Culto

Aviones, armas soviéticas y espías: cómo Chile contuvo la amenaza de invasión peruana en los 70

En su nuevo libro Más allá de la Concordia, el escritor Guillermo Parvex reconstruye la silenciosa red de informantes que operó entre 1971 y 1979 para alertar sobre los planes expansionistas de Lima. Desde la fallida compra de armas a la URSS hasta vuelos secretos de reconocimiento, las claves de un período en que ambos países estuvieron al borde de la guerra.

El rumor comenzó a llegar a los altos mandos del Ejército de Chile, y era de esos incómodos. A pesar de la afinidad que el régimen del general Juan Velasco Alvarado mantenía con Salvador Allende, lo cierto es que en la oficialidad peruana comenzaba a tomar cuerpo la idea de recuperar las llamadas “provincias cautivas” de Arica y Tarapacá antes del centenario de la Guerra del Pacífico. En un principio, el mismo Allende se resistió a creerlo, pero cuando las informaciones fueron cada vez más certeras, el gobierno inició un plan con el fin de obtener información secreta desde el Perú. Fue la creación de una red de civiles como actuaron como informantes para Chile entre 1971 y 1979. Los años en que Perú estuvo muy cerca de invadir nuestro país.

La historia de esa red la recoge el periodista Guillermo Parvex en su libro Más allá de la Concordia (Ediciones B), en el que relata las vicisitudes y esfuerzos de una silenciosa trama de agentes, informantes que reclutados en lugares tan insólitos como bares o aeropuertos, y aprovechando oportunidades inesperadas, fue capaz de entregar valiosa información a Chile.

“La investigación comienza hace varios años, atando cabos sueltos de las acciones secretas realizadas por Chile en Perú, en una época de extraordinaria tensión. Fui recogiendo testimonios a lo largo del tiempo, porque deseaba dar a conocer un aspecto poco explorado de la historia reciente. Fue una difícil tarea dar con algunos de los protagonistas o con la información que transmitieron a sus familiares. Ello fue complementado con la revisión de cientos de documentos militares y diplomáticos”, señala Parvex a Culto, el célebre autor best seller de divulgación histórica como Un veterano de tres guerras.

Salvador Allende, Juan Velasco Alvarado y Clodomiro Almeyda, en la visita oficial a Perú, de 1972.

“Efectivamente existía inicialmente una afinidad política, pero en 1971 comienza a fisurarse. No fue posible estrechar relaciones ni siquiera después del viaje de Allende a Lima en septiembre de ese mismo año. La desconfianza de parte del gobierno chileno fue en aumento, en la misma medida que se seguían recibiendo antecedentes sobre la preparación de las fuerzas armadas peruanas para recuperar Tarapacá mediante una invasión. El accionar de inteligencia chilena fue una reacción a los planes expansionistas o reivindicatorios peruanos y no un motivo del enfriamiento de relaciones entre ambos países”.

A través de testimonios y documentación reservada, Parvex logró reconstruir a esta intrincada red de agentes. “Aunque fueron agentes de guante blanco, es decir nunca recurrieron a la violencia para conseguir informaciones, varios expresan arrepentimiento por los grandes riesgos que corrieron en esta lucha soterrada entre agentes de inteligencia chilenos y de contrainteligencia peruana, que permanentemente los mantuvo al borde de ser eliminados. Otros se arrepienten de haber recurrido sistemáticamente al engaño y la mentira para conseguir determinados datos, en especial con informantes involuntarios, con los que habían generado una amistad artificial, pero que terminó consolidándose como verdadera. Sentían, con el transcurso del tiempo, que estaban traicionando a una buena persona y eso les causaba conflictos interiores”.

“Mi propia mirada sobre ellos es de respeto por el importante trabajo que hicieron. No fueron saboteadores ni asesinos, sino gente valerosa y hábil, que consiguieron lo que el Estado de Chile necesitaba para adecuar su defensa ante una inminente agresión”.

Una de las revelaciones del libro, es que a mediados de 1973 el gobierno de la UP consciente de que el poder militar peruano -tanto aéreo como terrestre- era muy superior, ordenó gestionar una compra de armamento a la URSS, pese a la reticencia del alto mando chileno (por razones políticas). Por cierto, la URSS también le había vendido gran cantidad de armas a Perú a un precio económico. A regañadientes, el gobierno de Leonid Brézhnev aceptó hacer la venta, pero a medida que la situación política en Chile empeoraba (con el “Tanquetazo” de junio de 1973), Brézhnev detuvo el proceso, y los barcos que transportaban el material bélico nunca llegaron a un puerto chileno, sino que se desviaron al Perú.

“Esta historia fue posible de reconstruir tanto por documentos reservados de los ministerios de Relaciones Exteriores y de Defensa, concordantes con archivos de la KGB desclasificados hace algo más de una década. En realidad, este episodio obligó a las Fuerzas Armadas a buscar otras alternativas de defensa frente a la inminente invasión peruana, pero además fue el inicio del quiebre de la relación política entre los gobiernos de Chile y la Unión Soviética, poco antes del golpe de Estado de 1973. No afectó el accionar de los servicios de inteligencia chilenos al interior del Perú, sino que obligó a repotenciarlos”.

