La guerra de Secesión en tiempos de Black Lives Matter

La editorial independiente nacional La Pollera acaba de lanzar Cuentos de la guerra civil. Una colección de 14 relatos breves del escritor estadounidense Ambrose Bierce, quien participó del conflicto. Realistas y originales, a medio camino entre la ficción y la memoria, supuso un desafío de traducción.


La vida a veces pone un lanzamiento de un artefacto cultural en una situación para la cual no estaba pensado, pero que el contexto termina por darle un total sentido. Tras el asesinato del afroamericano George Floyd a manos de un policía de Minneapolis, se volvió a poner en el tapete un tema que en Estados Unidos es una herida abierta, el racismo. Todo se resumió en un lema que se lanzó como una canción desesperada: “Black Lives Matter” (“Las vidas negras importan”).

Uno de los episodios históricos que más ha marcado este problema en el país del norte fue la guerra civil de Secesión (1861-1865), donde una de sus causas fue justamente la relación con los afroamericanos. Aunque en rigor, la sociedad estadounidense ya venía dividida desde al menos cuatro o cinco décadas anteriores.

La razón, según explica el libro Historia de los Estados Unidos (editado por Captivating History, 2020) fue que “muchos americanos abrazaron un concepto de cristianismo que renunciaba al comercio de esclavos, por tratarse de una práctica contraria a la voluntad de Dios”.

Esto acarreó una tensión entre los estados del norte y del sur que terminó por estallar. “La mayoría de los estados del norte habían prohibido por completo tanto el comercio como la posesión de esclavos. Sin embargo, los estados sureños defendían la esclavitud a ultranza, tanto por sus aspectos comerciales como por el hecho de que aportaba una mano de obra muy barata para la recolección del algodón, el tabaco y la caña de azúcar”, señala el mencionado texto.

En Chile, la editorial independiente La Pollera acaba de editar Cuentos de la guerra civil. Una colección de 14 relatos breves del escritor estadounidense Ambrose Bierce, quien participó del conflicto enrolándose en 1861 en el 9º Regimiento de Voluntarios de Infantería de Indiana, es decir peleó en el bando del norte. La Unión.

En estos relatos, escritos en clave realista, Bierce da cuenta de varios eventos que ocurrieron en la guerra. Padres e hijos peleando en bandos opuestos; espías de la Unión capturados por los confederados, y espías confederados atrapados por los norteños; por supuesto, batallas y también gente civil que de alguna forma contribuía a la causa que le simpatizaba.

El editor Nicolás Leyton, cuenta a Culto por qué decidieron en su editorial poner en circulación este libro. “Nos pareció una propuesta atractiva de un autor que para muchos es de culto como Bierce, pero al que conocemos principalmente por el Diccionario del Diablo. Estos relatos, en cambio, se arman desde un contexto histórico (la guerra) que los hace muy entretenidos de leer, son relatos ágiles y mordaces, pero que también muestran una reflexión crítica en torno a la guerra, al rol del soldado y de los hombres que son marionetas de fuerzas superiores a él”.

A cargo de la traducción estuvo el escritor Nicolás Medina, quien señala que no fue una tarea sencilla. “Sobre todo tratándose de textos con giros idiomáticos, expresiones de argot, prosas poéticas y descripciones específicas de objetos o particularidades geográficas”, cuenta Medina.

Los cuentos, como solía hacerse en la narrativa del siglo XIX, están llenos de imágenes. Eso le trajo dificultades a Medina. “Los libros previos a la irrupción cinematográfica (o incluso fotográfica) debían describirlo todo: el paisaje terrestre, el cielo como telón de fondo, la complexión de los personajes, sus vestimentas, los muebles de una estancia, las armas, en fin. Por ello, dichos textos tienden a ser exuberantes y detallistas, casi topográficos”.

- Este libro está a medio camino entre la ficción y la memoria, ¿cuál dirías que es la principal virtud de estos cuentos?

Leyton: Que son ágiles, entretenidos y a la vez de una profundidad reflexiva y crítica muy interesante. Leer a autores del siglo XIX tiene también una añadidura de ritmo de lectura muy rica que la literatura contemporánea, tan fragmentada, nos ha ido quitando. Son cuentos que se leen y se disfrutan, donde el arte no solo está puesto en la peripecia narrativa, sino en lo que se cuenta y cómo se cuenta. Y ahí, la traducción de Nicolás Medina es un aporte al respetar y también al potenciar la prosa de Bierce.

Medina: La gran virtud de estos relatos, aparte de su valor literario, consiste en trasportarnos a esa época y exponernos la guerra con todas sus magnitudes de absurdo, brutalidad y sufrimiento, sin adornos épicos, sin moralinas impostadas. Sirve como una advertencia. Yo veo a Bierce como a un pacifista involuntario. Sus relatos destilan, además, impresiones imperantes en la época, prejuicios, cosmovisiones. Creo que esa honestidad amarga de Bierce debe valorarse, aún más allá de su indiscutible talento como narrador.

Amborse Bierce.

El racismo y la guerra

Cuentos de la guerra civil apareció en un contexto donde los artefactos culturales se han cuestionado. No hay que olvidar la polémica con la clásica película Lo que el viento se llevó (1939), que obligó a la plataforma HBO Max, primero a retirarla, y luego a reponerla junto a un video que la contextualiza.

