Con el camarín roto y obligado a ganarle a España: el difícil presente de Marcelo Bielsa con Uruguay en el Mundial
Tras empatar en el debut frente a Arabia Saudita, la Celeste volvió a igualar con Cabo Verde y complicó su clasificación en el Grupo H. El equipo charrúa da señales de ser un plantel desconectado, que no entiende la idea de juego del rosarino. Los líos en el vestuario y las polémicas que han rodeado su proceso profundizan el quiebre.
Previo al Mundial 2026, nadie se atrevería a pensar que la selección de Uruguay se podría llegar a complicar en un grupo que integraba con Arabia Saudita y Cabo Verde. Lo más sensato, de hecho, era imaginar que iba a competir mano a mano con España. Sin embargo, con el torneo en marcha, aquel mal presagio que pocos se aventuraron a creer se convirtió en una realidad: en sus primeros dos duelos, la Celeste empató de forma consecutiva ante los Halcones Verdes y los Tiburones Azules, enredando la clasificación a la ronda de dieciseisavos de final.
Los rostros de preocupación al término del partido con los africanos lo decían todo. La decepción inundaba al plantel charrúa, que llegaba a Norteamérica con la expectativa de, como mínimo, avanzar de fase con comodidad. Ahora, el panorama se complicó y deberán buscar el milagro en la última fecha ante la vigente campeona de Europa que, de paso, renació con una goleada y contó con la irrupción definitiva de Lamine Yamal.
Las miradas en busca de un culpable por los malos resultados en la Copa del Mundo apuntan a la dirección técnica. Marcelo Bielsa no pudo encontrar la fórmula para asegurar la victoria frente a rivales que, en el papel, parecían inferiores. Desde el funcionamiento, la idea del Loco no consigue convencer a los futbolistas del país oriental. En la parte anímica, en tanto, la reacción es la misma: a raíz del extenso historial de polémicas que han rodeado el proceso del rosarino, la división con el plantel parece irreparable de cara a la última jornada del Grupo H.
La acumulación de conflictos que estallaron en el Mundial
Para encontrar la ruptura entre el camarín uruguayo y Bielsa, hay que viajar a sus primeros meses en el banquillo. Cuando el argentino arribó al elenco dos veces campeón del mundo, sorprendió al implementar su filosofía y dejar atrás un estilo defensivo que había acompañado a la Celeste a lo largo de toda su historia.
En un primer momento aquella idea futbolística trajo buenos réditos, pues llegaron hasta las semifinales de la Copa América 2024 y en las Eliminatorias Sudamericanas lograron ganar como visitante a la Argentina que venía de ser campeón en Qatar 2022.
Sin embargo, la primera piedra de tope surgió cuando un referente se declaró en rebeldía. Luis Suárez, al no ser convocado para el nuevo proceso, cargó contra el rosarino y acusó malos tratos de su parte. “Muchos jugadores hicieron una reunión para pedirle al entrenador que por lo menos nos dijera ‘buen día’. El día de mañana le pido a la gente que no se la agarre con los jugadores si algo no anda bien. Bielsa ha separado a todo el grupo hasta de la forma que tiene de entrenar”, declaró en ese entonces el goleador histórico uruguayo.
La postura de Suárez rápidamente encontró un aliado al interior del equipo. José María Giménez, capitán y referente del plantel, reconoció públicamente que existían situaciones complejas en la interna. “Son cosas de convivencia con las que no nos sentimos cómodos, que todo el mundo que está adentro de la selección es responsable. Tenemos que buscar las soluciones para estar de la mejor manera, competir y llevar a Uruguay al Mundial, que es lo que todos queremos”, contó el defensor.
La idea de que el debate excedía lo estrictamente futbolístico cobró más fuerza cuando Agustín Canobbio disparó sin filtro en contra del seleccionador. “Hubo muchas faltas de respeto. A mí me echó la culpa de haber perdido un partido. ¿Un jugador solo había perdido un partido? Fue contra Ecuador. Había hecho un gol y generado la otra situación de gol y a ver, somos 11 jugadores adentro de la cancha, un plantel y me echó la culpa de haber perdido el partido. Me responsabilizó. En ese partido yo me sentí muy bien técnicamente. Me chocó mucho la manera en que se me dijo“, reveló.
