Culto

Paula Klein, escritora argentina: “El descrédito de la verdad es el gran mal de nuestra época”

La ganadora del Premio Lumen de Novela 2026 conversa sobre El amor inventado, una historia inspirada en periodistas falsificadores que indaga en las fronteras entre ficción y engaño, tanto en el espacio público como en la vida en pareja.

Fue mientas realizaba una investigación sobre periodistas falsificadores que habían engañado a los medios más prestigiosos de Europa y Estados Unidos con reportajes impactantes que resultaron ser falsos, cuando la escritora argentina Paula Klein tuvo una idea.

“Estudié a fondo esos casos para entender cómo habían encontrado una falla en el sistema. Pero enseguida me di cuenta de que no me interesaba solamente el papel de la mentira en la prensa, sino también en el plano afectivo y familiar. Empecé a preguntarme por las personas que duermen cada noche con estos impostores”. Esa pregunta comenzó a rondarla sin cesar y le sirvió de base para comenzar a escribir una novela. La tituló El amor inventado, y resultó ganadora del Premio Lumen de Novela 2026.

Paula Klein

Klein es doctora en Literatura Comparada, licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires y máster de la École des Hautes Études en Sciences Sociales. Hoy reside en París, donde enseña en la Université Clermont Auvergne y al mismo tiempo realiza estudios sobre la literatura documental y los vínculos entre ficción y no ficción en la narrativa latinoamericana contemporánea. Pero también ha publicado las novelas La luz de una estrella muerta (2021) y Las brujas de Monte Verità (2023). De alguna forma, el galardón la ha convertido en una revelación de la literatura actual.

En El amor inventado leemos la historia de Miranda, una directora de documentales casada con Charles, un célebre periodista francés que había construido su carrera sobre falsificaciones. Cuando estalla el escándalo, Miranda está filmando un documental sobre el amor que dura toda la vida, protagonizado por dos ancianos que llevan más de sesenta años juntos. Entre lo que filma y lo que vive con el hombre que tiene al lado comienza a preguntarse si acaso realmente conoce a Charles como creía.

Paula Klein

¿Cómo fue el proceso de escritura?

Fue largo. Entre la universidad y mis hijos pequeños, tengo poco tiempo para escribir, así que aprovecho cada hueco: los trayectos en tren a Clermont-Ferrand, las noches de insomnio. El primer desafío fue componer un collage entre los casos reales y la ficción. Me gustó ponerme en la piel de una mujer que descubre que convivió casi media vida con un estafador, y que además es abandonada. El abandono me parece la forma más cruel del desamor: te quita incluso la posibilidad de preguntar qué pasó. Otro desafío fue equilibrar los dos ritmos de la novela: el del thriller, con la búsqueda frenética de Charles, y el de los capítulos más pausados, en el bosque con Hélène y André o en su casa con Emma. En esos respiros, Miranda revisa el pasado y se rebobina la película de su matrimonio.

Charles es un personaje que miente profesionalmente y también en su vida privada. ¿Qué fue lo más difícil de escribir en él: comprenderlo o evitar convertirlo en un monstruo?

Charles, Miranda y Emma, su hija, forman un triángulo en el que cada uno guarda su propio secreto. Con Charles, el desafío fue que nunca dejara de ser un gran signo de pregunta. Es carismático, inteligente, buen padre, un profesional admirado y un marido afectuoso, pero también es cruel y manipulador. Creo que los impostores se parecen a los magos: despiertan en nosotros el deseo de creer y nos arrastran a un engaño consentido y, a veces, incluso a cierta forma de complicidad. Más que juzgarlo, me interesaba entender con qué leña se alimenta alguien dispuesto a triunfar a cualquier precio. Charles está convencido de que la ficción le da acceso a una verdad más profunda que la que surge de los hechos.

¿Dónde termina la ficción necesaria en una pareja y dónde empieza la mentira?

Creo que, cuando estamos enamorados, la admiración y la idealización rozan inevitablemente la ficción. Lo que amamos de los primeros encuentros es ese espejismo de poder contarnos y reinventarnos ante alguien que escucha nuestra historia como si fuera nueva. El amor siempre tiene algo de ficción compartida. Pero cuando el engaño se vuelve deliberado y sistemático se convierte en un gas venenoso que puede desintegrar el vínculo. Siri Hustvedt cuenta en sus Historias de fantasmas que su amor por Paul Auster se nutría de la admiración mutua, pero también de esa zona secreta del otro que nunca vas a lograr iluminar. Nos cuesta aceptar que nunca vamos a conocer del todo a nuestra pareja, pero quizás ahí esté la clave del amor que perdura.

Paula Klein

Hay una pregunta muy potente en la novela: “¿Qué tipo de mujer eres cuando has vivido la mitad de tu vida con un mentiroso?”. ¿Qué querías explorar a través de esa pregunta?

Miranda y Charles comparten, al menos en apariencia, el deseo de acceder a la verdad: él desde el reportaje, ella desde el documental. Para construir a Miranda leí memorias de personas que convivieron años con mentirosos compulsivos. Me impresionó descubrir que las mentiras que no quisimos o no pudimos ver dicen tanto de nosotros como de quien nos mintió. Me interesa mucho esa zona ambigua entre el engaño y el autoengaño: qué pasa con nuestra identidad cuando descubrimos que buena parte de nuestra vida estaba construida sobre una ficción. Al mismo tiempo, no quería que Miranda fuera una víctima pasiva. El engaño puede destruirte o convertirse en un motor. Y ella elige lo segundo: va a terminar su documental y va a buscar la verdad hasta el final.

