Culto

El Nombre de la Rosa: a 40 años de la “traición” de Annaud a Eco que creó un clásico del cine

Se cumplen cuatro décadas del lanzamiento de la aclamada cinta de Jean-Jacques Annaud. Desde la búsqueda entre 300 abadías y la complicidad con Umberto Eco, hasta el rol de la chilena Valentina Vargas, revivimos los secretos de la película que redefinió la Edad Media en la pantalla grande y revivió la carrera de Sean Connery.

Si hay un período de la Historia que al cineasta francés Jean-Jacques Annaud le apasiona, es la Edad Media. Y cuando Umberto Eco publicó su novela El nombre de la rosa, en 1980, con gran éxito, Annaud fue uno de sus lectores voraces.

“Me enamoré de ella nada más leerla. Sé griego antiguo y en mi mesilla de noche tenía la Poética de Aristóteles, pieza clave de la historia. Además, me apasiona la Edad Media. Me dije: este libro está escrito para mí”, recordó años después al diario español El Mundo. Por ello, no dudó en jugársela en la posibilidad de adaptarla al cine. “A través de Gasset, el editor francés, solicité inmediatamente los derechos”. añadió.

El nombre de la rosa, ambientada en noviembre de 1327, narra la historia de una serie de misteriosos asesinatos ocurridos en el seno de una abadía benedictina ubicada en la montañosa Italia del norte. Hasta ahí llegan el franciscano Guillermo de Baskerville y su discípulo, el novicio benedictino Adso de Melk. En rigor, ellos llegan en una misión: la abadía será el punto donde se llevará acabo una importante reunión entre los enviados del Papa y la orden franciscana en la que se discutirá sobre la supuesta herejía de la doctrina de la pobreza apostólica promovida por la misma orden franciscana.

Y como todos los asuntos papales tienen una mirada política, los franciscanos son apoyados por el emperador Ludovico IV de Baviera, del Sacro Imperio Romano Germánico, que por esos años está enfrentado con el Papado (en rigor, las relaciones entre Papado e Imperio siempre fueron muy tirantes, y el epicentro fue la llamada Querella de las investiduras, ocurrida a inicios del siglo XII). Baskerville es comisionado por el abad para que investigue lo que ocurre mientras organiza la reunión.

Pronto, Baskerville y Adso descubren que lo que causa las muertes es un libro envenenado, un libro que, de hecho, se creía perdido: el segundo libro de la Poética de Aristóteles. La lectura tenía un lugar central en la vida de los monjes, de hecho la misma abadía tenía una impresionante biblioteca cuyo acceso es controlado estrictamente por un duro bibliotecario, el monje español Jorge de Burgos, quien además es ciego. El personaje se encargará de ponerle todo tipo de trabas a la investigación.

Pero las cosas volverán a complicarse con la llegada del inquisidor papal, el dominico Bernardo Gui, quien abre un proceso inquisitorial y le pide a Guillermo, como exinquisidor, que participe. Este, a pesar que no quiere hacerlo porque le trae unos muy malos recuerdos, decide aceptar a regañadientes.

Pero el proceso de llevar al cine una colosal novela estuvo lejos de ser simple, no solo porque el guión se debió reescribir más de una vez, también hubo que elegir una abadía que cumpliera los requisitos de ser más menos similar a la abadía que se imaginaba Eco. “Hicieron falta 17 guiones hasta dar con el adecuado. Y visitamos 300 abadías para luego inventarme la mía, tal y como había sucedido en la mente de Eco”, contó Annaud.

Por supuesto, el cineasta terminó conociendo a Eco. “Estaba en París, me llamó para pedirme que lo acompañara al aeropuerto. Fui a recogerlo al hotel y vi recortarse en las escaleras la sombra de Sherlock Holmes, con gorra, capa y pipa. Enseguida comprendí que tenía ante mí a un hombre ingenioso y burlón. Empezamos a vernos, conocí a su familia, a su brillante esposa Renate. Su hijo Stefano se convirtió en mi asistente en el plató”.

Eco, aunque parezca sorprendente, no se involucró mucho en el filme. “Se cuidó mucho de hacerlo. ‘Este es mi libro’, me dijo, ‘esa será tu película. Haz con ella lo que quieras, incluso un musical’. Así era él: culto, serio, hedonista. Muy orgulloso de ser el presidente del festival de la trufa”.

De hecho, la película toma un vuelo diferente al de la novela. “Traicioné el libro, pero respeté al autor. Una vez terminado el montaje, Umberto, si no hubiera estado convencido, podría haber retirado su firma. Pero la dejó”, señaló Annaud. Entre las principales diferencias hay una muy evidente: tanto Adso como Guillermo aparecen con los hábitos café de la orden franciscana, sin embargo, en la novela Adso es benedictino, por lo que le hubiese correspondido vestir el hábito negro de la Orden de San Benito.

