Graves problemas de seguridad, agresiones a Aníbal Mosa y pifias a Paulo Díaz: los pormenores que dejó la visita de River Plate a Colo Colo

La barra de Colo Colo lanzó proyectiles a los jugadores de River Plate.

La barra de Colo Colo lanzó proyectiles a los jugadores de River Plate. Foto: SEBASTIAN ORIA/AGENCIAUNO

El estadio Monumental nuevamente sufrió diversas vulneraciones que pusieron en serio peligro a los asistentes. Turbas de gente sin entrada derribaron rejas e ingresaron a diversos sectores, superando completamente a los guardias instalados en el interior. A la salida, el extimonel de Blanco y Negro fue objeto de insultos y Alfredo Stöhwing, el nuevo presidente, salió en silencio.



El encuentro entre Colo Colo y River Plate en el Estadio Monumental dejó muchísimas situaciones para el análisis dentro y fuera de la cancha. Algunas, realmente preocupantes, como las graves fallas de seguridad en la organización del encuentro. Este punto pone muy en tela de juicio la forma en que se están haciendo las cosas en esta materia.

Cuatro horas antes del encuentro, ya había largas filas de automóviles buscaban entrar al recinto, provocando un gran atochamiento. Luego, esto empeoró al momento del ingreso peatonal, que fue realmente caótico. Pocos accesos y enormes colas. Sin embargo, el asunto se puso muy peligroso al momento de que grupos de gente sin entrada comenzaron a romper las rejas, una situación que ya había ocurrido en otros encuentros en Macul. Así, en al menos cuatro ocasiones hubo reventones que terminaron con turbas ingresando dos veces a Océano y otras al sector de Cordillera desde Galvarino, en donde se rompió una de las vallas.

En ambas zonas el exceso gente pudo haber provocado una tragedia, porque todas las escalinatas fueron ocupadas por personas sin sus boletos, lo que no solo obstaculizó la visión de quienes sí habían pagado por una entrada, sino que pudo haber resultado fatal en caso de una emergencia. Frente a esto, los guardias no daban abasto frente a la situación y Carabineros, en el exterior, procedió a disuadir con el carro lanzaaguas y con otros gases. Si bien se anunciaron 35.219 espectadores, lo cierto es que había una cantidad bastante superior a eso.

Por otra parte, el duelo se debió detener un par de minutos en el primer tiempo para que se bajaran algunos sujetos que se encaramaron en la cornisa del sector norte. Mientras que Marcelo Gallardo, el DT de River Plate, no solo reclamó por el desnivel de la cancha, sino que denunció el lanzamiento de proyectiles desde Océano tras el gol de Matías Suárez, justo detrás de la banca.

“Son de la B, son de la B”, se escuchaba en el Monumental. El cántico aludía al descenso que vivió River en 2011. Mientras que Paulo Díaz, exdefensa de Colo Colo, recibió algunas pifias y la tristemente tradicional sacada de madre al momento de anunciar las formaciones. También hubo gritos contra la concesionaria. “Oh, lo que quiere el pueblo, que se vaya Blanco y Negro”, sonó fuerte.

En las graderías se comentaba el gran primer tiempo de Gabriel Suazo, el buen nivel de Maximiliano Falcón y el desequilibrio de Pablo Solari. El hincha se ilusionaba con lo que podía ocurrir en el segundo tiempo, pero el Cacique perdonaba y perdonaba. Y eso ante un equipo como River Plate se suele pagar muy caro.

El error de Omar Carabalí, quien luego fue respaldado por Gustavo Quinteros y Falcón, fue un mazazo para un cuadro albo extenuado por el esfuerzo. El segundo tanto de Esequiel Barco le puso la lápida al partido. El descuento de Juan Martín Lucero le dio un poquito más de justicia a lo que ocurrió. Y a pesar de la derrota, el público despidió entre aplausos a su equipo, reconociendo el trabajo realizado.

Después del pitazo, la salida fue tranquila para algunos. No así para Aníbal Mosa, quien se detuvo a conversar con la prensa en el trayecto hacia el camarín albo. Mientras hacía su análisis del encuentro, comenzó a ser duramente increpado por un grupo de hinchas que pasaba por la zona de estacionamientos. Insultos de grueso calibre por su rol en la salida de Edmundo Valladares de la presidencia y hasta restos de cerveza sin alcohol le lanzaron al puertomontino, quien tuvo que abandonar rápidamente.

Por su parte, Alfredo Stöhwing, el nuevo presidente de Blanco y Negro, se retiró rápidamente una vez finalizado el encuentro y sin hacer declaraciones. La noche en Pedreros fue compleja y reviste un largo análisis de las nuevas autoridades, porque la experiencia estadio cada vez está siendo más difícil para el hincha y también para quienes trabajan en el espectáculo.

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