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Ocho casos de automatización: El empleo no siempre cae derrotado

El Banco Central cree que entre las razones estructurales de la crisis del empleo en Chile se encuentran los "procesos de adopción tecnológica". Dice que los sectores más expuestos a esta automatización de procesos productivos en el país son la agricultura, transporte, manufactura, comercio y minería. Fueron consultadas más de una decena de empresas que han automatizado procesos en los últimos años y, efectivamente, en algunos de ellos ha significado prescindir de trabajadores. Sin embargo, hay casos esperanzadores en que la dotación no se ha reducido, sino que se ha mantenido, pero convertido.

Hace una década era una amenaza. Un quinquenio atrás ya era real. Hoy se sacan las primeras conclusiones para lo que viene. La automatización de los procesos productivos no tiene vuelta atrás y sólo crece. Esto, ¿en desmedro de la empleabilidad?.

Los estudios dicen que sí. Pero en la casuística, no necesariamente las dotaciones se reducen como efecto de la tecnología. Muchas veces depende de cuán especializado es el trabajo que se reemplazó por máquinas. O de acuerdo a un estudio del Banco Central chileno, depende del sector económico de esa empresa, pues algunos están más expuestos que otros, o de las tareas sustituidas, pues aquellas más simples, repetitivas y rutinarias son las que corren más riesgo.

Consultadas 15 grandes empresas que han introducido estos cambios, ocho respondieron para dar a conocer sus nuevos procesos automatizados y sus efectos en productividad, bienestar laboral y en empleo.

El estudio del Central

La definición más reiterada de automatización, que utiliza la OCDE, es el uso de tecnología para sustituir o apoyar el trabajo de las personas al realizar tareas con un mínimo de intervención humana.

En aras de entender la crisis de desempleo en Chile, con casi un millón de desocupados, el Informe de Política Monetaria (IPoM) del Banco Central del 9 de septiembre citó el estudio “Empleo, actividad, costos laborales y exposición a la automatización” de su gerente de la división de Política Monetaria, Elías Albagli, y su equipo.

Allí concluyen que la debilidad del mercado laboral se explica, como factor cíclico, en la actual fragilidad económica, pero como “factores relevantes y persistentes”, el aumento de los costos laborales, producto de políticas recientes como el alza del salario mínimo o la reducción de la jornada laboral a 40 horas, “así como procesos de adopción tecnológica”, afirma.

Y recuerdan el estudio “Automation, skills use and training” de las economistas Ljubica Nedelkoska y Glenda Quintini de 2018 para la OCDE, que señala a Chile como el sexto país más expuesto al riesgo de automatización de entre 30 naciones integrantes de ese organismo multilateral.

Albagli resaltó eso sí, en un seminario de CEP, que cuando se hizo ese estudio, “los procesos de automatización ya estaban maduros en los países desarrollados, pero no en Chile”. Y advirtió que la pandemia aceleró estos planes en las empresas locales.

La elevada exposición a la automatización planteada por las economistas de la OCDE responde principalmente a un empleo concentrado en sectores más automatizables y una mayor presencia de ocupaciones expuestas dentro de esos mismos sectores.

“Chile destaca por una alta proporción de empleo en sectores altamente expuestos (agricultura, minería, manufactura, comercio) y, dentro de ellos, en tareas simples y rutinarias, generalmente de carácter manual, altamente expuestas a la automatización (por ejemplo, en ocupaciones elementales y operarios)”, afirmó el Banco Central en su IPoM.

De acuerdo al análisis del ente emisor, a nivel sectorial, las mayores exposiciones a la automatización se observan en agricultura (80%), transporte (71%), manufactura y comercio (70%) y minería (69%), mientras que las actividades financieras, inmobiliarias y administración pública presentan valores bastante menores.

Y por ocupación, los más expuestos son los trabajadores agrícolas, operadores, artesanos y ocupaciones elementales, donde prácticamente la totalidad se encuentra en alto riesgo. Los empleos de servicios y ventas y apoyo administrativo exhiben un riesgo medio, y los menos expuestos son gerentes, profesionales y técnicos.

Desde el agro hasta los seguros

De acuerdo al estudio de la OCDE, la agricultura es el sector más expuesto a la automatización.

Y hay casos que podrían acreditar esta advertencia.

La compañía frutícola Empresas San Clemente, la mayor exportadora de manzanas del país, acaba de inaugurar una planta de embalaje de frutas frescas en Angol que, a diferencia de otros packings, está casi completamente automatizada. De hecho, no existen las típicas manipuladoras que seleccionan las frutas con defectos y las quitan de las líneas de embalaje: la labor de clasificación según calibre, color y condición, la realiza una máquina, para luego ser embalada también automáticamente.

