El retiro de Jean-Luc Godard: el último sobreviviente de la Nouvelle Vague se apaga

Esta semana, en un festival de India, el director franco-suizo anunció que tiene escritos los dos proyectos con los que finalizará su recorrido fílmico, cerrando una carrera de casi siete décadas como máximo referente de la Nueva Ola francesa y uno de los mayores innovadores del cine. “Godard es quizás más adelantado de lo que creemos y entendemos. Puede que haya captado que era mejor retirarse, una forma más moderna de morir”, dice Alberto Fuguet sobre el autor, que sigue en actividad a los 90 años.



Al extremo sur de la India, el estado de Kerala acoge desde 1996 su propio festival internacional de cine. El certamen ha distinguido con su premio especial a Werner Herzog, Alexander Sokurov y Carlos Saura, todos presentes en cada edición para recibir el galardón a la trayectoria.

La pandemia dictó que su último ganador sólo se conectara desde su casa en Suiza. Pero haciendo olvidar tal austeridad, Jean-Luc Godard a sus 90 años decidió lanzar uno de los mayores golpes del mundo del cine en el último tiempo.

Si en 2014 el director franco-suizo exclamó “adiós al lenguaje” con su película homónima –que en Cannes triunfó con el Premio del Jurado–, esta vez, en medio de una conversación virtual con el evento que le entregó el galardón honorífico, el autor decidió ponerle plazo a su canto del cisne.

“Estoy terminando mi vida cinematográfica, sí, la vida como cineasta, con dos guiones”, afirmó escueto en la videollamada con el festival. “Después, diré, ‘adiós, cine’”.

Tras referirse a la distribución y a la pandemia, el director nacido en París en1930 detalló que uno de sus proyectos lo está desarrollando con el canal público europeo Arte y que el otro lleva por título Funny wars. Después de eso, el silencio fílmico del responsable de Sin aliento (1960).

“Godard es quizás más adelantado de lo que creemos y entendemos. Puede que haya captado que era mejor retirarse, una forma más moderna de morir. Así uno puede mirar un poco lo que la gente opina y capaz después arrepentirse y volver a crear. O simplemente responde a descansar y no estar preocupado de esa parte, de tu legado”, opina el escritor y director Alberto Fuguet sobre el retiro del cineasta.

La despedida del autor de El desprecio (1963) viene precedida del impacto por la muerte de Agnès Varda, también activa hasta una edad avanzada. Dos años después del fallecimiento de la madre de la Nouvelle Vague, el director opta por dar un paso al costado y colgar los guantes como el último y más grande referente de la Nueva Ola francesa.

Su primer largometraje cumple 61 años este 16 de marzo y el más reciente es El libro de las imágenes (2018), por la que Cannes terminó inventando una Palma de Oro especial, pero su recorrido en el cine está plagado de idas y vueltas.

Un legado que repasa el crítico de cine de Artes y Letras Ernesto Ayala: “A todos nos gusta un poco Pierrot, el loco (1965). Claro que a mí en lo personal me gusta más su primera etapa, más conectada con la Nouvelle Vague, con París, con películas como Masculin féminin (1966). Ahí desarma un poco el cine, lo saca a la calle, admite equivocaciones en los cortes y después eso se convierte en una moda como el jump cut, donde existe una discontinuidad que al final queda en la película y que te hace recordar que estás viendo eso”.

En las últimas dos décadas Godard se había concentrado en realizar cintas fragmentadas y a veces de complejo acceso. Film socialisme (2010) y Adiós al lenguaje (2014) están entre las cumbres de su última época, con las que probablemente tengan plena conexión sus dos proyectos finales.

“Él pasó de ser un artista muy del siglo XX conocido por todo el mundo, que le achuntó y que vio las cosas de otra manera, a uno mucho más anarquista, diciendo ‘no me importa nada, no me importa que no te gusten mis películas, que no las veas, que sepas que se estrenaron o no’. Fue alguien que apostó por el video y por circuitos alternativos”, apunta Fuguet.

Ayala también identifica esas transformaciones del autor, aunque traza un denominador: “Los críticos se pelean un poco por defender su etapa más interesante. Al principio era Nouvelle Vague puro, pero después empezó a hacer un cine más político y más tarde un cine sobre el cine. Yo creo que lo que tuvo en común fue que en el fondo nunca dejó de hacer cine sobre cine”.

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