Por Julio NahuelhualJorge Selaive: “La economía chilena va a tener una recesión este año”
Sin ambigüedades, el economista jefe de Scotiabank cree que en 2026 el país va a tener la cuarta contracción del PIB desde 1999, pero anticipa una recuperación hacia el último trimestre y un repunte del crecimiento de 3,5% para 2027. También estima que la tasa de desempleo podría anotar una nueva alza en el próximo registro y que hay un riesgo de “desanclaje” inflacionario en los próximos meses. “Esto obligaría al BC, si es que eso se concreta, a subir la tasa de interés”, proyecta.

La economía volvió a caer en agosto y reafirma el ciclo recesivo. ¿Qué le está pasando a la economía chilena?
-Coincido con el diagnóstico que hace el Banco Central (BC). Hemos estado golpeados por varios shocks de oferta. Partimos el año con la pesca, que también tuvo impacto en la industria. Hemos tenido efectos climáticos no menores y también hemos estado sometidos al shock externo vinculado a los combustibles. Esos elementos han sido parte del menor crecimiento y de una proyección base que tenemos hoy: este año la economía chilena va a tener una contracción del PIB (recesión) en el rango de 0 a -0,5, centrada en -0,3.
Habrá, entonces, una recesión para la economía chilena en todo 2026…
-Sí. Va a ser la cuarta recesión desde el año 1999.
Este pronóstico supone una recuperación de la economía muy pobre en los meses que quedan de este año…
-Septiembre, cuyo imacec podría ser negativo, todavía va a estar recibiendo impactos de carácter transitorio. Deberíamos ver la economía un poco más limpia de estos factores el último trimestre, en que vamos a tener un crecimiento positivo en términos interanuales. Sin embargo, va a ser insuficiente para dejar todo el año en positivo.
La caída de este año va a estar muy influenciada por la minería. La minería va a ser la que nos va a llevar a territorio negativo, porque el PIB no minero -que también ha estado golpeado por el shock de oferta- va a tener una expansión de entre 0,5% y 1%. La caída de la minería ha ocurrido en el pasado, pero ha pasado más desapercibida porque la economía en esos momentos estaba con expansiones mucho más significativas y no se notaba a última línea. El problema es que ahora la economía está planeando muy abajo.
¿La economía debería tener una mejor performance en 2027?
-Esa es la expectativa. Es muy importante que se materialicen las inversiones privadas que están catastradas. Partiremos el próximo año con inversiones importantes en la minería y esperamos también que se materialice mayor inversión pública; la necesitamos en forma urgente. Todo esto en un contexto internacional que, en el margen, se está colocando mucho más desafiante.
¿Ese crecimiento 2027 es básicamente rebote o hay un plus adicional de crecimiento genuino?
-Proyectamos un crecimiento de 3,5% en parte por efecto rebote, también por mayor materialización de inversión privada, por mayor inversión pública y, en parte, por una contribución positiva del crecimiento del gasto público. Pero en la medida en que el escenario internacional se complejice, los riesgos son a que esa proyección de 3,5% sea corregida a la baja.
¿Qué tanto de herencia y qué tanto de errores propios del gobierno tiene esta recesión que va a tener la economía en 2026?
-Es difícil distinguir eso porque la economía no se prende ni se apaga con una administración. A aquellos que dicen que la economía pasa de un nivel de crecimiento potencial a otro cuando cambia un gobierno, eso no ocurre. Estamos lidiando con todo el tema de la materialización de inversión, el que ha sido muy difícil. Este gobierno está haciendo esfuerzos para que aquello ocurra y va en la dirección correcta. La Ley de Reconstrucción también mueve gatillos que deberían ayudar a que se materialice más inversión en todos los sectores, especialmente en un sector creador de empleo como es la construcción. Pero también este gobierno tuvo la mala fortuna de recibir una economía con varios shocks de oferta y que hubiesen ocurrido igual con cualquier gobierno que hubiera asumido.
¿Le asigna influencia en la debilidad económica al “bencinazo” y a al relato con que llegó este gobierno de que la economía estaba en una situación crítica?
-Sí. El “bencinazo” fue un elemento que llevó a un deterioro en la confianza de los consumidores, pero con el beneficio evidente de reducir el gasto fiscal del impuesto específico. Este retroceso que vimos en la confianza de los consumidores y la consecuente caída trimestre a trimestre del consumo en todos sus componentes en el segundo trimestre tiene un componente indiscutible como es el “bencinazo”. Los consumidores se sintieron desprotegidos. Estaban acostumbrados desde el año ‘90 a un sistema de estabilización de precios de los combustibles.

El desempleo es la otra cara negativa y el Banco Central (BC) dice que la tasa natural de desocupación está entre 8,2% y 8,8%. ¿Tendremos que acostumbrarnos a tasas de desempleo altas por mucho tiempo?
