El sobrecogedor relato de Pérez Roldán: “Mi padre me cagaba a latigazos”

Foto: Historia del Tenis en la Argentina/R. Andersen y E. Puppo.

El ex número 13 del mundo y antiguo técnico de Nicolás Massú y Christian Garin reveló en una entrevista los maltratos de su progenitor, quien además era su técnico.




Guillermo Pérez Roldán fue una de las figuras más destacadas del tenis argentino a fines de los 80 y comienzos de los 90. En su corta carrera llegó a ser número 13 del mundo, pero una lesión en la mano lo privó de seguir avanzando y finalmente optó por el retiro.

Radicado en Chile, montó una academia y entrenó a figuras nacionales, como Nicolás Massú y Christian Garin. Sin embargo, siempre optó por cultivar un perfil más bien bajo, pero en una entrevista con el diario transandino La Nación reveló algunos de los momentos más crudos de su vida, causados por los maltratos de su padre y entrenador, Raúl Pérez Roldán.

“Hubiese preferido tener un peor entrenador y un mejor padre, simplemente eso. Me da mucha pena: fue tan bueno en lo que creó, fue un sistema que funcionó, debería haber sido Gardel y descargaba sobre mí una, no sé si exigencia, pero perdí un padre. Hubiese preferido, desde ese lado, que él fuera un gran profesor de tenis y yo un buen abogado, no sé. Es una parte negra. Ahora, como técnico, me saco el sombrero. Mientras esté en vida espero que alguna vez podamos acercarnos, porque al final de todo es mi padre”, señaló.

También detalló los maltratos físicos que sufrió de parte de su progenitor. “Sufrí el maltrato físico. Todos sabían. La cosa fue conmigo. Y con mi hermana al principio. Pero cuando empecé a facturar yo, mi hermana pasó a un segundo plano. Tengo que decir que fue un técnico de la puta que lo parió de bueno, pero un padre de mierda. No podía ser que ganar un partido era un alivio y en determinados momentos, en vez de poder disfrutar a los 19 años, ya no di más. Le dije: ‘Seguí por tu camino, cuando te necesite técnicamente te llamo. Comprate un campo, andá a los caballos, qué se yo, pero déjame tranquilo’. Después de él no tuve otros técnicos. Jugué muchos años solo. Entonces me llevaba a mis amigos, a algún entrenador sustituto, como Kiko Carruthers, con quien viajé a dos torneos y gané los dos y no pudo viajar más. Todo el mérito tenístico se lo doy a mi papá, porque creó un diccionario de lo que había que hacer, pero yo me estoy refiriendo a la parte familiar. ¡Qué se yo! Un año gané tres torneos de ATP, en el ’87, ¡era junior, tenía 17 años! Después de ganar Buenos Aires me voy a Itaparica, en la primera ronda me toca un muchacho que se llama Tore Mainecke, jugué en otra superficie, venía de una que era súper lenta, hacía un calor, perdí y [después del partido] se subió a la cama y me empezó a cagar a latigazos porque decía que no me había movido bien. No puede ser. Cosas así, groseras”.

“Si yo te contara realmente las cosas fuertes, como perder un partido, entrar en una habitación y que te peguen una piña en medio de la boca con el puño cerrado. Y yo las corría todas, eh. O que te metan la cabeza en un baño o que te agarren a cintazos arriba de una cama. O un robo de cuatro o cinco millones de dólares. Todo lo que gané jugando al tenis, al otro día no lo tenía. Mi vieja [Liliana Sagarzazu] y mi viejo firmaron para sacarme la plata de mis cuentas”, prosiguió.

Pérez Roldán también contó cómo se produjo la lesión que terminó forzando su retiro del tenis. “En 1993, después de Roland Garros, estábamos con mi padre en Génova, pero como yo tenía el día libre antes de jugar vamos a ver a [Mariano] Zabaleta, que jugaba el Avvenire en Milán. Cuando volvemos, paramos en una estación de servicio y me voy a comprar algo para comer y me pongo a hablar por teléfono. Cuando miro para afuera, dos tipos le estaban pegando a mi viejo. Salí, pegué dos tortazos, me puse hielo en la mano y seguimos. Al otro día cuando amanezco tenía la mano que parecía con elefantiasis. Después vine para Argentina, ya sabía que tenía algo roto, jugué todo el año infiltrado y muy pocos torneos. Después me operé varias veces y nunca quedé bien. Al día de hoy que todavía tengo la mano sin movimiento”.

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