Antonia Zegers: “La Jauría mira una grieta sangrienta de nuestra realidad pero no evangeliza”

En la ficción que se estrena este viernes, Zegers interpreta a la comisario Olivia Fernández. Fotos: Amazon

La actriz protagoniza la serie chilena que se estrena este viernes en Amazon, inspirada en el caso La Manada y en los movimientos feministas.


Antonia Zegers cuenta que en algún punto sintió temor. Miedo asociado a lo que revela La jauría, su nueva serie. Enfocado en la desaparición de una menor de edad en el sector oriente de Santiago, en medio de una toma feminista en un colegio, el thriller se aproxima al grooming, al abuso sexual y a las dinámicas actuales entre adolescentes.

“Mi personaje tiene un camino bastante crudo de cómo le explota en la cara, en su intimidad, el tema en el que se está metiendo. Y eso es muy brutal. También como mujer, como mamá, me daba mucho miedo eso de nuestros tiempos. La tecnología desatada y ese descampado valórico al que se enfrentan los niños”, plantea.

En otro plano la serie producida por Fábula que se estrena este viernes en Amazon Prime Video también fue el cumplimiento de un anhelo. “Siempre tuve como un deseo oculto de ser una policía muy fuerte, muy inteligente”, señala citando dos de las grandes producciones policiales de los últimos años: The killing y The fall. “Esas series con protagónicos de policías mujeres. Yo decía: ‘Oh, qué entretenido hacer eso’. Y me llegó el regalo”, relata.

“Fue un proyecto muy desafiante y también muy cansador, donde se puso cuerpo, se puso intensidad, y la verdad es que cuando vi el resultado me dio mucho gusto haber puesto tanto. Quedé muy orgullosa de lo que hicimos”, asegura sobre la ficción dirigida por la argentina Lucía Puenzo, junto a los realizadores Sergio Castro, Marialy Rivas y Nicolás Puenzo.

En la historia que arriba al streaming, la comisario Olivia Fernández -su personaje- vuelve a trabajar con su dupla habitual (María Gracia Omegna), pero además el caso las lleva a aliarse con Elisa Murillo (Daniela Vega), una policía de otra unidad. Juntas se internan en un adrenalínico laberinto de ocho capítulos, que años atrás comenzó inspirado en las adopciones ilegales del cura Gerardo Joannon y terminó integrando los movimientos feministas y el caso de violación de La Manada, ocurrido en España en julio de 2016.

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La jauría. Foto: Sergio Castro

¿Qué le parece la mirada de la serie sobre estos temas tan actuales?

Es un policial que está visto desde el punto de vista de quienes tratan de resolver un caso de misoginia muy fuerte, muy violento, pero en un colegio. Creo que el hecho de que sea en un colegio es un elemento muy importante. Cuando uno ve que ahí se empieza a armar esa misoginia, ese desprecio, uno dice “claro, todo parte cuando son chicos”. Los problemas de después, como los femicidios, parten cuando somos chicos. Por otro lado también es interesante ver que en ese colegio hay un grupo feminista. Las mujeres tenemos el verbo para decir cómo se llaman las cosas, para hablar de abuso, y eso también es algo nuevo. Y es algo que es luminoso. Aunque estemos hablando de una historia muy compleja y trágica, también hay un punto de luz, que es que un grupo de mujeres de 17 años para un colegio y dice “esto no puede ser”. Cuando yo tenía 17 años esas cosas no tenían nombre. Todas ocurrían y no tenían nombre.

¿Cuál cree que puede ser la resonancia que llegue tener la serie?

Creo que manejar impactos desde la génesis de un proyecto es súper desconectado de generar un proyecto auténtico, original, personal. Como decía el subcomandante Marcos, “hemos venido a traerles un problema y a invitarlos a cargar con él”. Es una invitación a ser parte de esto y que te pase lo que te pase. Pero lo que sí creo, y esto me pasó genuinamente, es que de verdad me parece un trabajo muy bien logrado en el género, porque es muy adictiva.