-En el horizonte de esta década, sí. Compartimos ese aumento de la tasa natural de desempleo; hay elementos que llamamos estructurales o más persistentes que hacen también muy difícil lograr el objetivo de una tasa de desempleo de 6,5%, que es el objetivo del gobierno. Esto porque aún si la economía se recupera cíclicamente y se construyen más empleos en aquellos sectores cíclicos, hay otros sectores que no van a estar contribuyendo en esa creación de empleo.
La minería ya está contribuyendo a la creación de empleo, pero hay otros sectores como educación que, probablemente, siga destruyendo empleo. En este escenario polar, donde tienes algunos sectores que sí van a responder a los incentivos cíclicos y otros que están con factores más estructurales, la creación de 800.000 empleos en un horizonte de tres años y medio se ve extremadamente desafiante.
Mi expectativa es que podríamos ver un nuevo aumento en la tasa de desempleo desestacionalizada o referencial para el trimestre móvil julio-agosto-septiembre. Un nuevo aumento desde el 9,6% a 9,7% o a 9,8%. Hay un significativo riesgo de que el nivel más alto de la tasa de desempleo de este año ocurra en el próximo registro. Esto, porque se va el mes de junio, que significó una enorme creación de empleo, y entra el mes de septiembre, donde la creación de empleo fue algo menor.
El gobierno anunció un plan de activismo fiscal en obras públicas y con más subsidios para paliar el desempleo. Todos somos keynesianos en un momento complejo como este, se repite en boca de muchos economistas de corte liberal…
-En este momento, la economía necesita apoyo fiscal. El Presupuesto 2027 va a tener una expansión en torno a 3% real, tal como históricamente nos habíamos acostumbrado a medirla. Por lo tanto, ese Presupuesto, que debería colaborar en el crecimiento de la demanda interna en la medida en que se focalice en inversión pública y se logre materializarla, debería contribuir al menos en medio punto porcentual en el crecimiento del PIB del 2027.
¿El activismo fiscal para la última parte del año más la expansividad del Presupuesto 2027 significan que los recortes de gasto comprometido por el gobierno por US$ 6.000 millones en 18 meses ya no son tales?
-Es un objetivo que por ahora va a tener que ser postergado, pero también tenemos que entender que la coyuntura internacional está siendo muy favorable para las arcas fiscales chilenas. Está subiendo de manera muy significativa el ingreso tributario minero, estamos teniendo retribución también del litio muy significativa, estamos teniendo mayores ingresos estructurales ante el aumento en el precio del cobre de largo plazo y también ingresos tributarios estructurales por el lado del aumento en el PIB tendencial.
Por lo tanto, se ha facilitado bastante la convergencia fiscal que el gobierno levantó en julio pasado. Este año vamos a sobrecumplir el déficit fiscal efectivo: se va a ubicar en torno a 1,5%. Para el próximo año, dado el ajuste en los parámetros estructurales -mi escenario es que se va a mantener el precio del cobre en los niveles actuales e, incluso, no descartaría que llegue a niveles superiores- vamos a tener una más rápida convergencia del déficit estructural de 1,8% comprometido.
¿Ese mejor escenario fiscal para el gobierno se está dando, entonces, por la mejoría de la tributación minera más que por los recortes de gasto?
-Exactamente. Se está dando por un aumento en la tributación minera. También hemos tenido ingresos extraordinarios de dividendos por parte de Enap y, además, estamos teniendo la retribución por el litio. Por lo tanto, son ingresos que están más que compensando la caída de la tributación no minera.

La inflación es otro flanco y el conflicto en Medio Oriente y las alzas del precio del petróleo siguen afectando los precios internos. ¿Cuál es el panorama inflacionario para el corto y mediano plazo?
-La inflación va a terminar en torno a 5% este año, con riesgos al alza, y podríamos -de no mediar medidas monetarias- acercarnos a 6% de inflación interanual hacia el primer trimestre del 2027.
¿Qué significa esto para el manejo monetario del BC?
-El BC ve una brecha de actividad bastante poco inflacionaria, pero -por otro lado- los desarrollos de corto plazo están siendo inflacionarios; en ese contexto tiene que equilibrar mucho las fuerzas de ambas balanzas. En esta coyuntura se necesita prudencia, pero también mucha flexibilidad. Flexibilidad en la dirección de contener las presiones inflacionarias, los efectos de segunda vuelta, las presiones inflacionarias externas, y también anticiparse a un muy probable desanclaje inflacionario que podríamos tener durante los próximos meses, lo que obligaría al BC, si es que eso se concreta, a subir la tasa de interés.
Un desanclaje inflacionario para el BC es un escenario extremadamente complejo. Cualquier inflación de corto plazo que supere marcadamente las expectativas que están plasmadas en el precio de los activos puede llevar a un desanclaje inflacionario. Hoy estamos viendo en los precios de activos inflaciones superiores al 3% esperadas a plazos largos. Por lo tanto, mi visión es que es mejor moverse antes que moverse a última línea, cuando ocurran sorpresas inflacionarias, las que podrían ser de carácter volátil, pero también podrían ser de carácter no volátil, dada la reciente depreciación multilateral del peso.
¿Ese eventual endurecimiento de la política monetaria podría darse pese a que la economía está en recesión y a que el aumento del precio de petróleo es un shock de oferta?
