Crisis en Cuba
Más allá de las presiones de parte de EE.UU., las causas de la crisis que enfrenta la isla tienen su origen en un régimen incapaz de generar riqueza y garantizar un mínimo estándar de vida a su población.
El régimen cubano enfrenta lo que muchos analistas coinciden es la peor crisis de su historia. Hace poco más de una semana el presidente cubano Miguel Díaz-Canel anunció una serie de medidas extremas ante los “tiempos difíciles” que enfrenta el país, como los calificó. Se redujo la jornada laboral a cuatro días, se estableció un estricto racionamiento en la venta de combustible y se priorizó el teletrabajo y clases semipresenciales. En ese mismo mensaje, además, acusó a Estados Unidos y su ambición “imperialista” de estar detrás de la crítica situación que atraviesa la isla.
Sin embargo, más allá del embargo impuesto por Washington y las abiertas presiones del Presidente Donald Trump, quien en enero firmó una orden ejecutiva donde califica a Cuba de “amenaza extraordinaria” y establece aranceles a quienes le suministren petróleo a la isla, lo cierto es que detrás de la actual situación se esconden años de políticas ineficientes y de un régimen que no ha sido capaz de generar riquezas para su población. La falta de inversiones, por ejemplo en áreas como la energía, han sometido a la población a racionamientos permanentes.
El régimen, que en 2026 cumplió 67 años, ha sobrevivido mucho tiempo apoyado en la asistencia externa. Sucedió así hasta 1991 con la Unión Soviética, que fue el gran sostén de la dictadura cubana por décadas, hasta que su colapso sumió al régimen en lo que se conoció como “el periodo especial”, la crisis más profunda que había atravesado la isla hasta entonces y que obligó a adoptar medidas extremas, forzando una tímida apertura económica en algunas áreas, como el turismo.
Las acciones, sin embargo, estuvieron lejos de generar un cambio real del sistema y la crisis solo pudo ser superada parcialmente cuando el régimen encontró otro estado capaz de subvencionar las abiertas fallas del modelo, y que sustituyera en parte el rol cumplido por la URSS. Fue el caso de la Venezuela de Hugo Chávez primero y Nicolás Maduro después, que asistía al régimen con petróleo. Pero la captura de Maduro a inicios de enero por parte de EE.UU. cambió radicalmente el escenario.
La crisis venezolana de los últimos años ya había debilitado el apoyo que entregaba el régimen chavista a la isla y desde hace años la población cubana debía afrontar cortes de energía diarios, fallas en los servicios sanitarios y desabastecimientos en áreas clave como la salud. Sin medicamentos esenciales, el país ha enfrentado en los últimos meses una epidemia de enfermedades virales que ha despertado la preocupación de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) también por sus eventuales repercusiones en la región. Un escenario que se agravó desde inicios de enero.
Ante el actual panorama, el régimen enfrenta probablemente su momento de mayor debilidad y más allá de su disposición a dialogar con Estados Unidos, expresada por Díaz-Canel, las interrogantes son en qué condiciones está dispuesto a hacerlo y cuáles son los planes de Estados Unidos. Cualquier cambio en Cuba implica un desafío mayor que en Venezuela, por la falta de una oposición organizada tras más de seis décadas de dictadura. Un factor clave, considerando, además, que el único camino de salida real para la actual crisis no pasa por medidas de apertura y tímidas reformas como en los 90, sino por un cambio más profundo de régimen.
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