El Deportivo

“Emocionalmente somos inestables; falta actitud”: los pecados de la UC de Garnero tras el Clásico Universitario

Tras un pobre primer tiempo, Católica reaccionó y levantó en el complemento, pero no le alcanzó para evitar la derrota con la U. La irregularidad del equipo a lo largo del año deja en evidencia varios asuntos: desde la fragilidad defensiva (desarmando su mejor dupla de centrales), hasta rendimientos que no terminan de convencer.

La errada lectura de Garnero en el Clásico Universitario que desnudó las falencias de la UC. ANDRES PINA/PHOTOSPORT

En Universidad Católica todavía mastican la amargura de perder el Clásico Universitario del sábado. En cualquier latitud, caer ante el archirrival implica un golpe bajo. No obstante, en este caso hace ruido la manera en que la UC terminó inclinándose ante la Universidad de Chile de Fernando Gago, más allá de que el marcador refleje una diferencia solo de un gol. Y justo se produjo antes de la expedición por Ecuador, toda vez que el miércoles enfrentar a Barcelona por la Copa Libertadores.

Deconstruyendo el duelo ante los laicos, se pueden percibir los errores de los cruzados, y en particular de Daniel Garnero en la lectura y planificación del partido. Era cosa de echar un vistazo a las redes sociales para detectar que el DT era uno de los principales apuntados por los hinchas, por ejemplo en el pobre primer tiempo realizado en el Estadio Nacional.

Si la U tuvo primeros 45′ enérgicos y punzantes, gracias a las apuestas jóvenes de su entrenador, la UC fue solo confusión e irritabilidad. No se hallaban en la cancha y debían recurrir al pelotazo porque no encontraban otra manera de romper líneas rivales. Ni siquiera contaba con velocidad para contragolpear. Para esos fines, hizo falta Clemente Montes, ausente por una torpe expulsión ante Unión La Calera. En la primera mitad, Católica no pateó al arco. Los datos de Sofascore muestran que contó con una efectividad del 33% en pases largos y recibió seis tiros dentro del área penal, en el primer tiempo.

En el complemento, la UC mejoró, pero no fue suficiente para inquietar a Gabriel Castellón. Creció en la posesión de balón (55%), registró cuatro remates a puerta, subió en la efectividad de los pases largos (58%) y también en las entradas ganadas (de 55% a 89%, en la segunda mitad). “El análisis nuestro es: ¿por qué tuvimos un primer tiempo tan deslucido? Con nada el rival nos pasó a ganar. Después nosotros intentamos, el segundo tiempo mejoramos y nos aproximamos más. Tuvimos opciones claras de gol, pero no tuvimos esa efectividad para meternos en partido”, analizó Garnero.

Un plantel con “falta de actitud” y de rendimientos bajos

¿Por qué no fue titular Fernando Zuqui? El argentino ha tenido un destacado retorno a las canchas. De hecho, fue el motor de la histórica victoria sobre Cruzeiro, aportando buen manejo de balón y la jerarquía requerida en este tipo de encuentros. Es cierto que recién volvió en marzo, tras una larga ausencia por lesión, y en el cuerpo técnico optan por cuidarlo. Pero no es menos cierto que desarmar un mediocampo que estaba entregando garantías era correr un riesgo. En el segundo tiempo, la presencia del ex Estudiantes de La Plata se notó.

La UC perdió el clásico en el Estadio Nacional. PEPE ALVUJAR/PHOTOSPORT

La carencia de ideas que mostró la UC va de la mano con la baja de rendimientos individuales. El ejemplo de ello en el clásico fue Matías Palavecino. Esta Católica parece no estar diseñada para la presencia de un 10. Entonces, el 10 debe adaptarse a la lectura del entrenador. Más que un enganche, el campeón con Coquimbo es un volante interior o hasta un mediocampista por afuera con Garnero. Ante la U, Palavecino acertó solo el 59% de sus pases (13 de 22), disminuyendo al 53% en los pases en campo rival (9 de 17).

Los rendimientos individuales también afectan al colectivo. Y uno de los puntos bajos de Católica en el año es su defensa. Ha recibido 17 tantos en 11 fechas, los mismos que el colista Deportes Concepción, por ejemplo. Colo Colo y la U han encajado apenas seis cada uno.

Garnero optó por desarmar una pareja de centrales que fue estable y eficaz en 2025 como la de Daniel González con Branco Ampuero. ¿Fue un pecado? Quizás. Sin embargo, en la Supercopa el nivel de González fue bajo y luego sufrió una complicación cardíaca. Mientras que el rendimiento de Ampuero ha estado por debajo del que mostró la temporada pasada.

En esto hay aparejado otro asunto: las dudas de la UC en su banda derecha. La baja de Tomás Asta-Buruaga y el bajísimo nivel de Bernardo Cerezo hizo que Garnero optara por mover a González como lateral, tras recuperarse de sus dolencias. Esto le abrió la puerta a Juan Ignacio Díaz, hoy transformado en un inamovible en el equipo franjeado. El exO’Higgins ha mezclado una buena labor en los duelos áereos y en las recuperaciones con algunos yerros que han costado goles en contra. Asimismo, ha convertido dos veces (ante Boca y Audax). Otro aval es que le brinda salida con pierna izquierda. El sábado, el ingreso de Sebastián Arancibia fue por González, no por Díaz.

También queda puesta la mirada crítica en Vicente Bernedo. El portero ha mezclado buenas y malas, en una posición siempre ingrata. Si en Brasil fue uno de los puntales cruzados, sus dos actuaciones siguientes no generaron el mismo nivel de seguridad. En el gol de Lucero, no respondió de la mejor manera, al quedar clavado en la línea de meta ante una acción de pelota detenida. Sus mismos compañeros lo recriminaron.

¿La UC es un equipo que está cansado? El desgaste entre viajes y partidos cada tres días parece afectar. Según Garnero, no es un problema físico lo que le falta a la UC, sino más actitud. Ese cuestionamiento va de la mano con otro: ¿hubo un error en la planificación? Pensando en el clásico con la U. de Chile y el posterior viaje a Guayaquil, ¿falló Garnero en no dosificar ante La Calera? Lo concreto es que el argentino ha sido fiel a su idea y no ha privilegiado un torneo por sobre el otro.

Por su parte, Fernando Zampedri cumplió su quinto partido consecutivo sin anotar y sin aportar asistencias. El delantero de 38 años ya resiente su edad y el desgaste de una temporada con tantas competencias. Con escasa movilidad y casi nula asociación con sus compañeros, el Toro ha sido de los puntos más bajos en las últimas semanas. Incluso, cuando le llegó la pelota, generalmente decidió mal. Tampoco hay nadie en la banca que le meta presión.

La Católica 2026 peca de irregular. Ha perdido tres de sus últimos cinco encuentros. El propio entrenador ha puesto el acento en ese punto. “Emocionalmente somos inestables, cuando estamos bien tenemos buenas reacciones. Hoy (sábado) era un partido para estar 10 puntos desde lo emocional, pero no estuvimos bien. No tuvimos efectividad para poder revertir el resultado como en otros partidos. Tenemos que ver lo que nos pasó, es lo que nos queda para mejorar para lo que viene”, declaró tras la última derrota. “Faltó profundidad, faltó actitud”, remató. Y no hay mucho tiempo para lamentos, porque el miércoles tiene un desafío de peso en Ecuador, ante Barcelona de Guayaquil.

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