Columna de Carlos Correa: La gota fría


El documento firmado por Chile Vamos sobre sus temas esenciales para la nueva Constitución es un balde de agua fría en cualquier negociación. La difusión amplia para provocar un efecto comunicacional, más que una propuesta negociadora logró el objetivo de bajar la temperatura. Lograron poner al oficialismo en un dilema donde lo único posible es replicar la firma de Lagos en el 2005 después de acordar los únicos cambios en los cuales la derecha de entonces estuvo dispuesta a ceder. También dejó en la estacada al movimiento de centroizquierda que apostó por rechazar la propuesta de la Convención, prometiendo que iba a participar en un proceso por un texto que uniera al país, en vez de dividir. Algo de ese dolor se sintió en redes sociales y en un documento que circuló firmado por varios integrantes de dicha coalición.

Para hacer más difícil aún la discusión constitucional para el gobierno actual, el Presidente Lagos tenía mayor popularidad y no había sufrido una derrota electoral de proporciones como lo fue la del plebiscito del 4 de septiembre.

La carta de Chile Vamos se hace cargo de un estado de ánimo: se ha diluido la idea de reformar la Constitución. Las exigencias de las personas se han tornado hacia lo cotidiano y pese a los esfuerzos de las presidencias del Senado y la Cámara por mantener viva la conversación al respecto, en los medios estos diálogos se han ido hacia las páginas posteriores. Tienen mucha más energía otros tópicos, como la implementación del nuevo gabinete, el discurso del Presidente en la ONU, donde reconoce con pragmatismo lo que viene, y en especial la primera batalla entre los dos anillos que producirá la discusión del CPTPP (ex TPP11).

Pero el gobierno tiene un compromiso, y no puede ser reemplazado por una firma del Presidente que borre la que hizo Lagos en el 2005. Si el acuerdo es ese, sería intolerable para Apruebo Dignidad que derechamente irá a la oposición, aunque en la práctica ha sido el anillo más indisciplinado. El dilema es cómo recobrar el calor constitucional que había en febrero. Este enfriamiento se veía venir, y se desperdició la oportunidad de construir un acuerdo previo a que se abrieran las urnas, cuando el temor a los nuevos votantes cundía en la derecha. En otro error estratégico que ha tenido un alto costo, la administración entrante, en voz del ministro Jackson, unió la suerte de su programa al triunfo del Apruebo; desechando incluso la batería de medidas para los primeros días a la que se recurre para prolongar la luna de miel.

Las preocupaciones de los ciudadanos en materia de orden público y agenda económica relegan al segundo plano las cuitas constitucionales. El viejo axioma marxista sobre la satisfacción de las necesidades primarias es lo que manda acá y pareciera ser olvidado por la izquierda más agitada. Curiosamente, la fórmula para que el gobierno vuelva a entrar en la agenda es ganar legitimidad, y esa se logra ahora resolviendo los problemas concretos de las personas, o sea, administrando con eficiencia el modelo.

Así mismo, Lagos juntó fuerzas para lograr que la oposición de entonces aceptara el fin de los senadores designados y la subordinación de las FF.AA. al poder civil, asunto que fue resuelto en su reforma constitucional sin necesidad de que sea refrendado en ninguna Parada Militar. Lograr ganarse el corazón del pueblo es la mejor manera de reinstalar un impulso constitucional.

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