Cine hecho por mujeres: guía de películas y directoras indispensables

Cine hecho por mujeres. De izquierda a derecha: Agnès Varda, Claudia Huaiquimilla y Greta Gerwig.
Cine hecho por mujeres. De izquierda a derecha: Agnès Varda, Claudia Huaiquimilla y Greta Gerwig.

La presencia femenina en la industria cinematográfica no es un asunto nuevo. Fueron muchas las mujeres que desde el siglo XX trabajaron por cimentar el camino para tantas otras cineastas que hoy brillan con luz propia. ¿Qué títulos resultan imprescindibles? ¿Qué nombres que hay que tener presentes? ¿Existe, realmente, una sensibilidad que caracterice al cine femenino? Consultados por Culto, un grupo de críticas y críticos comparten algunas recomendaciones.


Alejandra Pinto, crítica de El Agente Cine

Me gusta mucho el cine de Kathryn Bigelow, directora que estuvo a cargo de películas como Point Break (1991) y Vivir al límite (2008), con la que obtuvo el primer Oscar para una mujer en la categoría de Mejor director. Su mirada sobre las masculinidades y la forma en la que estas se desarrollan a través del tiempo resultan interesantes, principalmente por su falta de condescendencia. De alguna forma, Bigelow sabe que hay un sistema que nos lleva a ser quienes somos, y que, por lo tanto, las decisiones sobre lo que vendrá más adelante no dependen sólo de uno de nosotros, sino que de toda la sociedad en conjunto. Sus protagonistas siempre deben enfrentarse a eso, cambiar de paradigma, o vivir con el sesgo. Aquí, nadie está a salvo.

Si observamos nuestros ejemplos más cercanos, las directoras de cine chilenas han logrado hacer lo impensable: instalar ciertos temas en la opinión pública que, si no fuese por ellas, no estarían en la discusión. Ese es el caso de Carolina Moscoso en Visión nocturna, Francina Carbonell con El cielo está rojo, Francina Carbonell con El pacto de Adriana y Nicol Ruiz con La nave del olvido, por dar algunos ejemplos. Su cine es impresionantemente nuestro, contiene relatos ideados desde nuestro país y no le tienen miedo a nada. También podemos incluir a Tiziana Panizza y Lorena Giachino, documentalistas de tremenda trayectoria que permanecen en una búsqueda sensible de nuestro origen. Si queremos ver cine hecho por mujeres, partiría por ellas.

La nave del olvido, película de Nicol Ruiz Benavides.
La nave del olvido, película de Nicol Ruiz Benavides.

El cine hecho por mujeres y disidencias puede ser distinto al que hacen los hombres, principalmente por las experiencias que tenemos diariamente. Por una parte, durante mucho tiempo las historias de las mujeres en su esfera privada fueron silenciadas. La pionera del cine, Alice Guy, sufrió la desaparición de su obra, que incluía temas como el aborto, el feminismo, la maternidad y el poder. Al parecer, nuestros temas no convocaban público. Afortunadamente, la idea de la mujer real fue tomando un poco más de peso, para dejar de ser un objeto de placer visual y convertirnos en protagonistas de nuestro cine. El camino es largo, pero tengo confianza en que iremos hacia adelante.

Antonella Estévez, ex directora de Femcine, editora de CineChile y conductora de Radio Universidad de Chile

Hay dos películas que me parecen interesantes, en términos de cómo toman géneros clásicos y conocidos para darles una vuelta con una perspectiva muy feminista. La primera es El Babadook (2014) de Jennifer Kent, disponible en Filmin y Amazon Prime. Un filme de horror en el que existe el elemento sobrenatural, pero donde, sobre todo, lo que inquieta es la psicología de esta mujer, demandada por los mandatos sociales de ser buena madre, buena trabajadora, buena cuidadora y buena vecina; y cómo todos esos mandatos la hacen, de alguna manera, entregarse a esa locura que la rodea. Creo que es una gran película sobre el luto que vale la pena mucho ver, porque da cuenta de cómo una mirada de mujer puede entregar algo nuevo a un género tan clásico como es el cine de horror.