Leonid Brézhnev

El libro revela cómo la efectiva red de agentes chilenos terminó por conocer el “Plan Negro”. La operación con que Perú pretendía recuperar Arica y Tarapacá. Había incluso fecha y hora: 5 de agosto de 1975 a las 06.00 de la mañana, y un esquema claro. Negro 1 era tomar Arica; Negro 2, tomar Iquique; e incluso había un Negro 3, que era avanzar más hacia el sur y tomar Antofagasta, con el fin de devolverla a Bolivia. ¿Cómo se enteró Chile de todo esto? Uno de los agentes se había infiltrado en el corazón del Ejército peruano, y fue en medio de un cóctel cuando un coronel le soltó toda la información gracias a los efectos del alcohol.

“El denominado Plan Negro, que en otros documentos aparece como ‘Plan Inca’, pero que es el mismo, nos llevó al menos en dos oportunidades a estar a horas de una guerra total con Perú, con fechas ya fijadas para la invasión -dice Parvex-. La primera fue el 5 de agosto de 1975 y la segunda el 6 de septiembre del mismo año. Este plan creado por el general Juan Velasco Alvarado y hecho propio por la oficialidad del Ejército y Fuerza Aérea del Perú, con ciertas reticencias de algunos sectores de la Marina, consistía en la recuperación de lo que ellos llamaban ‘provincias cautivas’, refiriéndose a Arica e Iquique, antes que se cumpliera un siglo del inicio de la Guerra del Pacífico. Tenía tres fases. La primera, la recuperación de Arica, la segunda llegar hasta Iquique y la tercera, conquistar hasta Antofagasta, esta última en coordinación con Bolivia”.

Sin embargo, el “Plan Negro” nunca llegó a ejecutarse porque uno de los generales peruanos, Francisco Morales Bermúdez, se alzó contra Velasco Alvarado y lo derrocó. “El 4 de agosto, el ministro de Guerra y comandante general del Ejército, general Francisco Morales Bermúdez, hizo presente la necesidad de postergar por unos días el inicio de las operaciones, a la espera de la instalación en Arequipa de nuevos sistemas de misiles antiaéreos recién llegados de la Unión Soviética. La verdadera razón de Morales Bermúdez era postergar la invasión a Chile, para aprovechar este descontento popular para derrocar a Velasco Alvarado, lo que finalmente hizo el 29 de agosto”, dice Parvex. Morales, un hombre más conservador y cercano a la derecha, canceló la operación.

Former Peruvian president Gen. (r) Francisco Morales Bermudez in picture taken in 1968, while he was the Minister of Economy during the military regime of Gen. Juan Velasco Alvarado (1968-75), who he succeeded until 1980. - The Italian Supreme Court confirmed on February 9, 2022, the final sentence to life imprisonment for the former president of Peru, Francisco Morales Bermudez (1975-1980), for the death of two Italo-Argentines in the framework of the Condor Plan, executed by the dictatorships of the Southern Cone, judicial sources reported. (Photo by Herman Schwarz / AFP) HERMAN SCHWARZ

Otro aspecto importante fue la participación de Estados Unidos en este plan. Desde Washington estaban especialmente interesados en ayudar a Chile con el fin de contrarrestar la influencia soviética en el Perú. “En sus inicios, en 1971, la Misión Militar de Estados Unidos, ayudó al Estado Mayor de la Defensa Nacional, dependiente del ministro de Defensa, a reclutar a ciudadanos de otras nacionalidades que pudieran desenvolverse como agentes chilenos en Perú, sin despertar sospechas. Esta ayuda, obviamente, no era gratuita, porque se llegó a un acuerdo con los chilenos para que toda la información que estos agentes recolectaran y que tuviera alguna relación con intereses norteamericanos en Perú o la llegada de pertrechos soviéticos, fuera compartida con la DIA (Agencia de Inteligencia de Defensa de EE. UU.)”.

Uno de los hitos del espionaje chileno fue la incursión de un Hawker Hunter sobre una base secreta peruana ubicada en Arequipa, llamada La Joya. En Chile sabían que era quizás la instalación aérea más moderna de Sudamérica y el punto desde el cual partiría la invasión a Chile, por lo que obtener detalles sobre ella era crucial. Así que en 1977 se decidió enviar un avión a sobrevolarlo y sacarle fotos. Una operación digna de una novela de espías, pues gracias a esos cientos de fotografías, la base fue reconstruida a escala real en Tarapacá y luego se hicieron ejercicios sobre esa réplica.

“Este pasaje parece, efectivamente, sacado de una novela de espionaje, pero fue posible conocerlo a través de personal de la Fuerza Aérea de la época. Fue, sin duda, una arriesgada operación que dio sus frutos y, hasta hoy, es posible observar los vestigios de la réplica a escala real de la base peruana de La Joya, al interior de Pozo Almonte. Creo que no hubo reacción pública del Perú, porque habría significado reconocer la vulnerabilidad de su sistema de defensa aérea, que era probablemente uno de los más avanzados de Latinoamérica”.

Caza Hawker Hunter

Con todo, el libro detalla otras operaciones de espionaje que como las llamadas operaciones Río de la Plata, Argenteuil o Bisonte, que para el autor son relevantes de conocer, con el fin de tomar conciencia de lo cerca que se estuvo de una guerra con el vecino del norte en los 70, en los mismos años en que se desató la Crisis del Beagle, en 1978.

“Creo que el grave riesgo que corrimos en esos años es conocido por poca gente y muchos tienden a confundir la similitud ideológica de los gobiernos de Salvador Allende y Velasco Alvarado, con un período de amistad y cooperación mutua, cuando fue todo lo contrario, porque el nacionalismo del gobierno revolucionario de las fuerzas armadas peruanas primó por sobre sus ideas socialistas”.

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