Consultado si acaso esta discusión sobre el racismo ha ayudado a generar un interés por el libro, Leyton responde: “Personalmente me cuestan las críticas extemporáneas a las obras de arte. En ese sentido, pensar que este libro es una especie de reivindicación o vuelta a visitar el tema del racismo en EEUU me parece que no es correcto. Sin embargo, es una interesante mirada crítica a las luchas de poder históricas que han sido el caldo de cultivo de problemas que podemos ver hasta el día de hoy”.

No obstante, el tema del racismo y la esclavitud negra no se aborda de manera explícita en los cuentos, más bien se enfocan en episodios del conflicto mismo, en la acción. En personajes que ven alteradas sus vidas de alguna forma debido a la devastación de la guerra. Esto es lo que Leyton rescata del volumen.

“Este libro devela una condición de las sociedades humanas y es la lucha de poderes entre los sujetos que establecen dominio y fuerza, sobre otros subalternos –sostiene Leyton–. No sé si la construcción sobre el racismo es evidente acá, pero sí es la misma lucha de poderes la que entra en juego. Ahí, los soldados son todos hombres comunes y corrientes que están a la merced de sus superiores y que encuentran humanidad incluso en el soldado enemigo, en el que está en las mismas que él”.

Para Medina, el hecho de que la esclavitud no aparezca de forma explícita en los cuentos es lo que le da valor a los relatos de Bierce. “Contribuye precisamente por esa omisión. El no tocar las aristas del racismo evidencia una fractura en el discurso oficial de los orígenes de esta guerra, que tuvo, como casi todas las guerras, antecedentes económicos”.

“Bierce no devela ningún cuestionamiento o crítica expresa al sistema esclavista, a la posición inferior del negro en la sociedad norteamericana, pero tampoco enarbola un discurso moralista ni pretende loar las virtudes humanitarias del Norte por sobre el Sur”, añade Medina.

Medina también se da el tiempo de rescatar otro rasgo de los cuentos de Bierce: “Aporta con su lucidez oscura, que rechaza la idea de heroísmo barato y se ríe con ganas del concepto de ‘gloria bélica’. Me parece que esa franqueza es el primer paso para analizar críticamente los mitos y enfrentar, luego, los presupuestos ridículos y ficticios de cualquier discurso xenófobo o racista”.

- De todos los cuentos, ¿cuál es tu favorito?

-“Chickamauga”. Por lejos y con el perdón de los otros relatos que integran esta antología. Los demás son notables y destilan todas las virtudes de Bierce. Pero “Chickamauga” me dejó literalmente boquiabierto, suspirando, con las manos tiesas frente al teclado después de traducir las últimas veinte palabras del cuento. Es una lección magistral de construcción narrativa y poética, creatividad y suspenso. Una verdadera obra maestra.

La mención no es azarosa. “Chickamauga” hace referencia a una de las batallas más sangrientas del conflicto, que ocurrió en septiembre de 1863, en dicha localidad ubicada en el estado de Georgia, dejando un saldo de 34 mil muertos. Fue una victoria confederada que Bierce pone en la mirada de un niño, quien ve cómo su vida, ligada a jugar en los bosques, de pronto se ve trastocada de manera dramática.

Una representación de la batalla de Chickamauga.

Tras la guerra, Ambrose Bierce siguió un tiempo ligado al ejército de los Estados Unidos, al que renunció en 1871, diez años después de haberse enrolado. Ese mismo año se casó con Mary Ellen Day, con quien tuvo tres hijos, y acaso empujado por las ganas de contar historias, inició una carrera como periodista en la costa Oeste. Así, su pluma estuvo en los matutinos de San Francisco The Argonaut, The Overland Monthly y New Letters.

Porsteriormente, se fue a vivir a Londres con su esposa, donde inició su carrera literaria, con la publicación en revistas de sus primeros relatos cortos. Volvió en 1875 donde se convirtió en columnista y editor del periódico San Francisco Examiner.

Pero su matrimonio terminó en 1888. Ello supuso el comienzo de su desencanto con la vida. Luego recibió un golpe peor: la muerte de dos de sus hijos.

Sin nada más que perder, y movido por su espíritu aventurero y de escritor, en 1913, con 71 años viajó a México, donde se estaba desarrollando la revolución. Su objetivo era conocer al célebre Doroteo Arango, o más conocido para la posteridad como Pancho Villa, “el Centauro del Norte”.

Nunca más se le volvió a ver con vida. Diversas versiones coinciden en que pudo haber fallecido en México, en 1914, pero sin claridad sobre las causas.

Nicolás Leyton cuenta que el libro Cuentos de la guerra civil ha tenido una muy buena recepción en el público lector chileno.

“Bierce es un autor de culto y la gente así lo ha demostrado. Ha sido interesante ver cómo se abre una nueva visión de este autor, al que la mayoría reconoce por el Diccionario del Diablo, potenciando su dimensión de aventurero y soldado. Los lectores han agradecido la posibilidad de encontrarse con estos relatos, tanto por lo ‘entretenido’ como por lo profundo y contingente de la reflexión que suscita”.

El volumen se encuentra disponible en librerías de manera online, y con despacho incluido en el sitio web de la editorial.

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