También me encantaría recomendar Aves de presa (2020) de Cathy Yan, que, para mi gusto, es la película de superhéroes más feminista que se ha hecho hasta ahora. Es un trabajo de DC que sigue las aventuras de Harley Quinn una vez que es abandonada por el Joker, sobre cómo ella, tratando de hacerse un nombre por sí misma, termina cruzándose con otras mujeres poderosas. Y cada una tiene una agenda propia. Me parece muy potente que, en esta película, esa agenda no esté cruzada ni por la maternidad, ni por el amor romántico, sino que por expectativas y metas que tienen los héroes, como la venganza, como el poder, la justicia... Hay que ponerle atención al cine de superhéroes, no desdeñarlo, en términos de su gran nivel de producción, pero también de su gran efecto en la construcción de imaginarios respecto a lo masculino y lo femenino.

Photographer Selects; Cassandra Cain-ELLA JAY BASCO; Dinah Lance/Black Canary-JURNEE SMOLLETT-BELL; Harley Quinn-MARGOT ROBBIE; Helena Bertinelli/Huntress-MARY ELIZABETH WINSTEAD; Renee Montoya-ROSIE PEREZ

Respecto a mujeres a las que hay que conocer, creo que siempre hay que ir a las maestras. El cine de Agnès Varda, una francesa absolutamente innovadora, absolutamente femenista, muy consciente de los recursos cinematográficos desde sus primeras películas. Hay muchos quienes creemos que Agnès Varda fue el antecedente de la Nouvelle vague… Desde ahí en adelante, ella hizo un trabajo tanto en documental como en ficción muy personal, muy consciente del ejercicio cinematográfico. Otra que hay que conocer es Maya Deren, la madre del cine arte, una mujer que entendió que lo que a ella le interesaba hacer no era algo que a Hollywood le interesaba hacer. Que su formato y su manera de hacer cine era algo que tenía que encontrar otros caminos, y ella fue de las pioneras en pensar cine para los museos, cine para las universidades. Sus películas se pueden encontrar en Youtube, son muy accesibles.

Y por supuesto que hay nombrar a las chilenas. Tenemos maestras en el cine chileno. Nieves Jancovic, que gracias a la Cineteca Nacional podemos ver sus trabajos... Todas las mujeres que vinieron en los 60: Angelina Vásquez, Valeria Sarmiento, Marilú Mallet, por nombrar algunas. Más contemporáneas, a mí me encanta lo que hace Claudia Huaiquimilla, soy muy fan de Alicia Cherson, de Dominga Sotomayor, de Marialy Rivas, sólo por nombrar autoras de ficción. Luego, en documental, hay un tremendo grupo de mujeres alucinantes que están haciendo cosas muy, muy interesantes por el cine latinoamericano.

Un sueño como de colores, película debut de Valeria Sarmiento. Gentileza del Cineclub de la Universidad de Chile.
Un sueño como de colores, película debut de Valeria Sarmiento. Gentileza del Cineclub de la Universidad de Chile.

La pregunta por las particularidades del cine femenino es una que me hicieron mucho mientras era directora de Femcine. Y yo creo que, más que con la mirada femenina, tiene que ver con nuestros entrenamientos sociales. Es una de las cosas que hace la ideología de género: separar a partir de los genitales las habilidades que se supone hombres y mujeres podemos tener. A las mujeres se nos entrena en la empatía, en la escucha, en el cuidado, en estar muy conscientes del otro. Y en ese entrenamiento, creo que el cine hecho por mujeres tiene mucho de esas cosas. Es un cine que se pregunta por el por qué sus personajes, se pregunta por su mundo interior, su cuestionamiento del destino.

Puede haber ahí algo que es interesante, pero también pienso que no es exclusivo de quienes nos pensamos como mujeres. Me parece que esa es una posibilidad del ser humano. Ser empático, preguntarse respecto a la realidad del otro. Y creo que también hay hombres que han demostrado que pueden hacer ese ejercicio cinematográfico. Pienso en Sebastián Lelio, por ejemplo, como el nombre de un varón hetero cis que trabaja desde ese lugar. Y también hay mujeres que pueden ser absolutamente patriarcales en sus relatos.

Cristian Briones, dueño de la tienda Fílmico

En cuanto a películas, dejo dos a elección: La isla de Bergman (2021), escrita y dirigida por Mia Hansen-Løve, disponible en MUBI. Una pareja de cineastas que se van a Faro, La Isla De Bergman, a desarrollar sus proyectos propios. Mia Hansen-Løve aborda las diferencias en los procesos creativos, fundiendo biografía, (eran pareja con Olivier Assayas en ese momento) con el culto a Bergman y la ficción dentro de la misma ficción. Una película que se sostiene en los constantes cambios de puntos de vistas de la misma autora conforme la película progresa.

