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Lo que se juega la economía de Brasil en la reñida elección entre Lula y Bolsonaro

Este domingo será realizará la primera vuelta en las elecciones presidenciales en el gigante sudamericano, en medio de un ambiente de incertidumbre. Las encuestas apuntan a una inevitable segunda vuelta entre el mandatario de izquierda y el senador de derecha. Ajustar el gasto público y aminorar la desbordada deuda externa serán los retos del nuevo líder a ocupar el Palacio de Planalto.

Lula Da Silva y Flavio Bolsonaro

Uno de los últimos bastiones en la izquierda sudamericana será puesto a prueba este domingo. Casi 160 millones de brasileños votarán para elegir al nuevo Presidente, a 27 gobernadores, y renovar dos tercios del Senado y la totalidad de la Cámara de Diputados del gigante de la región. Si bien existen 13 candidatos que postulan a ocupar el Palacio de Planalto en el nuevo ciclo político 2027-2031, los focos de atención política están centrados en el actual Mandatario de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva (80), y el senador de derecha Flávio Bolsonaro (45).

Todas las proyecciones apuntan a que Lula ganará la primera vuelta presidencial, pero las encuestadoras creen que el resultado no le bastará para superar el 50% exigido para liderar el nuevo periodo al mando de la mayor economía sudamericana. Es por ello que las apuestan están concentradas en el balotaje del 25 de octubre entre el actual mandatario, un progresista y católico declarado, y el conservador y evangélico candidato Flávio Bolsonaro.

Las mismas encuestas también vaticinan un empate técnico para esa segunda vuelta, por lo que es esperable que la tensión política se mantenga alta durante los próximos 20 días en la nación sudamericana. En 2022, Lula obtuvo un estrecho triunfo (1,8% de los sufragios válidos) sobre Jair Bolsonaro, el padre del actual candidato del Partido Liberal.

En medio de este escenario de incertidumbre electoral, las actuales condiciones económicas que vive el país sudamericano y las propuestas para mejorar los principales indicadores jugarán un rol clave en esta elección. Sin embargo, todos los analistas anticipan que todas las miradas estarán centradas en las fórmulas de los candidatos para enfrentar el deteriorado panorama fiscal y de deuda de Brasil.

“El principal desafío económico que tendrá el próximo gobierno, sin importar quién sea el próximo Presidente, es el tema del equilibrio de cuentas públicas. La deuda pública en Brasil está ya por encima del 80% del PIB (Producto Interno Bruto), lo que es mucho para Brasil”, resume Paulo Velasco, profesor de Política Internacional en la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

Mientras la deuda pública de Brasil para el Gobierno General cerró sobre el 90% del PIB en 2025, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), el crecimiento de la actividad llegó a 2,3% al cierre del año pasado, un guarismo que confirma las señales de desaceleración económica. A su vez, el último dato de inflación (junio) se empinó en un 4,4% en 12 meses, y el desempleo llegó a 5,6% para el mismo mes, una cifra que avala los resultados positivos de la campaña política del actual mandatario brasileño.

Brasília (DF), 12/05/2026 - O presidente da República, Luiz Inácio Lula da Silva, discursa durante cerimônia de lançamento do Programa Brasil Contra o Crime Organizado e de anúncio de medidas voltadas à segurança pública. Foto: Marcelo Camargo/Agência Brasil Marcelo Camargo/Agência Brasil

Las consultoras internacionales también reconocen que la ruta fiscal que tome el próximo mandatario será clave. La firma británica Oxford Economics estima que si Lula conserva la presidencia para un nuevo ciclo habrá un ajuste fiscal gradual y con más impuestos. Por contrapartida, si Bolsonaro llega a liderar el país sudamericano, aplicará recortes de gasto más rápidos, aunque con un mayor costo sobre el crecimiento, lo que podría ser acompañado de una breve recesión, estima la consultora internacional.

“Creemos que Lula llevaría a cabo una consolidación fiscal gradual centrada en un crecimiento más lento del gasto primario real y en un aumento de los impuestos, dando prioridad al crecimiento de los salarios reales y al empleo”, añade el informe de Oxford Economics citado por Bloomberg.

La más reciente encuesta de Quaest (correspondiente al lunes 28 de septiembre), una de las consultoras más importantes de Brasil, ubica a Lula da Silva con 39% de las preferencias y a Flavio Bolsonaro con 34% de las opciones para las elecciones de este domingo. Dado este escenario, la misma encuestadora pronosticó un escenario de balotaje para el 25 de octubre en que Da Silva y Bolsonaro obtendrían un 42% cada uno, confirmando una reñida segunda vuelta, según el grueso de las proyecciones de diferentes encuestas de mercado.

Los bemoles de la elección

La elección que defina al próximo mandatario a partir del 1 de enero de 2027 está llena de simbolismo político y económico. Además de ser un país de un potencial gigantesco en materia de recursos naturales, lo que ha despertado el interés de Estados Unidos y Donald Trump, los comicios de este domingo definen el futuro de uno los pocos mandatarios izquierdistas de la región luego del giro reciente a la derecha de países como Argentina, Bolivia, Perú, Chile y Colombia.

Si bien el grueso de los indicadores económicos de la administración de Lula -un octogenario que busca su cuarta presidencia de Brasil- muestra una economía sin grandes sobresaltos, los analistas creen que la sensación de estrechez económica ha aumentado en la población brasileña durante los últimos cuatro años.

