Reencuentros, problemas en la organización y largas filas: lo que dejó el Festival Ritual

El festival que reunió un interesante cartel cumplió con traer shows de alto nivel que confirmaron el arrastre en el país de créditos como El mató un policía motorizado, y presentó a otros números de buen calado como Bandalos Chinos y al fenómeno trasandino de la música urbana, L-Gante. Sin embargo, las polémicas bajadas de Pablo Chill-E, Harry Nach y Polimá Westcoast, en la previa, además de las extensas filas al ingreso y el caos para comprar y canjear alimentos empañaron la jornada.



Las largas filas por calle Huánuco para acceder a la entrada del Estadio Santa Laura daban cuenta de la alta convocatoria del Festival Ritual. Un evento que ofrecía un interesante cartel pensado para la generación de veinteañeros que ha hecho de la música urbana y el pop del alta factura parte de su soundtrack diario, y que la tarde del sábado hizo notar su preferencia por números locales como Paloma Mami, así como confirmar su gusto por artistas con una trayectoria más extensa, como Miranda!

En el lugar, el problema fueron las largas filas para comprar y luego canjear los tickets que permitían comprar alimentos en el lugar. La alta demanda por algunos productos generó filas muy extensas y en las que se podían esperar largos minutos antes de ser atendido; una situación no muy distinta a la que ocurre en eventos de esta magnitud, pero que en los rincones del Santa Laura, generó molestia entre algunos de los presentes y no pocos manifestaron su enfado con rechiflas.

En lo musical, el cartel estuvo a la altura de las expectativas. Los artistas chilenos, como Ceaese, Soulfía y Camila Moreno, quienes se habían presentado en Lollapalooza 2022, ratificaron su buen momento. Entre los invitados foráneos, los argentinos El Mató un Policía Motorizado volvieron a hacer gala de su arrastre en la audiencia chilena, que siguió con atención su presentación, y acompañó temas como Nuevos Discos y La noche eterna.

Uno de los shows más destacados de la jornada fue el de los también trasandinos Bandalos Chinos. El grupo bonaerense ratificó su popularidad entre la audiencia que coreó éxitos como Demasiado, Vámonos de viaje y Una propuesta, y siguió con atención al carismático Goyo Degano, quien melena al viento, como un Federico Moura millenial, acompañaba los patterns de ritmo con el cuerpo, y dejó en claro que su propuesta pop bien trabajada cuenta con seguidores en el país. Una sorpresa agradable para quienes no los conocían y un número sólido para quienes les esperaban.

Caso similar ocurrió con Miranda!, quienes salieron al escenario principal cuando la tarde ya cerraba y el fresco se hacía sentir. El dúo juega de local en un país en que cuentan con una fervorosa fanaticada que siguió y cantó temas como Perfecta, Yo te diré, entre otros.

Uno de los shows más esperados era el de Boy Pablo. El chileno-noruego no regresaba al país desde su debut en 2019, y ahora con su álbum Wachito Rico bajo el brazo, vivió un fervoroso reencuentro ante una audiencia que lo celebró como si fuera un habitual. Con un set cargado a su nuevo material, más algunas antiguas como Honey, el músico dio cuenta de que lo suyo es algo que va en serio, con una banda afiatada y competente que logra hacer lucir sus bien trabajadas composiciones.

“¿Cómo estamos?”, saludó al público de entrada. No necesitó mucho más, y pese a su imagen relajada frente a la audiencia -que incluye ciertos desmadres a la manera de como lo hace Mac Demarco-, presentó un show bien estructurado que mantuvo momentos de diferentes emociones, que logró enganchar a la audiencia, pese a que gran parte de su música se canta en inglés-. Con el tiempo, Boy Pablo ha crecido y es una propuesta mucho más contundente que la que llegó al país.

Otro de los debutantes, era el argentino L-Gante. El artista ya había generado alguna polémica a su llegada al país, por un cruce con la PDI, y llegaba precedido de una imagen de controversial e incluso con la comparación de ser “el Marcianeke argentino”, debido a la reciente colaboración con el crédito del trap local. Como sea, y pese a los quince minutos de retraso en salir al escenario, el artista ofreció un show atractivo, con una ambiciosa puesta en escena con cuerpo de baile y visuales recargadas en que deja en claro su vínculo con la cultura cannábica. Su música, que combina la cumbia villera con el reggaetón tuvo una buena aceptación y no pocos ya conocían algunos de sus temas como el hit RKT.

La música urbana había marcado la jornada por la polémica que se generó tras conocerse la bajada de los créditos locales Pablo Chil-E, Harry Nach y Polimá Westcoast, quienes acusaron a la organización de trato “denigrante” para justificar la decisión. Por su lado, la producción señaló que en el caso del primero, había aceptado presentarse a las 17.45 en el escenario Antártica, ubicado en una explanada aledaña a la cancha principal, pero que posteriormente, solicitó cerrar la jornada tras Paloma Mami, lo que no fue aceptado.

Durante la mañana, Pablo Chill-E responsabilizó directamente a la organización del evento por la bajada del evento. “No podemos permitir que la producción tenga un trato denigrante con nosotros y los artistas nacionales que la conforman”, detalló en una declaración publicada firmada junto a los equipos de Polimá y Harry Nach.

En los casos de Harry Nach y Polimá, la organización detalló que ambos no llegaron a la prueba de sonido y que tras ello, no se logró “llegar a un acuerdo a horas del festival”. Ambos se iban a presentar también en el escenario Antártica, pero finalmente ello no ocurrió. Una situación que empaña un evento que destacó por su cartel, pero que en términos de organización dejó muchas situaciones pendientes.

Sobre el entrevero con los artistas, la organización señaló que “en ningún caso hubo algún tipo de trato denigrante hacia ellos. Todo lo contrario, nuestra voluntad siempre ha sido el diálogo y buscar maneras de solucionar este tipo de situaciones, se les ofreció varias posibilidades pero solo querían cerrar el festival a la fuerza”.

Hacia el final, llegó otro reencuentro, el de Paloma Mami, quien no se presentaba en el país desde hace casi dos años. Su show, se basó en su más reciente álbum Sueños de Dalí, con un montaje de factura internacional, que incluyó cuerpo de baile, una bien cuidada puesta en escena y momentos específicos para cada canción. Un espectáculo ambicioso, que la mostraba en una dimensión diferente a la que la conocíamos.

Sin embargo, a ratos se sentía un espectáculo muy esquematizado, lo que le restaba frescura y la potencia necesaria para darle al Festival un cierre inolvidable. Aun así, el salto de la chilena, es un estadio superior al que ya había mostrado, por ejemplo, en su bullado debut en Lollapalooza Chile 2019, cuando era más un fenómeno viral que una artista de mayor calado.

En términos generales, Ritual cumplió con ofrecer un cartel que traía lo más destacado en cuanto a lo que escucha el público veinteañero, con números más calados para la audiencia, así como el acierto de traer artistas que aventuran una relación larga y fructífera con el país (el caso de Bandalos Chinos). Sin embargo, las polémicas con las bajadas de los artistas urbanos, y los problemas de organización para acceder a comprar y las filas en los accesos, se plantean como dos asuntos a resolver y que bien pudieron dejar sombras sobre un evento que a primera vista, tenía mucho para ofrecer.

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