“Desarrollamos un proceso donde desde que llega al packing hasta que sale embalada, nadie toca la manzana”, cuenta Luis Chadwick, presidente de Empresas San Clemente.

En este caso, la dotación de la planta pasa de 225 personas por turno a sólo 150. “La idea es ahorrar para que el negocio continúe, pues si no, desaparece como unidad económica”, explica Chadwick.

El empresario advierte que también se está introduciendo tecnología en la cosecha de fruta, pero admite que “aún nadie supera a la persona que hace cinco bins diarios (cerca de 2.000 kilos), por lo que todavía son más competitivas que las máquinas”.

La otra cara en la industria frutícola la plantea Alejandro García-Huidobro, propietario de la exportadora de berries Prize, quien cree que la agricultura será de los últimos rubros en automatizarse, puesto que aún hay procesos clave que seguirán siendo manuales. En su caso, también introdujo tecnología en sus packings para la selección de cerezas y arándanos, lo que efectivamente redujo personal en esa área. Sin embargo, esto ha sido “habilitante”, asegura, para la creación de más puestos de trabajo en otras etapas del proceso.

“Veo difícil cosechar una cereza con el nivel de delicadeza que necesita por un robot. En la poda, todavía no hay nada que reemplace la labor manual”, resalta. “En los packing sí hay mucha automatizacion, pero han sido habilitadores de mas empleo, porque permiten un nivel de volumen de proceso que genera una escala mayor de producción”, agrega.

“Una máquina de selección de cerezas pasa 15 mil kilos por hora, que son 1,5 millones de frutas, 400 frutas por segundo, a cada fruta le saca 30 fotos y así genera un producto homogéneo”, explica.

En la industria agroalimentaria, la mayor empresa de carnes del país, Agrosuper, ha ido pasando de tareas que eran puramente analógicas a modelos respaldados por inteligencia artificial (IA) y analítica avanzada. Uno de sus proyectos más emblemáticos es una clasificadora automática de garras de pollo, que utiliza IA y visión computacional para fotografiar cada pieza desde distintos ángulos y determinar, en menos de un segundo, su calibre y calidad. A eso se agregan plataformas inteligentes para la asignación eficiente de inventarios en frigoríficos, puertos y centros de distribución, y sistemas de IA predictiva que actúan como radares globales que monitorean en tiempo real distintos indicadores logísticos.

La empresa, en vez de reducir dotación, ha apostado por recoversión de capacidades, afirma. “Solo en 2025, el modelo de innovación y transformación digital generó un impacto de más de US$9,5 millones en el Ebitda de la compañía”, comenta Cristián Meyer, gerente de Innovación de Agrosuper.

En minería, Antofagasta Minerals implementó entre 2018 y 2021 equipos de perforación autónomos utilizados en el área mina de Los Pelambres para realizar los pozos que posteriormente serán cargados con explosivos para las tronaduras. Esto permite que la perforadora realice sus movimientos y tareas sin que el operador permanezca físicamente sobre el equipo, pues pasa a operarla desde una sala de control.

“Esto reduce su exposición a las condiciones propias del rajo: polvo, ruido, viento, frío, lluvia y otros riesgos asociados al entorno de operación”, cuentan desde la minera. “El puesto de trabajo remoto mantiene los principales controles necesarios para operar la perforadora”, aclaran.

El proceso permitió un aumento de cerca del 10% en metros perforados respecto a una perforadora convencional, pues rendía 500 metros perforados diarios, con peaks de hasta 800 metros diarios en condiciones óptimas. De acuerdo a lo señalado por la empresa, 20 operadores fueron capacitados y certificados para la operación autónoma, y no hubo reducción en la dotación.

En el estudio del Banco Central citado en IPoM aparecen casos de ejecutivos de empresas anónimas que han automatizado y que hablan de los impactos que han tenido.

En el caso, por ejemplo, de la minería, un gerente cita el ejemplo de los camiones autónomos: “Para manejar un camión se necesitan cuatro personas, porque son 7x7, en el día, noche y el contraturno, que son otros cuatro. Entonces, de cuatro personas que conducen un camión, hoy día se necesita cero. Entonces, se reduce un poco en lo que es la mano de obra”.

En transporte, la empresa de carga Trailer Logistics empezó hace un par de años a aplicar soluciones de carga y descarga, que sigue siendo uno de los procesos más manuales dentro de la cadena logística. Una operación como esta puede tomar entre 30 y 45 minutos por vehículo y concentra parte importante de los riesgos asociados al movimiento de carga.

