Culto

Einstein más allá de la relatividad: sus duras críticas al capitalismo, la bomba atómica y el declive moral

A través de sus últimos ensayos, el genio alemán se revela como un humanista radical: defiende el socialismo frente a la 'paralización social' del lucro, advierte con culpa sobre el peligro existencial de las armas nucleares y analiza el deterioro ético de Occidente, proponiendo un modelo donde la educación y la solidaridad frenen el ascenso de la tiranía y la burocracia.

Albert Einstein no solo fue uno de los científicos más renombrados de su época, ganador del Premio Nobel de Física (1921) y padre de la teoría de la relatividad general, sino que se convirtió en un sabio muy popular y conocido. Por lo mismo, su obra y su actividad pública comenzó a trascender lo científico hacia el pensamiento sobre otras materias, en concreto, sobre las problemáticas de su tiempo, los dilemas morales, políticos y filosóficos.

Así, sobre todo en el otoño de su vida, entre 1934 y 1950 -ya radicado en Estados Unidos-, Einstein acumuló ensayos, discursos y artículos sobre los problemas de su época. Hoy la editorial chilena Alquimia Ediciones los reúne bajo el título Mis últimos años.

Por ejemplo, en un escrito que tituló Declive moral, habló sobre su tiempo. “La unidad esencial de las instituciones culturales eclesiásticas y seculares se perdió durante el siglo XIX, hasta el punto de una hostilidad sin sentido. Sin embargo, nunca hubo duda alguna respecto al anhelo de la cultura. Nadie ponía en duda la sacralidad del objetivo. Fue el enfoque el que fue cuestionado”.

“Sin embargo, hoy en día debemos reconocer con horror que estos pilares de la existencia humana civilizada han perdido su firmeza. Naciones que alguna vez fueron destacadas se inclinan ante tiranos que se atreven a afirmar abiertamente: ¡Lo justo es aquello que nos sirve! La búsqueda de la verdad por su propio bien no es justificada y no debe ser tolerada. Regla arbitraria, opresión, persecución de individuos, credos y comunidades son abiertamente practicadas en esos países y aceptadas como justificables o inevitables".

En otro escrito, titulado La moralidad y las emociones, habló sobre la moral en su tiempo. “Todo está dominado por el culto de la eficacia y el éxito, y no por el valor de las cosas y el ser humano en relación a los objetivos morales de la sociedad. A eso hay que sumarle el deterioro de la moralidad como resultado de una brutal lucha económica. El cultivo deliberado del sentido moral también fuera de la esfera religiosa, sin embargo, también debiera ayudar en esto, llevar al hombre a considerar los problemas sociales como una oportunidad para servir con alegría hacia una mejor vida. Mirado desde un punto de vista simple, la conducta moral no significa solamente una demanda estricta a renunciar a los placeres de la vida, sino que a un interés solidario por una vida más feliz para toda la humanidad”.

Incluso pensó sobre economía política, y en un ensayo titulado ¿Por qué socialismo? defendió el modelo que por entonces adoptaban los países de Europa del este. “El motivo del lucro, junto con la competencia entre capitalistas, es responsable de la inestabilidad en la acumulación y utilización del capital, lo que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un enorme desperdicio de trabajo y a la paralización de la conciencia social de los individuos”.

Foto: Albert Einstein

“Estoy convencido de que solo hay un camino para eliminar estos graves males: mediante el establecimiento de una economía socialista, acompañada de un sistema educativo orientado hacia objetivos sociales. En tal economía, los medios de producción son propiedad de la sociedad misma y se utilizan de manera planificada. Una economía planificada, que ajusta la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo entre todos aquellos capaces de trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer y niño. La educación del individuo, además de promover sus capacidades innatas, intentaría desarrollar en él un sentido de responsabilidad hacia sus pares, en lugar de la glorificación del poder y del éxito que caracteriza a nuestra sociedad actual”.

