Perseguidos hasta la cocina: The Beatles y la frenética grabación de “She loves you”

Una horda de fanáticas adolescentes invadió las instalaciones de los estudios EMI, en Abbey Road, justo cuando los de Liverpool iban a grabar su nuevo single. La adrenalina del momento se coló en la poderosa interpretación que el cuarteto hizo de la canción, compuesta a partir de una idea de Paul McCartney. Una historia de Culto.



Mientras sonreían para las fotos promocionales, los miembros de The Beatles pensaban que era una sesión de imágenes más, a las que estaban empezando a acostumbrarse. De tanto en tanto, se permitían saludar o sonreír a la legión de adolescentes que llegaban a verlos.

En rigor, la sesión de fotos se estaba realizando en un callejón ubicado en la parte trasera de los estudios EMI, en Abbey Road. Las chicas trepaban las paredes que circundaban el callejón y se asomaban para ver a sus ídolos.

Para esos entonces, julio de 1963, los Beatles ya habían sacado su primer álbum Please, please, me, el cual se había ido al número 1 en cosa de semanas, lo mismo que el single homónimo y un single posterior, “From me to you”, en abril de ese año.

The Beatles ya estaban comenzando a ser un fenómeno de masas, sobre todo para las quinceañeras y adolescentes que gritaban por ellos. Así, las muchachas comenzaron a aparecer de manera más frecuente en las afueras del estudio durante las sesiones de grabación del cuarteto.

“En aquellos tiempos iniciales de la beatlemanía, siempre había por lo menos cien chicas acampadas a la puerta del estudio con la esperanza de ver a algún miembro del grupo salir corriendo hacia su coche. Para nosotros era un misterio cómo se enteraban de cuándo iban a venir los Beatles. Las sesiones siempre se reservaban a nombre del seudónimo «The Dakotas» (por el grupo que a veces acompañaba a Billy J. Kramer), pero estaba claro que las fans tenían algún confidente porque siempre llegaban más o menos una hora antes que el grupo”, señala el ingeniero se grabación de grupo, Geoff Emerick, en sus memorias tituladas El sonido de los Beatles (Indicios, 2011).

La horda de 100 o más chicas generalmente era controlada por 4 o 5 policías. Y esa decisión traería consecuencias ese día.

En la casa que Paul McCartney compartía con su padre, Jim, y su hermano, Mike, el zurdo junto a John Lennon terminaron una nueva canción, y prestos, se la mostraron al progenitor, quien era un pianista aficionado y que incluso en el pasado había liderado un conjunto: la Jim Mac’s Jazz Band. A Paul, era una opinión que le importaba.

Paul y John, con sus guitarras acústicas se pararon frente al viejo Jim, quien, sentado en su poltrona dejó el diario a un costado y procedió a escuchar a los muchachos. La canción se llamaba “She loves you”.

Una vez que acabaron, el vejete pensó unos momentos, y luego dio su diagnóstico. Según Barry Miles en su biografía Paul McCartney, Many years from now (1997), Jim McCartney dijo: “No está nada mal, hijo, pero ya está bueno con tanto americanismo. ¿No puedes cantarla como ‘She loves you, yes, yes, yes’?”.

Lennon y McCartney en 1963.

Por supuesto, ni Paul ni John se tomaron esa sugerencia en serio, y decidieron dejar esos “americanismos”. Eran pequeños homenajes a sus ídolos, como pronunciar la “s” como “sh”, en “Misery”, de su primer LP, truco que también usarían en “I wanna hold your hand”.

De hecho, la influencia de los Estados Unidos en el tema no era solo reducida a esos “yeah yeah” que no le gustaron al papá del Paul. La canción le surgió a “Macca” a propósito de un single estadounidense que sonaba por esos días “Forget him”, de Bobby Rydell. Un tema que no fue un éxito, pero melómano como es, a Paul le llamó la atención.

