Fuga de Pretoria: la película sobre un escape en la Sudáfrica del apartheid

El filme se grabó a inicios de 2019 en Australia. Foto: TNT

El filme se estrena hoy por TNT y rescata la historia de los activistas que huyeron de prisión en 1979. “Jugué un papel en esa lucha”, dice a Culto el hombre que inspiró la cinta con Daniel Radcliffe.



Así recuerda Tim Jenkin (72) la consecución de hechos en 1987: lanzó el libro Escape from Pretoria sobre la fuga de la prisión que protagonizó ocho años antes, un día después un periódico londinense hizo una extensa nota sobre la publicación y a la mañana siguiente “tres, cuatro o incluso más compañías cinematográficas aparecieron y dijeron que querían hacer una película”, rememora en videollamada con Culto.

Diversos contratiempos provocaron que tardara más de tres décadas en hacerse la primera adaptación de su experiencia en pleno apartheid: condenado en 1978 por su compromiso con la población negra y su trabajo en las operaciones del proscrito partido de Nelson Mandela, el Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés), 18 meses más tarde huyó de la Prisión Central de Pretoria junto a dos compañeros utilizando sólo llaves hechas de madera.

Sobre la primera propuesta de hacer un largometraje, Jenkin explica desde Ciudad del Cabo: “Sólo dos semanas antes de la realización del filme, uno de los principales financistas dijo que quería eliminar la mayor parte de la política (de la trama). Así que querían convertirlo en un escape técnico, y no podíamos permitirlo, porque en ese momento el apartheid todavía estaba en el poder y necesitábamos hacer una declaración política muy fuerte”.

Radcliffe y Daniel Webber protagonizan la cinta. Foto: TNT

Los tiempos han cambiado y el escritor concede que Fuga de Pretoria –la cinta que se estrena hoy a las 22 horas por TNT– no es precisamente un filme que privilegie la discusión de ideas o los dilemas que enfrentaban como prisioneros. Pero no tiene mayores reparos en la forma que terminó adquiriendo el relato, marcado por el nervio del thriller y el drama humano.

“Para nosotros fue activismo político, que realmente no aparece con mucha fuerza en la película. (Pero) realmente ya no necesitamos hacer una declaración política. Han pasado 40 años desde la fuga y 25 años desde el fin del apartheid”, comenta.

Jenkin siguió de cerca el proceso de la cinta dirigida por el británico Francis Annan, incluso viajando a Adelaida (Australia) para observar y participar en el rodaje el año pasado y compartir con Daniel Radcliffe, quien lo encarna en la ficción.

Tim Jenkin hoy vive en su natal Ciudad del Cabo.

“En el momento en que me dijeron que habían firmado con él, supe que iba a suceder (la película). No puedes contratar a un gran actor como ese y no tomártelo en serio”, afirma sobre la estrella de la saga Harry Potter.

“Pasamos mucho tiempo juntos, él estaba tratando de captar el acento y quería entender nuestra filosofía, qué fue lo que nos motivó a escapar de la prisión. Nuestra fuga fue una fuga política, sentimos que teníamos el deber de salir”, señala, a lo que agrega: “Creíamos que éramos prisioneros de guerra y no sólo prisioneros de conciencia”.

En las filmaciones también fue testigo de la recreación de la cárcel. “La reconstrucción fue muy precisa. Les di dibujos de la prisión que usaron para reconstruirla, por lo que las dimensiones eran más o menos correctas, y la apariencia era muy similar. Así que fue una experiencia muy extraña, especialmente cuando me pusieron el uniforme”, revela sobre un cameo que tiene en la historia. “Estoy sentado junto a Daniel, lo cual fue extraño, porque yo soy otro prisionero cualquiera”.

Tras subrayar que “los detalles técnicos reales son correctos”, Jenkin se aleja un segundo para tomar dos de las llaves que crearon para escapar y que aún conserva. “Es una forma bastante lograda y son bastante grandes”, dice sosteniendo dos de los instrumentos que le permitieron fugarse en diciembre de 1979 e iniciar un largo periplo que recuerda perfecto (y no es parte del filme): Esuatini, Mozambique, Angola, Zambia -donde anunciaron su libertad junto al presidente del ANC-, Tanzania y un exilio en Europa.

Jenkin con el resto del elenco del filme. Foto: TNT

“De 1980 a 1991 viví en Londres, me mantuve activo en el ANC y estuve implicado en muchos proyectos. Entonces volví a Sudáfrica a fines de 1991, conseguí un permiso especial, porque aún era un prisionero dado a la fuga, y trabajé con el partido algunos años más hasta que Nelson Mandela fue electo presidente”, especifica.

“La gente me dice estos días: mira el ANC hoy, ¿todavía estás orgulloso de lo que hiciste? Y digo que lo estoy, porque luchaba contra el apartheid, no luchaba por llevar un partido político al poder. Y creo que jugué un papel en esa lucha”.

También plantea distinciones entre el movimiento anti apartheid y el movimiento antirracista que tomó fuerza en Estados Unidos este año, indicando que “hay similitudes, pero Black Lives Matter se trata realmente de una continua discriminación que está integrada en la cultura, mientras que el apartheid era una legislación”. Y reflexiona sobre los ecos que pueden generar hoy su historia y el filme.

“En una nueva versión del libro hablo mucho sobre la película como una metáfora de la vida. Terminamos en cárceles de todo tipo, puede ser una prisión personal, que te quedes atrapado en un trabajo que no te gusta o en una relación que es difícil, pero necesitas encontrar una salida. O simplemente en un sentido político general, podríamos estar viviendo una situación de falta de libertades, y nuestro objetivo es crear una sociedad libre”, añade.

Daniel Radcliffe ensayó arduamente el acento. Foto: TNT

“(Espero que) la gente pueda ver que si quieres escapar de una prisión mental, física o política, la única forma es hacerlo paso a paso, en primer lugar, para darte cuenta de que eres un prisionero, que estás en una prisión de la que necesitas liberarte, y que necesitas un plan”.

Jenkin cuenta que sigue activo y que ha dedicado sus últimos años a trabajar en un movimiento que busca reinventar la naturaleza del dinero. “Estamos tratando de crear un sistema monetizado dirigido por la gente, permitiendo comercializar con otros en todo el mundo sin usar dinero convencional”, detalla. “Creo que eso es algo muy poderoso. Quizás incluso más revolucionario”, concluye.

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