Adiós al guitarrista Julian Bream: el más grande de la segunda mitad del siglo XX

El legendario guitarrista Julian Bream (1933-2020) murió el viernes 14 de agosto, a los 87 años. Deja un enorme legado: fue el más grande de la segunda semana del siglo XX, y también una figura del laúd.

Solamente Andrés Segovia, su antecesor, brilló tanto como este músico inglés que falleció esta mañana, a los 87 años. Además de ser un intérprete excepcional, contribuyó a la generación de un repertorio que es abundante y, al mismo tiempo, de inmenso valor artístico. Sus colegas chilenos analizan su legado.



Era el más grande guitarrista vivo. Sin él, la guitarra no ocuparía el lugar que hoy tiene dentro de la música clásica. Julian Bream tenía 87 años y falleció el jueves 14 de agosto, en la mañana, en su casa campestre, en el sur de Inglaterra.

“Hay cientos de excelentes guitarristas en el mundo, pero va a ser difícil que aparezca otro de su dimensión. Basta escuchar cuatro notas para identificar a Julian Bream”, asevera Óscar Ohlsen, guitarrista y ex profesor del Instituto de Música UC, que produjo y condujo por 29 años el legendario programa Guitarra en Radio Beethoven.

Coincide en su juicio el guitarrista Luis Orlandini, profesor de las universidades de Chile y Católica: “Fue un referente enorme en el siglo XX porque tenía una calidad expresiva muy grande, una gran profundidad y un sonido característico, además de profundidad en la interpretación y un fraseo maravilloso en la música”.

Ohlsen destaca que el inglés no sólo fue un intérprete excepcional, “sino que además hizo una tremenda labor incentivando a los más grandes compositores de la segunda mitad del Siglo XX a componer para la guitarra, logrando crear el mejor repertorio que se ha escrito para el instrumento hasta el día de hoy”.

A diferencia de Andrés Segovia, que fue la gran figura de la primera mitad del siglo pasado, aclara Ohlsen, “Bream inaugura un nuevo enfoque porque es un guitarrista universal, no personalista. Fue, por cierto, un gran intérprete de Isaac Albéniz, Enrique Granados y Joaquín Rodrigo, abordó la música neoclásica, pero además fue el primer guitarrista en incentivar la guitarra contemporánea, la música de vanguardia”.

Los ejemplos de obras escritas para él por grandes compositores son abundantes, y todas ellas son hitos del repertorio, entre otras, Nocturnal de Benjamin Britten; The Blue Guitar, de Michael Tippett; Royal Winter Music de Hans Werner Henze, y Five Bagatelles de William Walton. Se suman piezas en el formato de Concierto para guitarra y orquesta que le dedicaron figuras como Leo Brouwer, Malcolm Arnold y Lennox Berkeley.

2oth Century Guitar (1967) es un disco de referencia de Julian Bream. Incluye las obras cumbre El Polifemo de Oro, de Reginald Smith Brindle; Nocturnal, de Benjamin Britten, Cuatro Piezas Breves, de Frank Martin; Drei Tentos, de Hans Werner Henze, y dos Estudios de Heitor Villa-Lobos.

“La guitarra fue un instrumento minusvalorado a principios de siglo pasado, y Julian Bream fue una de las personas que lo llevó a la sala de conciertos a la par con el violín, el piano y el canto, sin ninguna objeción, por su calidad, por su nivel, y por el aporte que hacía justamente con un repertorio propio, que ya no eran solamente transcripciones, como se hacía antes”, enfatiza Orlandini.

Igualmente, destaca, gracias a su trabajo como dúo de guitarras con John Williams, hace renacer esta formación que había pasado al olvido. “Eran dos estrellas, muy distintas que juntas, supieron hacer música de una manera magistral”, apunta.

Amante del jazz y renovador de la música antigua

Julian Bream fue un niño prodigio; estudió becado en el Royal College of Music y a los 13 años dio su primer recital. Su padre tocaba jazz con una guitarra eléctrica que él mismo se había fabricado. La afición por el género la heredó su hijo, quien incluso bautizó a su perro como Django Reinhardt, a quien consideraba “un héroe”.

Otra pasión de Bream fue la música antigua: apenas vio por primera vez un laúd, en la calle, cuando era adolescente, lo compró y aprendió a tocarlo en paralelo a la guitarra, y se convirtió en un agente clave del renacimiento, en el siglo XX, de ese instrumento. Rescató una serie de canciones isabelinas, que interpretó profusamente con el no menos legendario barítono Peter Pears en los años 60, y promovió el uso de instrumentos históricos en la música antigua con su Julian Bream Consort.

Julian Bream 70's (1972) es otro álbum muy influyentes del guitarrista inglés. Incluye las Five Bagatelles de William Walton y obras de Richard Rodney Bennett y Lennox Berkeley.

Su discografía para RCA y EMI es tan extensa, que la última antología que se le hizo incluía 40 cd. “Durante mucho tiempo grababa un álbum al año”, asegura Óscar Ohlsen. A su juicio, dos discos son fundamentales: 20th Century Guitar (1967) y Julian Bream ’70s (1972). Ambos incluyen obras cumbres que en su momento fueron una revelación para los jóvenes guitarristas de todo el mundo. En el primero, por ejemplo, estaba Cuatro Piezas Breves de Frank Martin, una obra que había estado guardada en la biblioteca de Andrés Segovia, que no se había tocado nunca y es una de las mejores piezas para guitarra del siglo XX”, dice Ohlsen.

Para Luis Orlandini, las grabaciones de música española de Bream “son tremendamente estimulantes; tanto el Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo, como todo lo que hizo con Isaac Abéniz y Manuel de Falla”.

Este álbum de 1975 reúne a Julian Bream y la Orquesta Monteverdi, con la dirección de John Eliot Gardiner, en el Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo, y el Concierto para guitarra de Lennonx Berkeley.

José Antonio Escobar, guitarrista que graba con Naxos, y profesor de la U. Mayor, es enfático: “Julian Bream fue, sin duda, el guitarrista más importante de la segunda mitad del siglo XX. Para los guitarristas siempre fue un héroe. Sus grabaciones nos entusiasmaron para dedicarnos a esto y hacerlo lo mejor posible, siguiendo su senda”.

Asegura, además, que él “destacaría la calidad sobre la cantidad. Desde muy joven, Bream se preocupó de elegir con pinzas a compositores y siempre tuvo muy buen gusto. Las obras que le escribieron figuras como Britten, Walton y Henze son de tal calidad que nos ponen a la par de cualquier otro instrumento importante de la música clásica”.

Escobar cuenta una anécdota que visualiza el tesón del instrumentista inglés para conseguir nuevo repertorio. “Lo intentó incluso con Igor Stravinsky, quien había manifestado públicamente que le gustaba mucho el laúd. Entonces Bream va a un ensayo y le tocó una obra. Stravinsky le dice ‘Sí, me gustaría escribir algo, pero cuándo’. No lograron acordar algo, Stravinsky era muy mayor y Bream era demasiado joven”, revela Escobar.

Tras décadas de una reconocida y fructífera carrera, Julian Bream dejó de tocar en el año 2002. “Sufrió una caída, en su casa, porque se le atravesó el perro de un vecino, y tuvo múltiples fracturas. Pero él tenía mucho sentido de humor, decía ‘No es tan terrible dejar de tocar, pero lo que me enoja un poco es que ahora sé más de música y soy mejor músico que lo que era hace 20 años, pero ya no lo puedo demostrar”, recuerda Óscar Ohlsen.

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