Además, la reunión entre franciscanos, enviados papales e imperiales, que ocupa buena parte del libro, apenas es mencionada en la película, que se centra más en el misterio del asesinato. También el final es diferente, incluso el personaje de Bernardo Gui, tiene un desenlace torpe en el filme.

F. Murray Abraham como Bernardo Gui

Quien sostiene buena parte del largometraje es Sean Connery. El escocés hace el rol protagónico, de Guillermo de Baskerville, y es acompañado por Christian Slater como Adso de Melk. Completan el reparto otras estrellas como F. Murray Abraham como Bernardo Gui (el inolvidable Antonio Salieri en Amadeus), o Fiódor Shaliapin Jr. como Jorge de Burgos. La actuación de Connery dejó sorprendida a la producción, incluido al mismo Umberto Eco.

“Vino al plató, fue a visitarlo a su caravana -recordó Annaud-. Salió pálido como un trapo. ‘Es muy competente’, me dijo, ‘sabe de todo de fútbol’. Yo también al principio tenía muchas dudas. La etiqueta de 007 era demasiado pesada, corría el riesgo de eclipsar al fraile investigador. Pero en cuanto Sean empezó a leer sus líneas, comprendí que era justo lo que tenía en mente. El carisma hizo el resto, incluso Eco quedó entusiasmado”.

Años después, Connery contó en una entrevista por qué aceptó el rol. “Este film es una combinación de muchas cosas que me gustan en el cine. Narra una época de la que la gente en general sabe muy poco, habla sobre el conflicto dentro de la iglesia, de un hombre joven que viaja con uno mayor y aprende de él, también hay un aspecto educativo. Y además es una historia de detectives”.

Entre los actores, estaba la chilena Valentina Vargas, quien hizo un breve papel, como una joven campesina que tiene un escarceo con Adso de Melk. Originalmente, el rol se le había ofrecido a la actriz francesa Mathilda May. Pero ella rechazó este ofrecimiento, por lo que debieron acudir a otras tres jóvenes candidatas, entre las que se encontraba Valentina Vargas, de 20 años por aquellos días.

Ocurre que cuando le hicieron la prueba a Valentina junto a Christian Slater, quien por entonces tenía 15 años, el actor quedó “absolutamente enamorado de ella”. tanto fue así que el adolescente llamó a su madre, Mary Jo Slater, quien era agente de casting del filme, para pedirle que dejaran a Vargas. Así fue. Ello explica la fluidez de la escena, la cual solo se rodó una vez. Actualmente, Vargas sigue activa con su carrera como actriz. Su último filme fue Johnny 100 pesos: Capítulo 2 (2017), y en 2024 lanzó su libro autobiográfico La vida: Alma, amor y pasión por el cine.

Christian Slater y Valentina Vargas, en El nombre de la rosa

Estrenada en septiembre de 1986, la película fue destrozada por la crítica “De forma tan violenta que me ocultaron los periódicos italianos”, recuerda el director francés. “El fracaso parecía tal que solo dos cines, uno en Roma y otro en Milán, la proyectaban”.

Sin embargo, el tiempo fue un gran aliado y el filme comenzó a generar interés. “En unas semanas todo cambió y la película se convirtió en la más taquillera de la temporada. Desde entonces, contando las emisiones televisivas, la han visto casi mil millones de personas en todo el mundo”.

¿Cuáles son las claves del filme? responde la crítica de cine de Culto, Paula Frederick. “Es relevante por muchas razones, primero por ser la única versión cinematográfica de la novela de Umberto Eco, novela clave de la literatura universal del siglo XX. Además, le dio un nuevo impulso a Sean Connery, que después de popularizarse como James Bond en los años 70, había tenido una suerte de estancamiento durante los 80 y no era tomado demasiado en serio como actor. Por su interpretación de Guillermo de Baskerville, Connery ganó el premio BAFTA al mejor actor en 1988, lo que le abrió la puerta para ser parte de Los intocables (1987) de Brian De Palma, película por la cual ganó el premio Óscar”.

“Lo más atractivo de la película de Annaud, además de las actuaciones de grandes como el propio Connery, F.Murray Abraham y Christian Slater, es que fusionó de manera efectiva elementos de thriller con un retrato histórico riguroso de la Edad Media. Entonces, conjugó en el mismo relato temas complejos y más áridos para llevar al cine, como la semiótica, la teología y la filosofía, además del oscurantismo propio de esa época, con un relato de suspenso clásico, casi como una investigación ‘sherlockiana’, que cautivó a la audiencia y quedó en el imaginario colectivo hasta hoy, como la representación canónica de la Edad Media”.

“La visualidad también quedó en la retina, la fotografía de Tonino Delli Colli, que se inspiró en Rembrandt y Caravaggio para resaltar el claroscuro, con elementos de iluminación natural que salen de las escenas, como velas, fuego y rayos de luz que entran por las ventanas (parecido a lo que hizo Kubrick en Barry Lyndon), lo que le da naturalidad y una atmósfera pictórica muy atractiva y elocuente”.

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