“Había una canción de Bobby Rydell en ese momento, ‘Forget Him’, y, como sucede a menudo, uno piensa en una canción cuando está escribiendo otra. Estábamos en una furgoneta en Newcastle upon Tyne. Yo había planeado una ‘canción de respuesta’, donde un par de nosotros cantaran ‘she loves you’ y los otros dos contestaran ‘yeah yeah’”, cuenta el autor de “Hey Jude” citado en el libro Los Beatles: desde el comienzo (Planeta, 2017), de Sergio Marchi y Fernando Blanco.

Así, en la habitación de un hotel en Newcastle, Lennon y McCartney comenzaron a componer la canción, estuvieron horas en eso, hasta que de vuelta en Liverpool la terminaron en la casa de Paul. John nunca ocultó que la idea principal fue de su colega.

“La idea fue de Paul: en lugar de cantar una vez más ‘I love you’ (‘te amo’), tuvimos en la canción un tercer protagonista. Este tipo de detalle se encuentra aún en sus trabajos en solitario; siempre escribirá una historia sobre alguien más. Yo me siento más inclinado a escribir sobre mí mismo”, señaló John Lennon, en entrevista citada en el libro de Marchi y Blanco.

La invasión adolescente

Seguro nunca esperaron ver algo así. Pasó cuando ya estaban prontos a iniciar la sesión. En la sala del estudio, Lennon y Harrison afinaban sus guitarras, lo propio hacía McCartney con su bajo Hofner viola. Ringo observaba tranquilo sentado tras su kit Ludwig. Arriba, en la pequeña sala de control, el productor George Martin y el ingeniero de grabación Norman Smith (a quien John Lennon solía llamar “Normal”) discutían las últimas indicaciones para comenzar la grabación de ese día, que contemplaba dos canciones.

También se encontraba presente el enigmático manager del cuarteto, Brian Epstein. Era toda una novedad, dado que el representante no era muy dado a presentarse en el estudio.

“[Epstein] Era un hombre callado, obviamente de clase alta. No acudía a demasiadas sesiones, y cuando lo hacía siempre se comportaba con gran educación. Sin embargo, siempre tuve la impresión de que a los Beatles no les gustaba tenerlo por allí”, recuerda Geoff Emerick en su citada autobiografía.

En rigor, Epstein se encontraba allí para afinar el calendario de grabaciones del grupo, y además de otras bandas que también manejaba.

En eso estaban cuando Smith notó que el micrófono que tomaba al amplificador de bajo estaba distorsionando. “Geoff, ¿puedes bajar y alejarlo un poco?”, pidió el ingeniero. Emerick, presto, bajó a la sala para cumplir la tarea.

En eso estaba Emerick cuando ocurrió lo increíble.

Una adolescente irrumpió en la sala del estudio, ante la mirada atónita de todo el mundo. Con decisión, corrió presta y agitada hacia Ringo. El baterista, puso sus ojos grandes aún más grandes, y se acurrucó detrás del bombo y los toms esperando ser destrozado por la quinceañera.

Pero el roadie Neil Aspinall se lanzó como jugador de rugby y atrapó a la muchacha antes que cazara a Ringo. Luego, el otro roadie, el fornido Mal Evans, agarró a la quinceañera y la sacó arrastrando hacia afuera.

El problema, era que no solo esa chica había entrado.

Como los Beatles habían llegado al estudio varias horas antes, para realizarse esa sesión de fotos. Lo que no calcularon fue que el ingente número de fans, con el paso de los minutos iría creciendo. Así, una horda de quinceañeras rompió el cerco de seguridad, invadió el estudio y se encontraban corriendo mientras gritaban agudamente por todos lados con el fin de acercarse a los fab four.

“Con curiosidad por saber de qué iba todo aquel follón, asomé la cabeza tras la puerta. Lo que vi me asombró, me aturdió y me asustó… pero también me hizo partir de risa –cuenta Geoff Emerick en su autobiografía–. Era una visión increíble, como de una película de los Keystone Kops: un montón de chicas histéricas corriendo y gritando por los pasillos, perseguidas por un puñado de atribulados bobbies londinenses sin aliento. Cada vez que uno de ellos pillaba a una fan, aparecían dos o tres chicas más, chillando a todo pulmón. El pobre policía no sabía si soltar a la loca con la que estaba forcejeando e ir a por las otras o sujetar firmemente al pájaro en mano”.

