Earl Slick, guitarrista estadounidense: “Nunca imaginé que Double Fantasy iba a ser el último disco de Lennon”

En más de cuatro décadas, el eximio músico ha tenido el privilegio de acompañar a David Bowie, John Lennon, Keith Richards, Robert Smith y Michael Kamen. Hoy, celebrando la salida de Fist full of devils, su nuevo disco solista tras 18 años, habla con Culto sobre cómo su vida parece un sueño.



“La internet dice que ocurrió, así que debe ser así”, ríe al teléfono el gran Earl Slick conversando con Culto. El hombre que aportó con su guitarra crepitante en la grabación de discos como Station to Station, de David Bowie, y Double Fantasy, de John Lennon, asegura sorprenderse a sí mismo al repasar su vida.

Y es que, para el oriundo de Brooklyn, haber visto a los Beatles en vivo en el show de Ed Sullivan el 9 de febrero de 1964, cuando tenía solo 13 años, fue algo que marcó su destino para siempre. “Toda esa generación de chicos no habíamos visto nada así jamás. Fue como algo de otro mundo. Nos preguntamos qué era eso, y realmente hizo que muchos de nosotros nos convirtiésemos en músicos. Por mucho que yo sea el fan número uno de los Rolling Stones, los Beatles estuvieron primero. Cuando vi a los Stones, eran bien cool, pero los Beatles me cambiaron la vida”.

Tanto así, que Earl presionó a sus padres para que le compraran una guitarra con el escaso dinero que ganaban. Cuando las lecciones de guitarra se tornaron aburridas, prefirió aprender por sí solo a dominar el instrumento sacando de oído discos de blues. Ya en 1969, asistió a su primer recital: Led Zeppelin en el Fillmore East. “Ya tenía su disco para entonces, y ese verano los ví al menos dos veces. Fue una locura”, recuerda.

A la edad de 17, Slick se ganaba la vida tocando junto a un grupo de amigos en Nueva York, cuando el compositor Michael Kamen le vio en escena y decidió contratarlo. Así, Earl se unió a su banda, el New York Rock Ensemble, donde se encontraba el saxofonista David Sanborn. Ambos congeniaron de inmediato. Pero el verdadero giro llegaría el día en que Kamen le ofreció a Slick hacer una audición para un gira de un artista importante, sin decirle de quién se trataba. Al llegar al estudio, le hicieron tocar la guitarra al son de los primeras mezclas de Rebel Rebel. El artista que le requería era nada menos que David Bowie, planeando su gira para el entonces recién salido Diamond dogs.

Esto no es rock and roll

En el tour, inmortalizado en el en vivo Live at the Tower Philadelphia, y conocido también como David Live, Slick dio rienda suelta a su incendiaria habilidad, dotando a cortes como Moonage daydream o The width of a circle de un filo crudo, casi punk, alejado del preciosismo y barroco de su antecesor Mick Ronson. La química con el saxofonista David Sanborn era evidente y envidiable. Cada uno de los cortes suena como un duelo entre el bronce y los dedos endemoniados de Slick, acompañando al Bowie más afiebrado, poseído y mesiánico a la vez, producto de un consumo cada vez más exacerbado de cocaína.

“Cuando escuchas ese disco, resulta que yo con Sanborn ya llevábamos dos años tocando juntos en la banda de Michael Kamen. Y yo aprendí mucho de él. Cuando nos conocimos por primera vez nos alineamos de inmediato y yo le robé muchos licks”, recuerda el guitarrista.

Bowie, maravillado, le ofreció a Slick tocar en Young americans, un giro estético que le tomó por sorpresa. “Lo que sucede es que no disfruté tanto al grabarlo, ya que en ese momento yo venía de un lado más duro, más blusero. Mi onda era esa, y, digamos que Bowie me tiró una bola curva ahí. Además, no había mucho que yo pudiese hacer ahí”.

Pero después llegó Station to station. En el álbum, considerado por muchos como uno de los pináculos del camaleón, Slick abre el apoteósico track homónimo con una muralla de feedback de tres minutos y medio. “Es divertido, porque esa fue la idea de David. Estábamos ya listos con todas las canciones, habíamos estado grabando por días, y de repente se le ocurrió que hiciéramos eso y yo le seguí la corriente. Estuvimos una hora o dos haciendo ese feedback y listo”, ríe.

“Antes de trabajar con Bowie yo había sido sesionista, pero con él fue todo distinto siempre. Nunca hubo demos, todo lo aprendíamos en el momento y hacíamos todo lo que estaba en nuestra cabeza. Hoy, yo funciono del mismo modo porque lo aprendí de él. Y me gusta, porque si hago un disco y le digo a todos qué hacer, entonces me estoy perdiendo de lo que la banda tiene para entregar. Los mejores discos se hacen así, cuando la banda está enfocada y tirando ideas, y todo se junta”.