Y Grave (2016), escrita y dirigida por Julia Ducournau. Disponible para arriendo en Google y también en formato físico, que narra la historia de una joven estudiante de veterinaria pasa de ser vegetariana a desear consumir carne humana. Un comentario fílmico sobre la madurez sexual, los sacrificios que se hacen para encajar en la sociedad y finalmente, cuánto se entrega de uno mismo en una relación familiar o de pareja. Tremendo debut en el terror de una de las cineastas más intrigantes del último tiempo.

Grave, película de Julia Ducournau
Grave, película de Julia Ducournau

La recomendación de directoras es larga: Jennifer Kent y Julia Ducournau en terror, que siempre aporta mucho en este apartado. De las francesas, la mencionada Mia Hansen-Love y Céline Sciamma (su trilogía de Coming Of Age es bellísima, y Retrato de una mujer en llamas [2019], indispensable). La canadiense Sarah Polley, la norteamericana Nicole Holofcener, quizás una de las miradas más inquietantes del suburbio de clase media en USA. Y debo mencionar a Claudia Huaiquimilla, uno de los aportes a la ficción chilena más honestos y disruptivos del último tiempo.

Sobre lo que distingue al cine femenino, aunque da mucho gusto ver una mirada distinta, (la “misma vieja historia” deja de serlo cuando la cuenta alguien de “otro mundo”), no diría que necesariamente esto se traduce en la narrativa. Con todo lo que me gusta Kathryn Bigelow, no diría que tiene una mirada distinta a la de otros directores. Gina Prince-Bythewood se decanta más por la mirada afroamericana, Susanne Bier por la conciencia culpable del primer mundo, etc.

Creo que tiene más que ver con el cómo vacían sus miradas de la sociedad, que en la narrativa propiamente tal. Quizás el mejor ejemplo sería alguien como Sarah Polley. Su filmografía está muy definida por su propia historia, una que cuenta (de manera muy descarnada) en Las historias que contamos (2012). De alguna manera, el cine de directoras no tiene (o tenía) el nivel de militancia que tiene el cine hecho por afroamericanos o disidencias sexuales, por ejemplo... todavía. Y puede que nos haga falta.

Paula Frederick, conductora y comentarista de cine en Radio Duna

Además de Perdidos en Tokio (2003), (película amadísima de la que ya se ha escrito bastante), y El seductor (2017) me quedo con Las Vírgenes Suicidas (1999), ópera prima de Sofia Coppola. En ese primer momento, la directora define el fulcro de todas sus películas venideras: mujeres poderosas que observan, a veces escondidas, pero siempre con mirada certera. Que parecen dejar la vida transcurrir, pero sólo se están preparando para brillar y cambiar su entorno de manera definitiva.

La historia de las hermanas Lisbon, todas bellas, luminosas y suicidas, contrasta con la realidad en la que viven, el seno de una familia conservadora en el Michigan de los 70, que no las deja ser libres. Entonces, el único acto de rebeldía posible es dejar este mundo. Una película delicada y brutal, con música de la gran Carol King y una Kristen Dunst de 16 años que brilla con luz propia.

sofia-coppola

Para entender el cine, no solo femenino sino mundial, hay que conocer a Agnés Varda. Directora francesa, mujer pionera en la historia del cine, la gran voz femenina de la Nouvelle Vague. Su cine, lleno de sensibilidad, contemplación y nuevos comienzos, se construye en blanco negro y colores, en risas y drama, deconstruyendo los matices de su propia vida. Sin abandonar nunca ese espíritu, nos dejó joyas como La pointe courte (1955), Cleo de 5 a 7 (1962), La Felicidad (1965) y Las Criaturas (1966).

De sus últimas películas, destaco Rostros y lugares (2017), encuentro mágico y definitivo entre Agnés y el artista francés JR, cuando ella tenía 89 años y él, 35. Un documental on the road que indaga en las diversas formas de mirar, mientras recorre pueblos de Francia y retrata los rostros de quienes encuentran en el camino, para luego imprimirlos en tamaño gigante y plasmarlas en los muros del lugar donde habitan. Una obra en esencia teórica, pero de una naturalidad conmovedora, que observa al ser humano a través de todos los lentes posibles. Cada imagen es una clase de perspectiva, sutileza y color, en clave pictórica. Cada fotograma, un placer y una renuncia, porque no queremos dejar de verlo para pasar al siguiente. Aunque Agnés moriría poco después, su película no suena a despedida, sino que da la bienvenida a un nuevo mundo creado por ella.