Al rato llegó el conserje de los estudios, quien sugirió trancar la puerta mientras lograban reducir a todas las adolescentes. Los incrédulos Beatles, más su staff y los miembros de EMI escuchaban el ruido de las puertas mientras se abrían y cerraban, los chillidos de muchachas sin control. “Dios mío, Dios mío”, comentaba un compungido Brian Epstein.

Pasaban los minutos y con los chillidos aún escuchándose, Paul, John y George, quizás como su manera de afrontar el asunto, comenzaron a reírse y a perseguirse por la sala imitando los chillidos de la muchacha que intentó acercarse a Ringo. Este aún estaba algo conmocionado.

Ahí, el serio y compuesto George Martin llamó al orden y anunció que la sesión iba a comenzar. Brian Epstein se levantó del asiento y se despidió.

Entonces, Ringo se lanzó con ese frenético fill de inicio en el tom de piso y los demás se lanzaron. “She loves you” era la canción que iniciaba la jornada, y que estaba destinada a ser el próximo single del cuarteto. La energía era única. Todos estaban tocando particularmente encendidos. Y Geoff Emerick tiene una explicación para eso.

“No tengo la menor duda de que la excitación de aquella tarde ayudó a desencadenar un nuevo nivel de energía en la manera de tocar del grupo. ‘She Loves You’ era una canción fantástica, con un ritmo muy potente y un estribillo implacable (Norman y yo estuvimos inmediatamente de acuerdo en que estaba destinada a ser un éxito), pero además hubo un nivel de intensidad en la interpretación que yo no había escuchado nunca… y, francamente, pocas veces he escuchado desde entonces. Ese sencillo me sigue pareciendo una de las grabaciones más estimulantes de toda la carrera de los Beatles”.

En solo un par de tomas los Beatles completaron la pista base, y luego John, Paul y George clavaron rápido las voces. La euforia era única. Luego subieron a escucharla y el orgullo llegó a la sala. “Norman Smith se mostró más alegre y emocionado de lo que lo había visto nunca; de hecho, bailaba de júbilo alrededor de la mesa de mezclas. Sentado en una silla situada al fondo de la habitación, George Martin observaba orgulloso. ‘Buen trabajo, chicos’, nos dijo a todos nosotros, y era obvio que estaba eufórico”, cuenta Emerick.

Luego, llegó el momento de la pausa. Pese a las advertencias, John Lennon quiso ir al casino del estudio a buscar algún bocado para echarle al buche. Volvió rápidamente arrepentido de su decisión. “No vale la pena, estas chicas están locas”. Según Emerick, ese fue el momento en que los Beatles por primera vez sintieron el peso de su fama, y tuvieron que empezar a trabajar encerrados en el estudio.

“Los Beatles ya no volvieron a entrar en la cantina de EMI, sino que encargaban a Mal que les trajera té y comida. Con el tiempo, Mal y Neil iban a arreglar un rincón del estudio como cantina privada provisional. Colocaron un hornillo eléctrico y una mesa para poder preparar té y bocadillos de mermelada”, relata Emerick.

La cosa fue amainando y luego los Beatles procedieron a grabar el lado B del single, llamado “I’ll get you”. Ya la mayoría de las chicas habían sido interceptadas y expulsadas del estudio, por lo que las vibraciones habían bajado.

“She loves you” salió a las tiendas el 23 de agosto de 1963 y alcanzó el número 1 en Inglaterra. Se hizo campaña para que el single fuera editado también en Estados Unidos, y ante la indiferencia del gigante Capitol Records, se optó por la pequeña discográfica Swan, pero los resultados no fueron los mejores.

Luego, ya con Capitol como disquera en EE.UU. y con “I wanna hold your hand” como número 1, se volvió a editar en 1964, y esa vez sí alcanzó la cumbre. El día de locura había dado sus frutos.

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