-En los shocks de oferta es evidente que los bancos centrales tienen que reaccionar menos, pero no reaccionar puede ser muy complicado para la credibilidad y para el anclaje de las expectativas. Ese es mi principal punto. Tampoco estoy hablando de un ciclo contractivo, porque estimo que la tasa de política monetaria neutral en Chile durante el último año ha vuelto a aumentar. El BC tiene una estimación de entre 3,75% y 4,75%. Hoy estamos en 4,5%. Es recomendable acercarse más a la tasa de política monetaria neutral actual y esa se ubica en torno a 5% nominal para Chile.
¿Cómo avizora el escenario internacional para Chile hacia 2027?
-El escenario internacional puede transformarse en un escenario que nos termine restando impulso externo en 2027. Ese escenario, por ahora, no se concreta. Por lo tanto, es un riesgo temporal distinto al riesgo material que estamos viendo hoy con el escenario internacional. Estamos viendo alza del precio del petróleo, apreciación del dólar a nivel global, depreciación multilateral del peso y estamos levantando el riesgo temporal de que eso va a significar una caída en el impulso externo de Chile, en lo cual coincido. Pero temporalmente ocurre después. Con lo que tenemos que lidiar hoy es con un shock inflacionario que está permeando la economía y que nos pilla en un momento altamente complejo.
Hoy estamos lidiando con una probabilidad creciente de tener sorpresas inflacionarias “core”, con una probabilidad creciente de tener desenclaje inflacionario y por eso se necesita prudencia y flexibilidad para, eventualmente, introducir un sesgo más agresivo para la tasa de política monetaria en octubre. No necesariamente subir la tasa, pero sí considerar la opción de subirla y eventualmente llevar a un alza en la reunión de diciembre si es que las condiciones persisten.

Menudo problema bajo una economía en recesión…
-Complejo problema, pero hay buenas noticias por otro lado. La contracción del consumo del segundo trimestre que tuvimos no va a continuar en el tercer trimestre. El tercer trimestre fue un periodo donde el consumo total privado creció en torno a cero. Eso es una buena noticia y podríamos ver incluso una leve alza del consumo privado desestacionalizado el último trimestre de este año. Por lo tanto, lo peor en términos de consumo ya pasó.
La economía no está dando solo señales negativas. Si uno saca la minería, lo que observamos en el margen fue una recuperación generalizada de todos los sectores de la economía conducida por servicios y por comercio. Mi expectativa es que el último trimestre va a ser uno donde la economía va a estar un poco más limpia de estos shocks de oferta y deberíamos tener mejores noticias. En ese contexto, es justamente ese trimestre donde el BC debería preparar el escenario para una eventual alza, porque llegar a inflaciones de 6% hacia el primer trimestre es un escenario extremadamente complejo y que, incluso, puede retrasar las expectativas de crecimiento.
Teniendo en cuenta este menú de indicadores desalentadores, ¿cómo se pueden cambiar las expectativas? ¿Cómo desatar los espíritus animales que se necesitan para empujar la economía?
-Todas las políticas que se están implementando a nivel gubernamental van en la dirección de recuperar la confianza de los consumidores. El problema es que la confianza de los consumidores es bien pegajosa y los consumidores volvieron a estar pesimistas y, por lo tanto, una alternativa que propuse es devolver la confianza a través de un shock de combustibles
¿Cómo así?
-Generar, con costo fiscal administrable en el escenario actual, una reducción significativa en el precio de los combustibles. Parte no menor de la caída en la confianza de los consumidores y el comportamiento precautorio que se observó con claridad el segundo trimestre de este año coincide con el aumento brutal que tuvieron las gasolinas. Una reducción muy significativa de las gasolinas con un sacrificio fiscal, si es que el escenario internacional lo permite e incluso si el escenario internacional no lo permite, podría levantar abruptamente la confianza de los consumidores. Los otros shocks de confianza confío también en que van a levantar las expectativas, pero a cámara lenta.
¿Podría amainar el complejo escenario económico mundial si los demócratas ganan terreno a Donald Trump, quien ha liderado el conflicto en Medio Oriente y la ola proteccionista, en las elecciones de medio término de noviembre en EE.UU.?
-Muy poco. Todas las encuestas dan cuenta de que los republicanos perderían la Cámara Baja y también la Cámara Alta. Eso significaría que los demócratas podrían colocar “lomos de toro” a algunas políticas. Sin embargo, las políticas de comercio exterior, las políticas internacionales y las políticas recientes que ha tomado Trump no serían interrumpidas aún si pierde ambas cámaras. El escenario que estamos viendo hoy por parte del gobierno de EE.UU. es altamente probable que continúe su curso, gane o pierda Trump las cámaras. Todas las políticas de comercio las define el Ejecutivo en EE.UU.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
1.
2.
3.
Algunos leen, otros se informan. Aprovecha esta oferta única.
Plan Digital+$4.120 al mes, de aquí hasta fin de año SUSCRÍBETE


















