Quién quiere vivir para siempre: lo que hay tras las últimas fotos de Freddie Mercury

Sonriente en el jardín de su residencia en Garden Lodge, la voz de Queen fue retratado por su pareja -Jim Hutton- quien lo acompañó hasta su muerte en noviembre de 1991. Su última aparición pública fue en los Brit Awards de 1990, ceremonia en la que ya se veían los efectos de la enfermedad que lo aquejaba, y su legado musical concluyó con el videoclip de “These are the days of our lives” (1991) y el póstumo Made in Heaven (1995).


Cuesta identificar a quien fuera la voz de Queen, dueño del escenario y líder de masas con un sencillo “eeeeeeeeooo” interpretado a todo pulmón en Wembley. La figura fornida de Freddie Mercury y su rostro decorado con un bigote, ya no es tal en las que fueron sus últimas fotografías.

En medio de las flores y el pasto de Garden Lodge -su residencia en Londres-, Mercury (44) viste un pantalón color celeste a la altura de la cintura, una camisa tipo guayabera -que evidencian una baja de peso importante- y un rostro sin bigote. Sonríe a la distancia en una colorida imagen capturada por Jim Hutton, su pareja durante sus últimos seis años de vida.

Fue alrededor de las Pascuas de 1987 que a Mercury le diagnosticaron que padecía Sida. En ese entonces, decidió dos cosas: hacer la mayor cantidad de música que su salud le permitiera y decirle a Jim Hutton que lo dejara. “Te quiero, Freddie. No voy a ir a ningún sitio”, le dijo Hutton según registra su libro Mercury and me publicado en 1995.

Los últimos dos años fueron los más difíciles. Ya en febrero de 1990, en los Brit Awards de aquel año, se evidenciaba el deterioro físico de quien siempre brilló con su presencia y deslumbraba al interpretar las primera notas.

Silencioso, en un traje celeste y de tez pálida, se resguardó en sus compañeros de Queen -Brian May, Roger Taylor y John Deacon- al momento de recibir el galardón por “Destacada contribución a la música británica”. Mercury solo se acercó al micrófono para decir “Gracias”.

Cerca de un año después, en mayo de 1991, se registró la participación final de Mercury en una videoclip de Queen. Con grandes cantidades de maquillaje y un rodaje en blanco y negro, el artista originario de Zanzíbar hacía su última reverencia al público.

Aquel verano fue el último de Freddie Mercury, y fue registrado con dos fotografías -de agosto del 91′- por Jim Hutton junto a su gato Oscar, uno de los diez felinos que el cantautor tuvo a lo largo de su vida: Dorothy, Tiffany, Tom, Jerry, Delilah, Goliath, Lily, Miko y Romeo.

Según reveló Peter Freestone -asistente personal de Mercury- seis de aquellos gatos, Mary Austin y Jim Hutton lo acompañaron hasta sus últimos días de vida.

“Una vez le pregunté por qué, de todas las personas del mundo que podía haber tenido me había elegido a mí para pasar los últimos momentos de su vida. Me miró y me dijo: ‘Luchaste por mí, me ganaste’. Freddie fue el mayor amor de mi vida y sé que nunca volveré a amar así”, reveló Jim Hutton en Mercury and me.

Curiosamente, y como se ha dado en innumerables historias de amor, Hutton registra en aquel libro que la primera vez que se vieron, él rechazó al hombre de “Bohemian Rhapsody”.

“John Alexander, mi novio por aquel entonces, fue al baño y un tipo aprovechó para coquetear conmigo. Yo tenía 34 años y él un poco más. Estaba vestido informalmente con jeans y un chaleco blanco y, como yo, tenía bigote. Él era delgado y no el tipo de hombre que yo encontraba atractivo. Prefería los hombres más grandes y toscos. ‘Te invito a una copa’, me dijo. Yo tenía mi cerveza casi llena y le dije: ‘No, gracias’. Después me preguntó qué haría esa noche. ‘Sería mejor que le preguntaras a mi novio’, le respondí”, recordó Hutton.

Cuando John volvió del baño, Jim le contó el intento de coqueteo y al indicar quién de los presentes en el club se aproximó a él, su novio no contuvo la emoción. “‘¡Ese es Freddie Mercury!‘, dijo John. Algo que para mí no significó nada porque nunca estuve al día en la música y no había oído hablar de Queen. John, por su parte, se sintió halagado porque un cantante famoso se interesó en ‘su chico’”, afirmó Hutton.

Dos años después -en 1986- se encontraron nuevamente en un club nocturno. En ese entonces, Jim Hutton estaba soltero y decidió aceptar la invitación de Mercury para salir a cenar. Desde aquella comida, no se volvieron a separar.

A su muerte el 24 de noviembre de 1991 -un día después que su mánager, Jim Beach, enviara un comunicado a los medios confirmando que padecía Sida-, Mercury heredó 560.000 euros a Hutton, dejó su mansión, sus derechos de autor y la misión de resguardar sus restos a Mary Austin, y también se aseguró de que sus gatos recibieron los cuidados necesarios tras su muerte.

“Freddie me dijo que, cuando muriera, quería que se lo llevaran de inmediato. Quería que todo se acabara cuanto antes, con el mínimo alboroto posible. A él le habría gustado que lo incineraran el mismo día de su muerte para acabar de una vez con todo y que todo el mundo pudiera volver a la normalidad”, reveló Hutton en Freddie Mercury: la biografía definitiva, una investigación de Lesley Ann-Jones.

Tras el deceso de Mercury, la heredera de la mansión le pidió a Jim Hutton, Peter Freestone, su chofer -Terry Giddings- y su chef -Joe Fanelli- que dejaran la residencia. Hutton decidió volver a su natal Irlanda y registrar en papel sus años junto a su amor. Mercury and me fue publicado en 1995 -mismo año del póstumo Made in Heaven-, y falleció en 2010 producto de un cáncer a los 61 años.

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