El consumo de cocaína en las sesiones, motivado por el ansia de mantenerse trabajando y lanzando nuevas ideas, era tan exacerbado que Earl incluso confiesa no recordar el momento en que conoció a Lennon en las sesiones de Fame y Across the universe. “Nadie recuerda mucho de esos días. Tal vez estaba muy drogado, simplemente los setenta desaparecieron y no sé qué pasó. Fue hace tanto tiempo que parece un sueño. Pero ocurrió.”, sentencia.

Pero algo que el guitarrista no olvida fue sí haber grabado Double Fantasy y Milk and Honey junto a Lennon y Yoko. “Y obviamente en ese entonces no sabíamos que sería el último disco de John. Grabamos todo ese material al mismo tiempo, los dos álbumes en las mismas sesiones. Se supone que íbamos a volver al estudio en enero de 1981 e íbamos también a salir de gira. Yo pensaba que iba a trabajar junto a John por un buen rato, al menos un par de años, y de pronto ya no estaba. Nunca imaginamos que ese iba a ser el último disco de John”, añade.

Dedos endemoniados

Al escuchar los álbumes de estudio de Bowie donde participa, y los distintos registros en vivo (Glastonbury 2000, Cracked Actor, A Reality Tour), es evidente que Slick nunca optó por el anquilosamiento. “Si tocara como en los discos, o como hacía antes, estaría aburrido y eso significaría que no he aprendido nada. Hay que mantener todo en movimiento. Yo raramente toco todo igual siempre, porque dejo que las cosas ocurran”.

Y la existencia de su nueva placa Fistful of Devils se debe también a una suerte de sincronía. El material, registrado en 2014, llevaba ya siete años descansando en el disco duro de Slick, hasta que recibió una llamada de Schnitzel records, de Londres. “Cuando lo grabé no estaba seguro de qué hacer con el material. Dije, o voy a un sello o lo saco yo solo. No sabía qué hacer, y luego me puse a hacer un montón de cosas. Estuve de gira desde ese año hasta el año pasado. No había parado. Y de repente me llaman del sello Schnitzel preguntando si tenía algo de material que quisiera lanzar y les dije que tenía un disco listo. Llegamos a un acuerdo y por eso fue que salió. Si no me hubiesen llamado, esto todavía estaría en mi disco duro. Siempre había pensado que el disco estaba listo y que algo iba a pasar con él, pero no sabía qué. Solo sabía que algo iba a ocurrir, y no me puse a pensar en ello”.

El álbum tiene un dejo al blues crudo de Link Wray, y una atmósfera cargada a David Lynch. “Eres el primero que lo menciona”, dice. “Hay una canción llamada Black, la segunda del álbum, y está inspirada en Fire Walk With Me, en una escena oscura en la película donde la banda está tocando y todos es bien desagradable y siniestro. Esa escena ha estado en mi cabeza desde que la película se estrenó”.

En este nuevo álbum puramente instrumental, y que llega 18 años después del excelente Zig Zag, donde los vocalistas invitados eran nada menos que el mismísimo Bowie, Robert Smith, Joe Elliot y Royston Langdon, Slick se da el tiempo para recordar nuevamente a Lennon, bautizando un corte en su honor con las siglas J.W.L.

Vida en Marte

Con el retorno mundial y paulatino de los shows en vivo, Earl volverá a los escenarios, pero ahora en primera persona y no como acompañante. “Y eso es algo que no hago hace mucho, lo cual me tiene emocionado y ansioso a la vez”. Uno de sus próximos shows, ya agotado, será en Hull, la ciudad natal de Mick Ronson, el guitarrista de Bowie en los Spiders from Mars. “Eso será en noviembre. Y cada vez que voy a Hull me tratan muy bien, aunque hace una vida atrás hubo una competencia con Mick”, bromea.

Pero este año, sin saberlo, Slick llegó más lejos que Ronson: cuando el vehículo Perseverance tocó la superficie del planeta Marte en febrero recién pasado, la NASA acompañó sus transmisiones del acontecimiento con una rendición de la Life on mars? de Bowie versionada por Yungblud, donde el clásico solo en guitarra original de Ronno fue interpretado por Earl, junto a Mike Garson en piano, Sterling Campbell en batería, y Gerry Leonard en segunda guitarra.

“Resulta que hicimos un show remoto para el cumpleaños de David este año, y lo grabaron. Pero nunca supe para qué era la grabación de nosotros tocando. Y ahora me enteré por un amigo, que me llamó diciendo ‘¡oye, viajaste a Marte! Y no supe hasta que estuve en el espacio”, ríe Slick. Una odisea espacial.

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