De la tierra de La Pintana a Los Cóndores

Cristóbal Escobar posa en la población San Ricardo, en La Pintana, donde reside. (Foto: Juan Farías)

Una historia de esfuerzo. Cristóbal Escobar aprendió a jugar en cancha de tierra y hoy busca un espacio en la selección chilena del deporte de la ovalada. Este sábado es su prueba de fuego.




Vio drogas en su entorno, pero nunca se les acercó. Enfocado desde pequeño, Cristóbal Escobar (18) creció y conoció el rugby en La Pintana. Lejos del césped y de canchas con medidas oficiales, el hoy seleccionado nacional aprendió a jugar en la tierra, sin lujos ni comodidades deportivas. Como fuera, salió adelante y hoy asoma como renovación en el plantel nacional de rugby. Antes debe ganarse el puesto, lo que buscará este sábado, en el Estadio Nacional, cuando los Cóndores se dividan en dos equipos para su primer partido tras la pandemia. Una buena actuación puede brindar un pasaje al Sudamericano de Rugby con el plantel definitivo.

La sacrificada historia se remonta a una década atrás. “Antes era muy futbolero. Una vez me probé en un equipo y te cerraban harto las puertas. Me fui a probar a La Pintana, que eran unos talleres que hacían. Y un tiempo jugué como invitado en la U. Era bueno, me gustaba harto, pero no tuve la oportunidad de desarrollarme más. No me convencía tampoco. Hasta que una vez me vio un profesor de mi colegio, que era entrenador del Trapiales Rugby Club, un equipo de acá en La Pintana en el que estoy hasta ahora. Me empezó a incentivar cuando tenía ocho o nueve años. Fui un día a entrenar y fue como amor a primera vista. Nunca más me salí del rugby”, parte contando sobre su historia en el deporte.

Sus inicios no fueron fáciles. Su estatura a la corta edad con la que se adentraba al rugby era casi un impedimento. Las lesiones se hacían habitual, junto con los retos de su madre. “En ese entonces era demasiado chico. Era un petiso, así me decían. Fui sin saber nada. Empecé desde cero y ellos mismos vieron mis habilidades, que era ágil, rápido, tenía buena lectura de juego. Cuando me metí al rugby, que es un deporte de contacto, como que me hacía llegar a la casa a dormir altiro. La que pasaba rabia era mi mamá, viendo como me pegaban sin importar nada. Pero para mí era lo más bacán”, cuenta.

FOTO: JUAN FARIAS

En la población San Ricardo, donde reside, lo que abunda y, con mucha ventaja, es el fútbol. En los pasajes, en las plazas, y el fin de semana en las canchas no se ve más que la pelota. El caso de Escobar es prácticamente atípico. “Mucha gente me cuestionaba cuando le contaba que jugaba rugby. Decían que era un deporte bruto, que si no tenía miedo a lesionarme. Yo decía que no, que era un deporte fuera de lo común y me llamaba la atención. En estos sectores se prioriza el fútbol, el rugby es poco conocido”, recuerda.

Otros comentarios, simplemente ponían en riesgo el camino que escogió para su vida, el del deporte. En fiestas, a Escobar le tocó evadir invitaciones a consumir droga. “Vi cómo gente mucho más chica que uno ya a temprana edad se empieza a meter en malos pasos, ofreciendo cosas, mientras podrían estar haciendo cosas más productivas. No estoy en contra ni lo critico, ya que uno toma los caminos que desea. Mi familia me decía que disfrutara, pero siempre con cuidado, estando atento en todo momento. Rescato las enseñanzas que me han dado mis papás. Siempre me han enseñado que hay que estar con gente que sume en vez de que reste. Sobre todo cuando uno es deportista. Hay gente que te lleva por malos caminos y no te sirve”, dice el rugbista respecto del ambiente que le tocó evitar. “Siempre me tocó ver eso. Uno siempre estaba ahí como para dar el apoyo. Me tocó dárselo a amigos y a conocidos, pero a veces las decisiones son personales. Tú decides donde quieres pertenecer”, agrega.

La pelea por un puesto

Cristóbal Escobar se adentra entre los seleccionados nacionales de a poco. Llegó a los 16 años al plantel juvenil, tras ser descubierto en la selección de Santiago. Hoy, a sus 18 años, pelea un puesto en el conjunto chileno de rugby completo y seven. Su camino no ha sido fácil. No tuvo las mismas condiciones que los demás para poder llegar a donde está. “Son cabros que juegan desde el colegio. Colegios ingleses, que como asignatura tienen rugby. Lo juegan cuando chicos, y en sus familias también lo juegan. Los que me incentivaban a no sentirme menos eran mi familia, mi mamá y mis entrenadores. Ponían su gota de confianza en mí y eso me hacía esforzarme para estar a la par del resto”, cuenta.

“Es otra realidad la que tú empiezas a vivir. Yo entrenaba en la antigua cancha del estadio de La Pintana. Antes de que fuera sintética, era de tierra. Allá era primera vez que veía canchas de rugby y a equipos que se dedicaban cien por ciento al rugby. Fue un cambio. Eran puros cabros rubios. Es todo distinto, así como se ve hoy en día en la sociedad”, añade.

Pese a las diferentes realidades, rescata el buen trato recibido en el plantel: “Me sorprendió que nunca me apartaran por ser de otro lado. Sentí que todos estábamos ahí por una misma razón, jugar al rugby. Hasta el día de hoy sigo con muchos compañeros con los que partí y no he visto ese prejuicio y rechazo. Eso rescato de lo que me tocó a mí. Había casos específicos, de cabros que estaban en otra y no pescaban mucho, pero nunca he visto rechazo. En la misma selección hay cabros que vienen de regiones y son súper bien bienvenidos. Todos estamos jugando por lo mismo, representar el país”.

Con su lucha por consagrarse en el rugby chileno, Escobar quiere lograr más que una camiseta de titular. “Uno trata de representar de la mejor manera a la comuna. Le estoy dando el ejemplo a la gente de que todo se puede. Nada es imposible, a pesar de que vivas en una comuna que a veces puede ser precaria, de que no tenemos los mismos recursos que otras personas. Con perseverancia se pueden alcanzar los sueños y hay que luchar por eso”, comenta.

Estos días, además de hacer preuniversitario para poder estudiar kinesiología el próximo año, entrena presencialmente en las mañanas con la selección nacional. Es parte de un selecto grupo de jóvenes que integra las prácticas con el primer equipo en el Centro de Alto Rendimiento Parque Mahuida, en La Reina. Además, está considerado para el amistoso de este sábado, donde se definirá quienes viajan al Sudamericano a disputarse en Uruguay, en octubre. “Soy el más chico y me estoy jugando un cupo. Es bacán poder jugar con la adulta”, dice. Los nacionales no juegan desde noviembre del 2019, cuando recibieron a Portugal en San Carlos de Apoquindo.

El medio scrum o wing, sus posiciones, sigue buscándose su lugar en el equipo. Parece ayer el día que fue pelotero en un partido de la selección en el estadio de La Pintana. O cuando llegaba a casa lesionado, con tierra en el cuerpo, y recibía los retos de su madre. O cuando se alejó y evitó probar alguna droga. Cada paso de Cristóbal Escobar desde la tierra a la elite del rugby no ha sido fácil. Ahora añora empezar a ver los frutos de tanto sacrificio.

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