El gerente general de Trailer Logistics, Hernán Searle, ejemplifica con que un camión con semi remolque puede llevar 30 toneladas de carga con 30 pallets, y además del tiempo de descarga, en un centro de distribución, existe un proceso extenso de atención, asignación de espacio y entrega de documentación que puede prolongar la estadía hasta cinco horas. “La carga y descarga automática permite acoplarte a un sistema específico y descargar en 3 minutos”, explica.

Aunque no aclara exactamente el impacto en empleo, entrega un ejemplo: si antes un servicio de distribución desde una planta de alimentos dentro de Santiago hacia los centros de venta se hacía con seis camiones, debido al tiempo necesario de carga, descarga y trámites, hoy se puede hacer sólo con un camión.

El grupo forestal Arauco inauguró a inicios de 2024 su proyecto Modernización y Ampliación de la Planta Arauco (Mapa), que automatizó buena parte de los procesos, lo que llevó a ser considerada en su momento “la planta más autónoma del mundo”. Quienes la visitan se sorprenden porque a simple vista, no se observa personal entre las líneas de producción, pero sí cuenta con una gran sala de control.

“Cada nueva planta de la industria es más grande y usa tecnología más avanzada, por lo que es natural que produzca más con una dotación proporcionalmente menor. Eso no significa que una reemplace a la otra: todas nuestras plantas siguen operando, cada una con sus equipos”, aclaran desde la compañía.

Esta planta ha automatizado, por ejemplo, algunas líneas de monitoreo en tiempo real, con un analizador automatizado en línea que se conecta directamente a las tuberías de la planta para medir de forma continua las propiedades de la fibra, astillas, grado de refinación y consistencia de la pulpa.

En la misma industria forestal, el estudio del BC cita a un gerente: “Hoy tengo información casi en línea de cómo están operando cada uno de los equipos de nuestros contratistas desde los mismos computadores a bordo que tienen las máquinas: de productividad de los equipos, de cómo se está haciendo el mantenimiento en una empresa versus la otra, cómo el mantenimiento preventivo de los equipos aumenta su disponibilidad o su productividad. Y de esa manera puedo, con menos equipos, producir la misma cantidad de madera”.

El comercio ha sido uno de los rubros donde el ciudadano común ha sido más testigo de la automatización, como con la reducción de cajas humanas en supermercados y su reemplazo por cajas de autoatención. Pero al interior de las empresas minoristas también han llevado adelante este tipo de procesos.

Walmart, por ejemplo, en su centro de distribución ha incorporado robots que buscan los productos en sus pasillos y los transportan a las estaciones de trabajo donde las personas preparan los pedidos, lo que reduce desplazamientos, tareas repetitivas y de mayor esfuerzo físico. De esta manera, los trabajadores permanentes podrán dedicar menos tiempo a tareas repetitivas y más a aquellas donde su experiencia, criterio y capacidades generan mayor valor, explican en la empresa.

“Este cambio también se traduce en una mayor capacidad operacional. En (el centro) Lo Aguirre, esperamos aumentar la productividad hasta cuatro veces y elevar la capacidad de procesamiento, aumentando la producción en un 40%, reduciendo el costo por caja, para procesar alrededor de 350 mil unidades”, explica Ignacio Gómez, gerente de Innovación & Tecnología-Omni Supplychain de Walmart Chile.

En este caso no se observa una reducción de dotación respecto a lo previsto inicialmente, pues la compañía proyecta que cuando el centro de distribución esté completamente operativo, contará con más de 900 trabajadores permanentes.

Pese a que el estudio del BC plantea que rubros de servicios podrían estar menor expuestos a la automatización, varias empresas del sector la están aplicando, como algunos bancos en los análisis de riesgo para la entrega de créditos.

En seguros, Metlife por ejemplo, introdujo un asistente virtual, MIA, que complementa parte de la tarea que antes realizaba el call center y que permite realizar trámites como solicitudes de reembolso, consultar información sobre seguros en lenguaje natural y recibir orientación general.

“Con niveles de resolución de consultas de hasta 95% y una reducción significativa en los tiempos de atención, MIA demuestra que la IA, cuando se aplica con foco y responsabilidad, puede generar resultados tangibles y elevar la experiencia de los clientes”, asegura Andrés Abarzúa, vicepresidente de Propuesta de Valor al Cliente, Inteligencia Artificial y Agilidad de Negocio de MetLife Chile.

Con esta herramienta, se liberó de esta labor a trabajadores de la misma compañía para que puedan destinar más tiempo a tareas donde puedan aprovechar mejor su experiencia y capacidad de análisis.

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