El académico Paulo Velasco explica que los altos niveles de deuda de las personas en el país están asfixiando con fuerza el presupuesto de las familias mes a mes, lo que deteriora la percepción económica de los votantes, pese a la baja del desempleo, y podría ser un lastre para la nueva elección de Lula. En un intento por atacar la crisis de las deudas y la adicción, el mandatario brasileño prohibió la semana pasada las apuestas y juegos de azar en internet, que están afectando la economía doméstica de las familias.

“El nivel de endeudamiento de las personas, de las familias, es brutal en Brasil. Hay familias que tienen casi mitad de la renta familiar comprometida con deudas, donde también hay apuestas deportivas. Aunque la gente esté trabajando y el sueldo haya crecido, las familias no se sienten mejor hoy de lo que estaban hace cuatro años por las deudas”, afirma Velasco.

“La gente entiende que el dinero no le alcanza hasta el final del mes y, cuando pasa esto, culpan al gobierno”, complementa el académico, quien cree que esto puede favorecer la opción de Bolsonaro en la carrera por llegar a la presidencia.

Flávio Bolsonaro

Jaime Bastías Chian, director de la Escuela de Auditoría y Control de Gestión de la Universidad Finis Terrae, coincide en que Lula concluye su mandato con números macroeconómicos que en principio “no son negativos”, aun cuando la actividad ha mostrado signos de desaceleración durante el segundo trimestre.

No obstante, añade que la interrogante de fondo es cómo estos resultados permean a los hogares. “Las familias comprometen cerca del 30% de sus ingresos mensuales exclusivamente al pago de deudas. Aunque el mercado laboral exhibe una baja desocupación y los salarios reales crecieron cerca de un 5,5% en los últimos doce meses, el sobreendeudamiento reduce notablemente la holgura financiera cotidiana: de ese 30% destinado al servicio de deuda, casi un 10% corresponde solo a intereses. Es decir, pese a contar con empleo y mejores sueldos, una parte sustantiva del presupuesto familiar ya está hipotecada en cuotas”, alerta Bastías.

“En la contienda electoral conviven estas dos lecturas: el gobierno pone en relieve la solidez del empleo y la recuperación de los ingresos reales, lo cual es efectivo; mientras que la oposición enfatiza el alto costo del crédito, el elevado endeudamiento de las familias y la pérdida de dinamismo económico reciente. Con una tasa de política monetaria tan restrictiva hubiera cabido esperar una moderación del endeudamiento, pero en la práctica ha ocurrido lo contrario”, complementa el economista de la Universidad Finis Terrae.

Economista Jaime Bastías Chian, director de la Escuela de Auditoría y Control de Gestión de la Universidad Finis Terrae.

Con todo, el experto concuerda en que el principal desafío para el próximo gobierno será frenar la deuda pública, en un contexto donde la economía se viene enfriando y las tasas de interés que deben pagarse se mantienen elevadas. “A esto se suman otros dos frentes que agravan el escenario: una inflación cercana al techo de la meta fijada por el Banco Central de Brasil y una desaceleración en el ritmo de crecimiento”, añade.

Juan Nagel, académico Escuela de Negocios ESE Uandes, también considera que la situación fiscal de Brasil es precaria. “Si bien el gobierno tiene un deficit fiscal primario (sin intereses de la deuda) bastante bajo, cuando se agregan los intereses el déficit es de cerca del 9% del PIB. Eso es una bomba de tiempo que el próximo gobierno deberá desmantelar. Aparte de esto, hay que tener en cuenta que el gasto fiscal en Brasil es muy rígido, y es difícil bajarlo sin legislación”, precisa el experto en negocios latinoamericanos.

Juan Nagel

Viabilidad de reformas

Nagel, economista de la University of Michigan, estima que la viabilidad de grandes reformas económicas que busque implementar el próximo gobierno dependerá de la composición del Congreso. “Brasil es un país sumamente complicado de gobernar debido a su enorme tamaño y a su carácter federal. Si la elección es apretada, veremos a un Congreso dividido que requerirá de maniobras políticas para que reformas fundamentales sean aprobadas. En un contexto en que las reformas impositivas se vuelven importantes, este factor no es menor”, proyecta Juan Nagel.

Pero Jaime Bastías va más allá y dice que el nivel de dificultad para aprobar cambios económicos dependerá directamente de la naturaleza de la reforma, dado el quórum necesario para proyectos de distinto tonelaje. “La mayor complejidad radica en la configuración parlamentaria que anticipan las proyecciones: una Cámara de Diputados marcadamente fragmentada. Ni el bloque de izquierda ni el de derecha contarán con mayorías suficientes para aprobar reformas por sí solos. Por ende, el futuro gobierno se verá forzado a articular acuerdos y tender puentes de negociación permanentes con las fuerzas de centro y centroderecha si pretende viabilizar su agenda legislativa”, resume el académico de la Universidad Finis Terrae.

Paulo Velasco

Pero Paulo Velasco, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, se atreve a vaticinar un Congreso dominado por la centroderecha luego de la elección. “Hoy el Congreso ya tiene una tendencia más de centroderecha, pero puede ser aún más. Eso puede hacer las cosas muy difíciles para un eventual nuevo gobierno de Lula, por ejemplo”, precisa Velasco.

Si bien el especialista cree que el mercado ejercerá una presión fuerte con cualquier candidato que asuma en el Palacio de Planalto a partir enero de 2027, también estima que un eventual gobierno de Bolsonaro podría tener un mayor margen de tranquilidad. “El mercado suele dar más tiempo a quien está llegando al poder para que pueda hacer los ajustes fiscales necesarios; los equilibrios los podría buscar de manera un poco más tranquila. A Lula se le exigiría hacer las cosas más rápido en términos de equilibrio de las cuentas fiscales”, concluye Paulo Velasco desde Brasil.

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