Lo cierto es que las señales de un camarín completamente se fueron acumulando poco a poco, pero fueron pasadas por alto tras la clasificación de Uruguay al Mundial en el cuarto lugar de las Eliminatorias.
No obstante, los problemas volvieron a aflorar en plena competencia. No desde los dichos, sino que desde el lenguaje corporal en la cancha. En Miami, el combinado oriental mostró su cara más pálida con dos deslucidas actuaciones. Por poner un ejemplo, Federico Valverde, que es genio y figura en su rol de capitán en el Real Madrid, ha sido un fiel reflejo de la desconexión que existe entre los emblemas del equipo y el director técnico. El volante de los merengues no ha aparecido.
Mal funcionamiento y errores garrafales
Yendo hacia el análisis meramente deportivo, las falencias de Uruguay son múltiples. De partida, el cuadro del Río de la Plata tiene nombres que deberían dar un paso adelante ante elencos de menor categoría como Arabia Saudita y Cabo Verde. Basta con mirar la diferencia en el valor de las plantillas para comprender que los charrúas deberían ser ampliamente superiores: están avaluados en 359 millones de euros, mientras que los asiáticos y africanos rondan los 54 y 31 millones de euros, respectivamente.
Jugador por jugador, los apuntados son varios. El mencionado Valverde es el ejemplo más claro a la hora de evidenciar la ausencia de los referentes en la cancha. El mediocampista no ha lucido cuando el rigor del partido exige su participación. En esa misma línea se encuentra Darwin Núñez, delantero con pasado en el Liverpool, quien aparecía en la antesala del torneo como la carta de gol y tampoco ha respondido. Finalmente, en el caso de Ronald Araujo y Josema Giménez, que debían alzarse como los patrones en el fondo, ni siquiera han jugado por problemas físicos y se convirtieron en una opción menos para Bielsa.
Un párrafo aparte merece Fernando Muslera que, en su rol de histórico, ha tenido un Mundial para el olvido. El longevo golero ha concedido tres anotaciones, siendo el culpable directo en dos de ellos. Contra los árabes, por ejemplo, dio un rebote tras un cabezazo y derivó en la cifra de Abdulelah Al-Amri. Ahora, con los caboverdianos, protagonizó un fallo compartido con Matías Olivera y sufrió un gol de larga distancia al quedar mal parado en la salida.
El único que ha sacado la cara, de cierto modo, es Maximiliano Araujo. El hombre del Sporting de Portugal ha respondido con dos goles, mostrando un ímpetu en la ofensiva que no se ve en otro futbolista. Sin embargo, las ganas del ariete no alcanzan por ahora. Uruguay igualmente se ha visto dominado en varios pasajes: el primer tiempo contra los saudíes y el tramo inicial del complemento ante los africanos son muestra de aquello.
Lo que necesita de cara a la final con España
Con estos malos resultados a cuestas, a Uruguay no le queda otra opción que aferrarse a triunfar en la última fecha contra España. El mismo Bielsa manifiesta su optimismo de cara a este crucial duelo. "Tenemos que jugar contra España con la necesidad y la obligación de ganarles. Es un desafío muy grande para todos nosotros. Para mí, que soy el responsable de que Uruguay no haya conseguido más que dos puntos de seis posibles. Y también para el equipo, que tiene la alternativa de cambiar la imagen contra un gran rival. De ningún modo creo que no podamos afrontar ese partido sin ninguna aspiración”, dijo el rosarino en conferencia de prensa.
Pero antes, en la Celeste también sacan la calculadora y exploran diversos escenarios. Hay tres caminos posibles. Si le gana a España, clasificará a los 16avos de final con cinco puntos, muy posiblemente en primer lugar.
Si empata con España, llegará a tres unidades y avanzará si no hay un ganador entre Cabo Verde y Arabia Saudita. Si el otro partido termina igualado, los ibéricos llegarían a cinco puntos y tanto Uruguay como Cabo Verde alcanzarían tres, mientras que Arabia cerraría con dos. Allí entrarían en juego los criterios de desempate para definir posiciones.
Finalmente, si llega a perder con España, quedará con dos puntos y deberá esperar otros resultados. Todavía podría aspirar a uno de los ocho cupos reservados para los mejores terceros de la fase de grupos, aunque dependería de resultados ajenos y de una diferencia de gol favorable.
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