Jodie Comer: “Killing Eve permitió que la gente me viera desde muchas perspectivas diferentes”
Tras ganar prácticamente todos los premios del teatro con el monólogo Prima Facie, la actriz inglesa tiene un rol central en La Muerte de Robin Hood, película que reinterpreta al icónico forajido como un hombre sombrío y atormentado. En entrevista con Culto, repasa su carrera y los pormenores de su último filme, que llega a cines chilenos este jueves 20. “Su brutalidad me sorprendió bastante”, afirma.
“Está soleado, pero nublado”, dice Jodie Comer (Liverpool, 1993) al otro lado de la videollamada mientras contempla por la ventana el tiempo que le ofrece Londres en plena primavera. Sonriente, la actriz que alcanzó fama mundial con la serie Killing Eve se hace un espacio en su agenda para atender a Culto y explayarse sobre su carrera, los premios y su estreno más reciente, La muerte de Robin Hood, que debutará el próximo jueves 20 en cines chilenos.
Dirigido y escrito por Michael Sarnoski, el filme imagina a Hood (Hugh Jackman) como un sombrío y atormentado personaje que es perseguido por los familiares de las víctimas que ha apilado a lo largo de su trayectoria. Al principio de la cinta, después de que el forajido sufre graves heridas en un enfrentamiento, llega en malas condiciones a las manos de la hermana Brigid (Jodie Comer), la monja a cargo de un convento rural, quien acepta brindarle los cuidados de rigor.
“Ha sido una experiencia realmente hermosa –explica a través de Zoom– Vi la película hace un tiempo, y me impactó mucho su sutileza y su belleza. Me sentí muy orgullosa de haber formado parte de ella de alguna manera”.
La actriz inglesa no se mueve por la vida intentando aparentar. Con una dosis de humor, reconoce –por ejemplo– que, antes de recibir esta oferta, la referencia de Robin Hood con la que estaba más familiarizada era el éxito animado Shrek (2001), donde “Monsieur Hood” intenta seducir a la princesa Fiona y, con la ayuda de sus mosqueteros, entona una canción.
Atraída por la calidad del guión de Sarnoski –el mismo realizador detrás de Pig (2021) y Un lugar en silencio: Día uno (2024)–, se encontró con un personaje que le despertó fascinación: una curandera y religiosa que debe dejar atrás cualquier deseo de venganza para continuar adelante y completar una labor ancestral.
Con el fin de entrar en esa mentalidad, leyó sobre las mujeres dedicadas a la atención médica y a los cuidados esenciales en el siglo XIII. “Existía esta noción de estar conectado a algo mucho más grande. Y se le daba una gran importancia a la mente y al cuerpo. Era fundamental que el paciente tuviera esperanza y recibiera ayuda para mantenerse en un estado de positividad. Sentían que eso era fundamental para que la persona mejorara. Por eso ves a Brigid citando o contando historias o rezando. Yo no era consciente de eso”, indica.
“Ahora, especialmente en el ámbito de la salud, o bien la gente tiene un enfoque muy holístico, o bien se basa mucho en la ciencia. Y es interesante cómo esas dos cosas se han distanciado tanto. Así que me encantó leer sobre todo eso y reconstruir la historia a partir de todo ello”, añade.
Así como le gustó la sustancia que identificó en su rol, también se entusiasmó con la transformación de su principal compañero de escenas. “Hugh (Jackman) obviamente es una superestrella y es muy famoso, pero siento que la gente no lo ha visto en esta faceta, interpretando este tipo de personaje”, apunta.
-¿Hay algo de Hugh Jackman que le haya sorprendido en particular?
Es una persona muy sencilla, algo que ya se percibe al verlo en las entrevistas, pero conocerlo y ver lo amable y presente que es con cada miembro del equipo de rodaje... Está ahí por el trabajo, se preocupa por él con total compromiso, y fue realmente bonito apreciar que siga siendo tan auténtico a pesar de todo lo que imagino que debe ser tener ese nivel de fama.
-A pesar de ser brutal y sangrienta, La muerte de Robin Hood logra resultar emotiva. ¿En qué momento del proceso descubrió que la película sería más que vísceras y sangre?
La brutalidad me sorprendió bastante, la verdad. Tengo que decir que cuando vi la película, los primeros 20 minutos, me pareció hermosa, pero pensé: ¡Dios mío! Casi no podía respirar, pero en todo momento había una ternura presente en los diálogos de Michael (Sarnoski). La mayoría de los momentos entre ellos dos (Robin Hood y Brigid) son muy íntimos, y eso estaba muy presente en el guión. Como con cualquier protagonista, creo que uno emprende un viaje junto a ellos, y siento que Robin al principio del filme es un hombre muy diferente al del final. Llega a Brigid como alguien bastante cerrado, insensible y reacio, y luego el hombre al final parece muy, muy diferente. Sinceramente, creo que esa es una habilidad maravillosa de Michael, la de poder mostrar ambas cosas a la vez.
