Boicot a Scorsese o sepultar la carrera de Richard Gere: el revelador libro que muestra cómo China maneja a Hollywood

La directora de origen chino Chloé Zhao y su cinta Nomadland, ganadora de tres premios Oscar en 2021. Ante las críticas de la realizadora contra el gobierno de su país, se eliminaron de los buscadores digitales chinos las noticias sobre los Oscar. Foto: AP Photo/Chris Pizzello.

Una investigación publicada este mes por un periodista de The Wall Street Journal -llamada Red carpet y elogiada por varios medios del mundo- entrega detalles sorprendentes sobre el poder del gigante asiático para interferir en la industria del cine estadounidense, moviendo hilos para alterar grandes producciones, eliminar escenas y series o películas completas de su cartelera, e incluso para terminar con las carreras de grandes actores occidentales. "Hollywood lleva décadas amoldándose al poder asiático", asegura el autor en sus páginas.



En años recientes, especialmente en la última década, se ha vuelto habitual escuchar sobre la importancia que ha adquirido el mercado chino en la taquilla del cine a nivel mundial, sobre cuán gravitante termina siendo para una superproducción llegar estrenarse - o no- ante un público potencial de 1.400 millones de personas, y también, de aquellas películas estadounidenses que parecen haber sido hechas especialmente para conquistar a la audiencia del gigante asiático.

Menos conocidas son, al menos públicamente, las estrategias de control que el Partido Comunista chino ejerce sobre la industria cinematográfica estadounidense a la hora de definir qué imagen proyectan sobre su país. O los telefonazos que desde hace décadas reciben los grandes estudios de parte de autoridades de Beijing, para presionar, condicionar y a veces alterar algunos de sus proyectos, incluso aquellos a cargo de directores de renombre. Cómo, finalmente, China es capaz de manejar a Hollywood y definir no sólo lo que terminarán viendo ellos, sino también el público estadounidense y, por supuesto, el del resto del mundo.

De eso se trata precisamente Red Carpet: Hollywood, China and the Global Battle for Cultural Supremacy, una nueva investigación a cargo de Erich Schwartzel, periodista de The Wall Street Journal, y publicada en Estados Unidos a comienzos de este mes, en medio de los aplausos y la estupefacción de la crítica de su país.

“Schwartzel cuenta la historia de cómo las inversiones chinas en Hollywood y el papel del Partido Comunista en decidir qué podía ver el público chino invirtió rápidamente la relación de poder entre China y Estados Unidos en esta industria inmensamente influyente”, señala Foreign Affairs en su reseña del libro, que aún no ha sido traducido al castellano ni tiene fecha de llegada a librerías chilenas (aunque se puede adquirir por sitios de compra en línea).

Allí Schwartzel incluye anécdotas e historias tan decidoras como insólitas, algunas no precisamente recientes, como cuando en 1996 un diplomático chino llamó desde la Embajada en Washington a un ejecutivo de Disney, preocupado por Kundun, la cinta de Martin Scorsese sobre el Dalai Lama que había comenzado su rodaje un par de días antes.

“La película se hizo. Fue estrenada el 25 de diciembre en solo dos pantallas en EE UU, mientras que otros títulos que se presentaron ese día se proyectaron en 1.700. Kundun alcanzó las 400 en su lanzamiento escalonado, sin apenas promoción. Disney la dejó morir”, relata El País en un artículo sobre la investigación.

Algo parecido ocurrió con Sony y Siete años en el Tíbet, también con Buda en el eje de la trama, producción que debió mover sus locaciones a Mendoza (Argentina) ante las presiones chinas sobre India. Incluso, Schwartzel plantea que el lobby del gobierno chino afectó la carrera de Richard Gere, conocido activista a favor del Tíbet, quien hace una década no es considerado para un proyecto grande en cine.

“Es interesante que Hollywood, ante las imposiciones de China, no haya encontrado formas creativas de trabajar dentro del sistema, sino que ha cedido a las demandas. Dice lo que haya que decir o ignora lo que haya que ignorar”, señala el autor en sus páginas.

“China tiene el poder de cambiar las películas desde las etapas iniciales de los proyectos. Cuando escuchan de un guion que puede ser problemático, inmediatamente envían una carta diciendo que sería una mala idea”, afirma.

Los casos más recientes que usa Schwartzel para ejemplificar su investigación tienen que ver con el streaming, la gran mina de oro actual del negocio audiovisual. El autor llega a revelar que muchas de las tramas de las series más populares que hoy vemos han sido ajustadas a los estrictos lineamientos de la censura china. Y también, que más de una vez se han alterado o eliminado escenas de series o películas al ser proyectadas en cines chinos o en plataformas de ese país, como ocurrió hace un mes con El club de la pelea de David Fincher.

Otro ejemplo concreto es el de la directora de origen chino Chloé Zhao y su cinta Nomadland, ganadora de tres premios Oscar en 2021, incluidos los de mejor película y mejor dirección. Ante las críticas de la realizadora contra el gobierno de su país, se eliminaron de los buscadores digitales chinos las noticias sobre los Oscar y la siguiente película de Zhao, Eternals, para Marvel, no llegó a las salas de cine del gigante asiático, perdiendo buena parte de sus chances de recuperar la inversión.

Red Carpet es la historia del nexo que se formó cuando Hollywood se dio cuenta de que necesitaba el dinero de China, y China se dio cuenta de que primero podía manipular y luego apropiarse de los dones especiales de Hollywood para encantar, coaccionar, controlar el estilo de vida e inducir al público a llorar por medios de oleadas orquestales y Tom Hanks hablando con seriedad a los niños pequeños”, dice en su reseña The New York Times, que habla de “la humillación de Hollywood” y “la expansión del poder blando chino” en su análisis de un libro que describe como “fascinante”.

“¿Puede Hollywood en general ignorar a China en el futuro? ¿Todavía importa?”, le preguntó días atrás el sitio Deadline al autor del libro. Este respondió con otra pregunta. “Creo que las matemáticas siguen siendo bastante fáciles, solo requieren un número: 1400 millones, y todo lo demás sigue. Así que creo que China todavía le importa a Hollywood, la pregunta es: ¿Hollywood todavía le importa a China?”.

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