¿Le parece que es una serie de mirada feminista?

Yo creo que es una serie que toma al movimiento feminista, ese pedazo de la realidad, y lo trae a la ficción. Pero es una serie que igual instala el diálogo entre géneros. No siento que esté dando cátedra ni moralizando al respecto. Todo lo contrario, mira la realidad, mira una grieta quizás sangrienta de nuestra realidad, pero te la expone, no evangeliza al respecto y por eso me parece muy atractiva.

Cuando le ofrecen el papel, siempre fue con la idea que no era para una sola temporada, ¿no?

No sé, pero es un proyecto no solo de una temporada. De hecho, estamos esperando para empezar a filmar la segunda, que ya deberíamos haber estado filmando y nos detuvo la pandemia.

Entiendo que junto Daniela Vega y María Gracia Omegna pasaron por un entrenamiento.

Yo boxeo con Sensei Farías hace varios años, y después Werner (Schurmann, encargado de la supervisión de secuencias de acción) nos hizo un entrenamiento fuerte de peleas. En todo el trabajo previo siempre estoy buscando cosas para mi personaje y ahí se me ocurrió que tenía que ser experta en llaves. Aunque no se ocupara en la serie, queda en ese espesor que le vas dando a cualquier escena. También nos entrenamos en la PDI, nos enseñaron a disparar. Fueron muy generosas, un grupo grande de mujeres con las que conversamos y nos asesoraron. Las protagonistas somos tres mujeres policías, entonces también había que ver cómo se habita ese espacio en un mundo que durante muchos años estuvo reservado solo para los hombres.

En la serie Dignidad (inspirada en Colonia Dignidad, emitida por HBO en parte de Europa y por Mega en Chile), otro proyecto que hizo el año pasado, también es una PDI. ¿Le ayudó algo de la preparación de La jauría en ese otro rol?

Yo ya estaba arriba de la pelota con las pistolas en ese momento, pero Dignidad era un proyecto completamente distinto. Era una policía de mucho más bajo rango, en provincia, de época, Parral, 1998, todo más pequeño. Era bonito porque era muy distinto en realidad. Lo que sí me sirvió fue saber cómo manejarme con los términos y con las pistolas.

La jauría es en rigor la primera serie chilena del streaming. ¿Qué le parece este salto hacia lo internacional y lo que hoy está en alza?

Estas nuevas alianzas que se están dando tienen una doble riqueza, que no es solo levantar los fondos que el proyecto necesita, sino que al tener coproductores de otros países, a Amazon revisando el montaje de La jauría y que diga “ya, me interesa esto”, uno empieza a hacer trabajos que son más universales, que interpelan a más gente, que no están atrapados entre la cordillera y el mar, sino que son temáticas que nos atraviesan como seres humanos, como las miles de películas o series que todos consumimos que son hechas en otros lugares. Eso nutre y le hace muy bien a la ficción.

¿Cuál es su opinión respecto a lo que vive hoy el sector audiovisual, así como el teatro?

Es muy complejo. Hoy día nos enfrentamos a lo que uno siempre tuvo miedo que ocurriera, que es que todo se detenga, ¿y en qué condición quedamos los artistas en Chile? Con una mano por delante y la otra por detrás. La verdad es que nosotros no tenemos contrato de trabajo, no tenemos seguridad social de ningún tipo. Y claro, si todo se detiene, quedamos como ciudadanos… No estamos en ningún plan de ningún tipo, ni en los que había antes, ni en las medidas que se están tomando de apoyo a los distintos sectores que se han visto muy afectados con la pandemia. Nosotros no figuramos. Y es muy loco porque han salido muchas como reflexiones al respecto de qué sería de esta pandemia sin ficción, sin películas, sin música, qué sería de todo esto sin arte. Y estamos completamente relegados en la estructura social, completamente.

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