Linternas: no es país para superhéroes
Linternas, de HBO Max, se interesa menos por resolver la pregunta canónica, ¿quién salvará el universo? e indaga en una bastante más incómoda: ¿hasta qué punto se puede vivir de lo que fuimos en el pasado?
¿Qué es lo que define a un héroe? ¿Sus poderes sobrenaturales? ¿O enfrentar situaciones cotidianas de manera extraordinaria? No olvidemos que, aunque a veces no parezca, la mayoría de los superhéroes también son humanos. Capaces de mezclarse entre los mortales como si nada, mientras escalan paredes o salen volando por la ventana. Lo que puede generar empatía, identificación y, al mismo tiempo, permite admirarlos como si fueran de otro mundo. Y, por qué no, fantasear con que un día podamos descubrir nuestro propio superpoder.
Si nos muestran sus debilidades, mejor aún. Cansancio, hastío, el paso de la edad y del tiempo que, inevitablemente, nos llega a humanos y superhéroes. Ahí radica el verdadero poder de Linternas, la nueva entrega de HBO Max que recupera a uno de los grandes personajes de DC Comics: el linterna verde Hal Jordan. La serie, de ocho episodios y creada por Damon Lindelof y Chris Mundy, genera una alquimia improbable pero necesaria, entre Watchmen, western contemporáneo, True detective y los códigos del cine policial clásico. Básicamente, la dupla policial que se detesta, pero no puede prescindir del otro.
Este Hal Jordan (Kyle Chandler) no está en su mejor momento. Es un héroe venido a menos, cínico y demasiado consciente de sus propios años de gloria. Su contraparte es John Stewart (Aaron Pierre), joven, disciplinado y entusiasta, que desde niño lo admiró y ahora debe aprender de él. “Nunca conozcas a tus ídolos”, dicen. Algo así le pasa a nuestro aprendiz. Pero, la verdad, es que no tiene mucha opción, pues Hal es
La investigación los lleva hasta un pequeño pueblo de Nebraska donde un extraño asesinato, ocurrido durante un partido de fútbol americano, parece tener algo más detrás. Pronto aparecen las criaturas extraterrestres, los sheriffs desconfiados, las milicias armadas, el racismo, los terratenientes poderosos y todos esos secretos que suelen esconder los pueblos donde, como sabemos, nadie es completamente inocente.
Aparece, por supuesto, el anillo verde, objeto que convierte a sus portadores en miembros de un cuerpo policial intergaláctico encargado de mantener el orden en los 3.600 sectores del universo. Hal lo maneja como si fuera una extensión natural de su cuerpo. John, en cambio, todavía está aprendiendo. Y mientras uno intenta transmitirle su experiencia, el otro empieza a preguntarse cuánto de esa experiencia sigue siendo digna de admiración.
Linternas se interesa menos por resolver la pregunta canónica, ¿quién salvará el universo? e indaga en una bastante más incómoda: ¿hasta qué punto se puede vivir de lo que fuimos en el pasado? Ahí, el personaje de Kyle Chandler adquiere otra dimensión. Hal no es solamente un héroe cansado que traspasa su reinado. Es alguien que ha visto demasiado y tiene que aprender a vivir con lo que vió. Y esa lucha interna se traslapa a la dialéctica con el espectador. Porque los tiempos han cambiado, y la relación con nuestros ídolos, también.
Al igual que el protagonista, la serie todavía tiene trabajo pendiente. Volar alto y no estrellarse en el intento, llevando como estandarte un género que ha tenido altos y bajos en el último tiempo, y que para muchos es un formato gastado, que vive de glorias pasadas. Además, demostrar sí la apuesta resistirá los ocho capítulos prometidos en su primera temporada.
Por ahora, sale airosa de su principal misión planetaria: humanizar una historia sobre seres sobrehumanos. Y alimentar la ilusión de que todos podemos ser héroes, aunque sea por un día.
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