Pesadillas, vulnerabilidad y el sur de Chile: el Sename desde la mirada del documental

"Los sueños del Castillo" es la obra que se encargó de retratar las angustias y temores de un grupo de jóvenes recluidos en un centro de detención juvenil dependiente del Servicio Nacional de Menores. En conversación con Culto, su director cuenta los desafíos de abordar la compleja temática que llegó el pasado jueves a la plataforma de Miradoc.



Por estos días, entrar con una cámara de video con intenciones de grabar un centro del Sename es una tarea difícil. Así lo asegura René Ballesteros, director chileno que durante seis semanas de 2014 se adentró en las habitaciones y pasillos de un centro de detención juvenil ubicado en Cholchol, Región de La Araucanía, justamente para registrar las vivencias personales de los jóvenes allí recluidos. Toda la experiencia la plasmó en el documental “Los sueños del Castillo”.

“Es interesante de notar, fue antes del caso de Lissette Villa en 2016 -niña fallecida en Cread Galvarino, otro centro de menores-. Hasta ese momento se podía entrar, aunque siempre ha sido difícil. Lo que me facilitó todo es que soy psicólogo, trabajé en centros de detención, hice mi tesis en las cárceles de Temuco y estuve con niños de la calle”, detalla el realizador a Culto, cuyo largometraje documental llegó a Miradoc el pasado jueves y a más de ocho plataformas anexas.

La historia retrata a un grupo de jóvenes encerrados en un centro de concreto emplazado en los verdes prados sureños y sobre los restos de un cementerio indígena. En ese contexto, los protagonistas resultan ser víctimas de sueños perturbadores que son tema de conversación durante las jornadas siguientes.

Unos relatos oníricos que también reflejan quiénes son ellos y cuáles son las problemáticas que los aquejan, como también cuál es la relación con sus antepasados y con el entorno natural sumergido en la cultura mapuche de la región.

Una serie de tópicos que giran en torno a una entidad que está siempre en el debate político y social. “Mi idea era entrar de la manera más desprejuiciada posible en relación a los jóvenes, sin saber lo que habían hecho y tratar de ponerme en una situación de escucha. Ahora, tengo mis ideas sobre estos centros, sobre si funcionan o no. Claro que uno de esos recintos es como la cola del fenómeno”, admite Ballesteros, agregando también que establecer una relación de confianza fue una de las partes desafiantes del proyecto.

Con grabaciones que solían ser nocturnas y con un equipo de tan solo dos personas, el relato de 70 minutos traspasa el caparazón de los personajes gestado en las cárceles, según indica su director, para colarse en la intimidad de las diminutas celdas y escuchar qué sucede ahí, de la boca de sus protagonistas. Todo esto con sueños que van desde historias protagonizadas por familiares y novias, hasta otros que rondan los pleitos y las muertes.

“Es un tema delicado, más bien ético, pero el ejercicio documental en este tiene que ver con acceder a su vulnerabilidad al tiempo que tratas de mostrar su fuerza también. Sin la debilidad de los personajes no pueden existir, tuve que hacerlo de la manera más respetuosa posible. Tratamos de hacer la película de manera que no se evocaran mucho los crímenes reales. Pero esa materia candente es parte del trabajo, o puede resultar algo más superficial”, detalla el artista.

Así también se encarga de profundizar: “No quería hacer una denuncia. Cuando se aborda la temática de jóvenes vulnerables, por lo general puede haber esa tendencia. Yo no lo pensé así, al contrario, traté de verlos como iguales al espectador, como soñadores, pensé que era la manera más fácil. Que el espectador no los viera desde arriba. Porque siempre es como ‘los niños o los jóvenes del Sename’, como si pertenecieran a esa institución. En realidad esos son simplemente jóvenes en un situación extrema y dolosa”, comenta quien tenía como guía acceder a la subjetividad de estos.

Claro que para el documentalista esta sería tan solo una parte pequeña de un tema de mayor envergadura. “Tiene que ver con esa basura que siempre hemos estado tirando debajo de la alfombra, donde nos tropezamos y nos caemos. No se puede esconder la bolsa de basura del Sename”.

“También hay una visión muy mala de los educadores, como que hacen mal la pega y todo eso o que existe violencia de su parte. Ahora, que efectivamente haya es otra cosa, que haya menos que antes también. Pero inclusive trabajadores conocidos me cuentan que van a la feria y les pegan por verlos con la chaqueta de la institución. Y ese es solo el final de la cadena, con jóvenes y niños. Es algo ligado a los recursos también, una concepción social”, expresa en referencia a una sección de la problemática.

El trabajo del documentalista radicado en Francia debutó originalmente en 2018. Ahora, su estreno marcó uno de los pocos acercamientos al público general tras un paso por un circuito de festivales que galardonaron el material con premios como Mejor Película Chilena en el Festival Internacional de Cine de Valdivia en el mismo año o Mejor música original en el Festival Cinéma du Réel en 2019.

Por otro lado y de cara al futuro, Miradoc prepara en su plataforma el estreno de dos registros más, “Gepe y Margot Loyola, folclor imaginario” el 1 de abril y “El viaje”, el 6 de mayo. Dos relatos de 2020 que exploran historias asociadas al cancionero nacional.

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