-La película es una reflexión sobre la violencia. ¿De qué manera cree que eso resuena en el mundo actual?
Supongo que la violencia es un elemento clave. Creo que también trata sobre nuestra propia relación con el pasado, con el arrepentimiento. ¿Cómo eso se relaciona con la actualidad? Creo que la gente se identificará con esta historia más que con otras versiones porque siento que Robin Hood (antes de esta película) siempre se ha proyectado como un héroe en algún sentido. Esta se siente como una exploración mucho más audaz y realista de la oscuridad que hay dentro de él y que está dentro de todos nosotros en cierto nivel, algo de lo que creo nos gusta huir.
“Hay mucho miedo en el mundo ahora mismo. Esa es probablemente otra forma en que supongo que la gente se relacionará con el miedo, pero ojalá la gente se quede con la esperanza. Creo que muchos de los problemas de Robin son internos porque tiene que enfrentarse a su propia conciencia y hacer las paces con la vida que ha vivido y las decisiones que ha tomado. Y eso puede ser lo más difícil a veces para todos nosotros, y es realmente interesante ver cómo finalmente encuentra ese momento”.
Códigos propios
Tras irrumpir en la arena internacional con Killing Eve, la serie en la que encarnó a la impredecible asesina Villanelle (y por la que ganó un Emmy), Comer se ha esmerado en seleccionar sus siguientes papeles con pinzas, descartando elegir únicamente proyectos de vocación comercial pura y dura. Ha admitido que necesita que sus roles le brinden espacio para desarrollar un ejercicio de introspección, ya sea la madre moribunda de Exterminio: La evolución (2025) o a una taxidermista en el inminente musical Stuffed.
El caso más emblemático –hasta ahora– es Prima facie, el monólogo en el que interpreta a una abogada especializada en la defensa de hombres acusados de agresión sexual que cambia completamente de perspectiva cuando ella misma es agredida sexualmente. Estrenado en el West End en 2022 y en Broadway en 2023, el montaje marcó su debut en las tablas. Fue un triunfo rotundo en todas las dimensiones, en premios de la industria –obtuvo el Olivier y el Tony– y en el reconocimiento del público, con centenares de mujeres compartiendo sus propias historias a través de cartas.
-Durante estos últimos años ha colaborado con cineastas muy destacados y ha triunfado en el teatro. ¿Ha tenido la oportunidad de reflexionar sobre el impacto que tuvo Killing Eve en su carrera?
Sí, reflexiono sobre ello. Es curioso que cada vez que me preguntan por Killing Eve, lo primero que digo es que ese personaje y esa serie fueron un catalizador para mí en muchos sentidos. Villanelle era una joya tan inusual. Era tan multifacética que no se la podía encasillar. Creo que eso permitió que la gente me viera desde muchas perspectivas diferentes. Siento que he tenido la gran suerte de poder interpretar a mujeres muy diferentes a lo largo de mi carrera. Fue un lugar increíble para incorporar aprendizaje; aprendí muchísimo en esa serie. Y es genial cuando viajas por el mundo y Villanelle aparece tanto. Piensas en que realmente dejó una huella. La serie realmente viajó mucho. Eso no suele pasar, por lo que si tienes la suerte de formar parte de una obra, de un proyecto como este, que tenga ese tipo de resonancia o entretenga a la gente de esa manera, es genial.
-En otras ocasiones ha hablado sobre que no tener una formación tradicional como actriz fue un factor para no ser seleccionada en algunas obras de teatro. ¿Cree que, después del éxito de Prima facie, eso cambió?
Espero que sí (se ríe). Si aún tengo que demostrar mi valía... Me gustaría pensar que me he ganado mi lugar en el teatro. Pero fue una experiencia maravillosa. Hubo muchas audiciones en las que me dijeron que no, y muchas veces la razón era que no tenía formación clásica. Pero luego, cuando conocí a Justin Martin para hacer Prima facie, me encontré con un director que no lo veía como un obstáculo ni un inconveniente. Supongo que yo confiaba lo suficiente en la capacidad de él para guiarme, y me siento muy afortunada de haber tenido esa oportunidad. Así que me encantaría hacer más teatro, aunque voy a tomarme un pequeño descanso porque han sido un par de años ajetreados con Prima facie. Pero tengo muchísimas ganas de que llegue la próxima vez que lea algo que me estimulé y piense que tengo que volver al teatro.
-¿Qué importancia le da a los premios? ¿Qué significó ganar el Olivier y el Tony?
Fueron momentos preciosos. Los premios no son algo en lo que pienses cuando estás en pleno proceso de creación de un personaje, ya sea en un set de filmación o en el teatro. Es un gran honor ser reconocido, sobre todo por tus compañeros y por personas a las que admiras. Así que siempre se sienten como una recompensa increíble. Si haces algo por lo que te reconocen y resulta que es tu momento, es maravilloso. Pero no mido mi valía por eso. Si logro algo, o si no lo logro, eso no cambia mi autoestima en absoluto.
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