Otra realizadora que hay que tener en el radar es Greta Gerwig, protagonista de la maravillosa Frances Ha (2012) y directora de Barbie (2023). De sus películas, recomiendo Lady Bird (2017) y su versión de Mujercitas (2019), donde Saoirse Ronan se luce en el papel de Jo, uno de los personajes femeninos más relevantes de la literatura y el cine mundial. La representación que hace Gerwig del clásico de Louisa May Alcott, une la ruta de la escritora Jo con la suya propia, en la lucha de ambas por abrirse paso en un mundo reservado a los hombres. A pesar del camino recorrido, Mujercitas de Greta Gerwig resalta de manera virtuosa su principal postulado: desde aquellos años, las cosas no han cambiado demasiado. Quizás las batallas sean otras, pero la esencia es la misma. El relato de Greta Gerwig se construye de varias dimensiones: un pasado colorido y con filtro de fábula, donde la infancia era el refugio de los sueños y un presente de colores más fríos que endurece el temple de las protagonistas y las enfrenta con el mundo real. Dos planos narrativos que se entrelazan de manera fluida, creando una dimensión mágica donde las March se mueven con libertad.

Mujercitas

El virtuosismo cinematográfico, la técnica, la narración o la fluidez del guion, no necesariamente depende del género. Lo que cambia en los ojos de una mujer, creo, es la elección del pedazo de la realidad que se quiere mostrar. Y la profundidad con que se muestra este fragmento. La dirección femenina se destaca por trasparentar su instinto, por plasmarlo en un punto de vista, que se refleja en el vínculo con los personajes, especialmente los femeninos. Una mujer tras la cámara se revela en el nivel de empatía que genera con lo que filma, la delicadeza con que retrata cada matiz, cada gesto. Las mujeres vemos la vida de forma distinta, una que solo nosotras conocemos. Y el cine nos permite revelar ese secreto.

Sol Márquez, periodista cultural y columnista en Radio Universo

La Ciénaga (2001) de Lucrecia Martel me voló la cabeza y siento que marcó un antes y un después en mi relación con el cine y sus infinitas posibilidades. Es una celebración de las imágenes y su poder; lo que son capaces de construir, ocultar, insinuar. Y me encanta que se presenta como un conjunto visual y sonoro que te va atrapando tal como sus protagonistas están atrapados en este lugar que parece detenido en el tiempo. Son imágenes autoconscientes, que son parte de un universo de imágenes con citas e intertextos a la TV, la fotografía y más. Es puro cine.

En cuanto a nombres de directoras, Kelly Reichardt tiene una filmografía re interesante que pone al centro la forma en que los humanos nos relacionamos y vinculamos (o no), con otros. La conocí a través de Old Joy (2006) y me llamó la atención ver en pantalla la relación entre dos amigos, las distancias que el tiempo había generado, desde un lugar sincero y tan íntimo. Son películas minimalistas, que hablan de las dificultades del día a día y que, además, lo hacen de una forma hermosa.

Old Joy, película de Kelly Reichardt
Old Joy, película de Kelly Reichardt

Y Nora Ephron, que usó la comedia para hablar de vulnerabilidad y conexión, con una misma, con una pareja, con las amigas. Su filmografía me hace sentir muy acompañada y, de hecho, fue gracias a Julie & Julia (2009), que volví al cine y a cocinar después de mucho tiempo.

Sobre el cine hecho por mujeres, no sé si se puede hablar de una característica específica, sino más bien se trata de un punto de vista distinto al que estamos acostumbradas y acostumbrados a ver del cine dirigido por hombres. Porque históricamente, el cine ha sido un espacio dominado por hombres, donde se estandarizan roles y formatos narrativos. Creo que es fundamental que coexistan diversas miradas, que pueden abordar historias de formas completamente diferentes. Refieren a otras experiencias de vida, puntos de vista, formas de enfrentar un relato y claro, también dar cuenta de historias que se han silenciado porque a la industria no le parecen relevantes. Y especialmente, creo que permite la posibilidad de cuestionar estereotipos. Estoy pensando en lo que hizo Greta Gerwig con el personaje de Amy en Mujercitas (2019) y cómo lo saca de ese lugar de prejuicio que la encasilló en la frivolidad. Y lo que hace con Jo al subvertir la obligación de estar en pareja como la única posibilidad para lograr un final feliz.

Little women, 2019

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