Escapó de Rusia disfrazada de repartidora: la historia de Maria Aliójina, la Pussy Riot que huyó de su país

Maria Aliójina, una de las fundadoras del colectivo de artistas feministas, se fugó de su arresto domicilio vestida de repartidora de delivery y, tras recibir ayuda de varios amigos, logró llegar hasta Lituania. Hoy se prepara para iniciar una serie de conciertos por Europa, recargando su artillería en contra de Vladimir Putin, sobre quien dice: “No es peligroso. Son peligrosas las cosas de las que dispone”.



Todo se remonta al 21 de febrero de 2012. Maria Aliójina –junto a Nadia Tolokónnikova y Yekaterina Samutsévic– entró a la catedral de Cristo Salvador de Moscú con su rostro cubierto con un pasamontaña de color y la idea de orquestar una performance en contra de la iglesia y el régimen de Vladimir Putin.

El acto en que interpretaron Punk prayer (Oración punk) dio la vuelta al mundo, así como el nombre del colectivo: Pussy Riot. En el plano local ese episodio desató la furia de los sectores conservadores y seis meses después una jueza condenó a las tres mujeres a dos años de cárcel por “vandalismo organizado”, en medio de la indignación de los seguidores de la agrupación feminista.

Esa dura experiencia privada de libertad luego la volcó a las páginas de un libro: Riot days (2017), donde –con sarcasmo y humor negro– Aliójina denunció las malas condiciones del sistema penitenciario ruso e incluyó extractos de su propio diario en la cárcel.

Pussy-Riot
Maria Aliójina, a la izquierda, junto a sus compañeras en Pussy Riot.

Aquella publicación ahora sirve de inspiración para una gira que tendrá a la artista y activista en distintos puntos de Europa, presentando un show que aglutina música en vivo, teatro y video. “Hemos añadido algunas cosas nuevas, como una canción contra la guerra en Ucrania, y también decimos manifiestos e información sobre la situación de los presos políticos en Rusia, que ahora tenemos muchos”, explicó al medio español La Vanguardia sobre la serie de presentaciones que arranca mañana con una parada en Berlín.

La cantante de 33 años, también conocida como Masha, concedió esa entrevista desde Islandia, su más reciente destino desde que en abril, contra lo que alguna vez ella expresó, finalmente decidió abandonar su país. Las recientes circunstancias que enfrenta su nación de origen la obligaron a cambiar de opinión y ejecutar un plan que, según ha reconocido, “suena como a una novela de espías”.

Aliójina se ha manifestado en contra del régimen de Putin en las calles y en las redes sociales, enfrentando la represión que impone el Kremlin. Eso ha tenido como resultado que desde 2021 ha sido encarcelada al menos seis veces, cada una por un lapso de 15 días. El mes pasado se dictaminó que el arresto domiciliario a la que estaba sometida se cambiaría por 21 días en un centro penitenciario, momento en que optó por activar una idea para concretar su huida.

Vestida de repartidora de delivery –con un traje verde, como ella compartió en imágenes– y sin celular, se fue de la casa de la amiga que la estaba hospedando y, con la ayuda de otro amigo, llegó hasta la frontera con Bielorrusia. El objetivo era cruzar hasta Lituania, portando un pasaporte de ese país (el suyo le había sido quitado por las autoridades rusas).

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Primero los guardias bielorrusos de la frontera la retuvieron seis horas antes de mandarla de regreso y luego, en un segundo intento, fue enviada de vuelta de inmediato. Sólo al probar por tercera ocasión tuvo éxito. Esta vez contaba con un pasaporte de un país europeo –no se ha detallado cuál– que le daba los mismos derechos que un miembro de la Unión Europea, un documento que obtuvo gracias a las gestiones del artista islandés Ragnar Kjartansson.

De esa manera logró llegar hasta Lituania, desde donde habló con The New York Times y disparó: “No creo que Rusia tenga derecho a existir. Antes había preguntas sobre cómo se une, por cuáles valores se une y hacia dónde se dirige. Pero ahora ya no creo que esa sea una pregunta”. “Tienen miedo porque no pueden controlarnos”, agregó.

Posteriormente, cuando aterrizó en Islandia, fue más directa en sus críticas en contra del mandatario que rige los destinos de su nación. “Putin no me da miedo. No es nadie”, aseguró a El País. “Solo es un tipo que ha ocupado la presidencia en Rusia y ha construido un Estado totalitario fingiendo ser un nuevo Stalin que lucha contra los nazis. No es peligroso. Son peligrosas las cosas de las que dispone. Las bombas atómicas, los misiles. Pero él no es nadie. No ha hecho otra cosa que arruinar el país”.

Luego de su show en Berlín, el itinerario de la gira inspirada en Riot days contempla fechas en Austria, Holanda, Eslovenia, España y Portugal. Las ganancias –el precio de la entrada será decidido por cada asistente– irán en ayuda de la guerra en Ucrania y su fin no es otro que continuar “abriendo los ojos” ante los actos de Putin.

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