La pregunta central parece ser: ¿puede sobrevivir el amor a la verdad? ¿Cuál es tu respuesta después de haber escrito la novela?

Hace poco volví a ver 8 ½ de Fellini. En un momento, Guido, el protagonista, les dice a las mujeres de su vida que la felicidad sería poder decir la verdad sin herir a nadie. Creo que ahí está el corazón del problema. Mentimos para proteger al otro y para protegernos a nosotros mismos. Y al mismo tiempo sabemos que esas mentiras van debilitando las cadenas de confianza. Escribir la novela me hizo pensar en otra cosa: descubrir la verdad no implica forzosamente entender. Podemos saber qué pasó y seguir sin comprender por qué, ni qué podemos hacer con eso.

¿Qué te interesaba decir sobre nuestra relación con la verdad en un momento en que resulta cada vez más difícil distinguir entre realidad, ficción y manipulación?

Me fascinan los estafadores y los falsificadores: su capacidad de doblegar la realidad y de construir ficciones tan seductoras que, aunque sospechemos que nos mienten, seguimos queriendo creerles. Vivimos rodeados de relatos fabricados, y muchas veces elegimos el que nos resulta más cómodo antes que el verdadero. Como en La última cruzada de Indiana Jones, el problema es distinguir el verdadero Grial en un océano de copias. Así funciona el sistema de la desinformación y las falsas noticias. Es muy peligroso: dejar de preguntarnos por la verdad y conformarnos con relatos que solo fortalecen nuestra propia ideología es un camino de ida hacia el pensamiento totalitario. Y, por otro lado, siento que todos mentimos cada vez más. Pero eso no es gratuito: el descrédito de la verdad es el gran mal de nuestra época. La novela explora las consecuencias devastadoras que tienen la mentira y la impostura tanto en la esfera pública – en este caso, el periodismo– como en las relaciones amorosas y familiares.

Paula Klein

En otro plano, ¿qué significa para ti recibir el Premio Lumen de Novela?

Fue un espaldarazo inesperado y muy fuerte. Pensar que un jurado integrado por escritoras que admiro tanto como Sabina Urraca, Elena Medel y Ángeles González-Sinde, junto a la editora María Fasce y la librera Lola Larumbe, eligió mi texto entre casi ochocientos manuscritos me llena de orgullo. Al mismo tiempo, me gustaría decirles a quienes escriben que, si trabajan duro y son honestos con su escritura, tarde o temprano sus textos van a encontrar a sus lectores. Para mí, eso es lo más valioso del premio: que el libro pueda llegar a lectores que de otro modo quizás no habría tenido.

Para que te conozcamos un poco más en Chile, ¿cuáles son los infaltables de tu biblioteca? ¿Qué estás leyendo por estos días?

Tengo muchos clásicos y muchas novedades de literatura latinoamericana. Entre los clásicos, hace poco descubrí El despertar, de Kate Chopin, una especie de Madame Bovary escrito por una mujer. Una joyita. De los clásicos argentinos, releo mucho a Manuel Puig, que no ha tenido el mismo reconocimiento internacional que Borges o Cortázar, pero me parece uno de los grandes maestros de la oralidad. Entre mis lecturas más recientes están La bola, de Daniel Verdú, sobre las increíbles imposturas de Mar de Marchís, creadora de una revista española de culto, y Los astronautas, de Laura Ferrero, sobre la construcción de la identidad en los hijos de padres separados. Además, como estoy dando un seminario de máster sobre feminicidios en la literatura latinoamericana, estoy releyendo Por él, de Inés Echeverría; Chicas muertas, de Selva Almada; El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza, y Las voladoras, de Mónica Ojeda.

Paula Klein

¿Cómo ha sido para ti la vida en París siendo latinoamericana? ¿Qué aspectos de esa experiencia han terminado entrando, de una u otra manera, en tu literatura?

Creo que la migración, incluso cuando es voluntaria, te marca profundamente. Más todavía en una de las capitales más snobs y hostiles de Europa con los extranjeros, como sigue siendo París. Mi llegada acá para un máster coincidió con el deseo de lanzarme a escribir ficción, y París es el escenario de mis tres novelas. Por otro lado, citando a Borges, “No hay otros paraísos que los paraísos perdidos”. Vivir lejos fortaleció mi amor por Argentina. Cada vez que vuelvo pienso que es el mejor lugar del mundo y no entiendo por qué me fui. Los Piojos lo explican perfecto: “lo mal que se vive, lo bien que se está”. En El amor inventado Miranda, la protagonista, es hija de exiliados argentinos en Francia. El rechazo que ella y sus padres vivieron al instalarse ahí fortalece su ambición y su deseo de ganarle al sistema. Me gustaba darle algo de esa tenacidad que suelo encontrar en mis amigos exiliados.

Y para cerrar: después de escribir El amor inventado, ¿qué verdad sobre el amor te quedó dando vueltas y que antes de escribir la novela no tenías tan clara?

Me quedé pensando en que lo que para un miembro de la pareja es una verdad del tamaño de un elefante, para el otro puede no serlo en absoluto. Escribir esta novela me hizo ver que la verdad, en el amor, también se negocia: se nutre de las ficciones compartidas que toda pareja se cuenta y de la aceptación de que el secreto forma parte del vínculo. Justamente, todo lo que resulta inaceptable en el periodismo.

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