, en tanto, tiene como protagonistas a la clase política, en muchos casos corrupta, y la intención de legalizar las drogas y la prostitución. La cuarta temporada, que tiene el consenso mayoritario de ser la mejor de todas, tiene como protagonista al sistema escolar y a cuatro niños del oeste de Baltimore que lidian con el tráfico y la violencia, con varias de las mejores escenas de The Wire; mientras el quinto ciclo y final está centrada en los medios de comunicación, en una suerte de representación ficticia del The Baltimore Sun, el diario donde trabajaba el creador y guionista de la serie, David Simon.

David Simon

El genio de Simon

Desde hace dos décadas David Simon tiene contrato con HBO. Es la credencial más preciada de la cadena televisiva, porque cuando hablamos de Simon, estamos hablando de uno de los hombres más respetados de la industria televisiva. En una suerte de genio y figura.

Periodista de profesión, escritor de varios libros, opinante activo en Twitter, crítico del oficialismo estadounidense, David Simon es el padre de The Wire y su carrera no ha sido tan prolífica, pero sí muy decidora: la miniserie Generation kill, una muy aguda y violenta mirada a la guerra de Irak, en una historia coral de personajes mayoritariamente mediocres; Treme, su otra obra maestra, nuevamente coral, sobre un grupo de personas en Nueva Orleans tras el Huracán Katrina, que es visualmente impactante, que tiene una banda sonora de lujo y una historia potente y humana; Show me a hero, una historia de segregación, donde la orden de construir 200 viviendas sociales en una zona de clase media y mayoría raza blanca se oponen, mientras un inexperto concejal demócrata (Oscar Isaac) termina ganando la alcaldía; The Deuce, donde por primera vez hay un protagonista en una serie de Simon (James Franco, interpretando dos roles), sobre la industria de la pornografía y que tiene a Maggie Gyllenhall en una actuación extraordinaria; y la recién estrenada La conjura contra América, basada en la novela del mismo nombre de Philip Roth, sobre una historia de terror: imaginar qué hubiese pasado si en 1940 hubiesen elegido a Charles Lindbergh como presidente de EE.UU., un hombre de ideas conservadoras, antisemita y que postulaba negociar un acuerdo cordial con Hitler, lo que habría cambiado la historia.

The Wire

En todas sus serie, Simon le imprime los temas que más le fascinan: el lado oscuro del "sueño americano". Aunque, en el caso de The Wire, lo personal fue más allá, porque la historia se inspira mucho en sus propias vivencias como reportero de crónica roja en Baltimore, donde conoció a policías y traficantes (para los más fans de la serie, lean la biblia de 79 páginas de The Wire, que recoge el esqueleto que presentó Simon a HBO.

"Si a todo el mundo le gusta tu serie, es que algo has hecho mal", es una de las frases célebres que ha dicho Simon. "Es una serie para los que se quedan", dijo sobre The Wire y la complejidad de mantenerse más allá del tercer capítulo. "Soy un pésimo ejemplo de cómo crear una serie de éxito", ha dicho cuando le preguntan por la baja sintonía de sus producciones. Y "qué se joda el espectador promedio", su más famosa, cuando le preguntan por qué no hace ficciones más masivas.

“No sé qué pensar, porque no he visto suficientes series de televisión como para poder juzgar”, dijo en una entrevista cuando le consultaron cómo se sentía cuando declaraban a The Wire como la mejor serie de todos los tiempos. “Sí sé que ahí afuera hay series por lo menos igual de buenas que The Wire. No soy un gran consumidor de televisión y hay muchas series que no conozco, así que probablemente sea el peor juez para decir sí realmente es la mejor o no de la historia. Y no lo digo por falsa modestia”, agregó.

Pero no hace falta que él lo diga. Desde hace más de una década ese título se ha ido convirtiendo en consenso.

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