Eso sí, Einstein hacía un matiz en la economía planificada, claramente enfocándose en la entonces Unión Soviética. Es decir, buscaba un socialismo democrático, distanciándose del autoritarismo estalinista que ya era evidente en esa época: “Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada, como tal, puede ir acompañada de una completa esclavización del individuo. La realización del socialismo requiere la solución de algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, dada la profunda centralización del poder político y económico, impedir que la burocracia se vuelva todopoderosa y arrogante?, ¿Cómo pueden protegerse los derechos del individuo y, con ello, asegurarse un contrapeso democrático al poder de la burocracia?“.

Foto: Albert Einstein.

Einstein también opinó sobre la bomba atómica, en 1945, en un ensayo titulado La guerra está ganada, pero no la paz, en alusión al fin de la Segunda Guerra Mundial y al Proyecto Manhattan. Sus conclusiones fueron tajantes. “Hoy, los físicos que participaron en la creación del arma más formidable y peligrosa de todos los tiempos están acosados por un sentimiento equivalente de responsabilidad, por no decir de culpa. Y no podemos dejar de advertir, y advertir una y otra vez; no podemos ni debemos aflojar nuestros esfuerzos para hacer que las naciones del mundo, y especialmente sus gobiernos, sean conscientes del desastre indescriptible que seguramente provocarán a menos que cambien su actitud entre sí y hacia la tarea de moldear el futuro. Ayudamos a crear esta nueva arma para evitar que los enemigos de la humanidad la lograran antes que nosotros, lo que, dada la mentalidad de los nazis, habría significado una destrucción inconcebible y la esclavización del resto del mundo”.

“Entregamos esta arma en manos del pueblo estadounidense y británico como fiduciarios de toda la humanidad, como luchadores por la paz y la libertad. Pero hasta ahora no vemos ninguna garantía de paz, no vemos ninguna garantía de las libertades que se prometieron a las naciones en la Carta del Atlántico. La guerra está ganada, pero la paz no lo está. Las grandes potencias, unidas en la lucha, están ahora divididas respecto a los acuerdos de paz. Al mundo se le prometió libertad frente al miedo, pero, de hecho, el miedo ha aumentado tremendamente desde la finalización de la guerra. Al mundo se le prometió libertad frente a la carencia, pero grandes partes del mundo enfrentan la hambruna”.

Albert Einstein y Robert Oppenheimer

Además, Einstein era profundamente pacifista. En un ensayo titulado Sobre el servicio militar, reflexionó sobre esto. “Me mantengo firme en el principio de que una verdadera solución al problema del pacifismo solo puede lograrse a través de la organización de un tribunal internacional de arbitraje que, a diferencia de la actual Sociedad de Naciones en Ginebra, disponga de los medios para hacer cumplir sus decisiones. En pocas palabras, un tribunal internacional de justicia con un establecimiento militar permanente o, mejor aún, con una fuerza policial”.

Tomando como punto de partida esta convicción fundamental, apoyo toda medida que me parezca capaz de acercar a la humanidad a este objetivo. Hasta hace pocos años, la negativa a portar armas por parte de personas valientes y abnegadas constituía una medida de este tipo; ya no lo es, especialmente en Europa, y no es un medio que deba recomendarse. Cuando las grandes potencias tenían gobiernos casi igualmente democráticos, y cuando ninguna de estas potencias basaba sus planes futuros en la agresión militar, la negativa de un número bastante considerable de ciudadanos a cumplir el servicio militar podría haber inducido a los gobiernos de estas potencias a mirar favorablemente el arbitraje legal internacional. Además, tales negativas tendían a educar a la opinión pública hacia un pacifismo real. La opinión pública llegaba a considerar opresión cualquier presión ejercida por el Estado sobre sus ciudadanos para obligarlos a cumplir sus obligaciones militares, además de considerar dicha presión como poco ética desde el punto de vista moral”.

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