La denuncia de acoso que terminó con la carrera de Marlene Ahrens a los 30 años

La medallista olímpica no pudo ir a Tokio 1964, castigada por unas declaraciones. Ella alegó siempre que fue una venganza desde el Comité Olímpico.




Las cosas en 1959 eran muy diferentes a las de hoy. Hace 61 años, Marlene Ahrens representaba a Chile en los Juegos Panamericanos de Chicago y no era una más en la delegación nacional, pues tres años antes había sido medallista de plata en los Juegos Olímpicos de Melbourne.

En este camino a Roma 1960 y con apenas 26 años, en Estados Unidos se dio el primer paso en lo que terminaría con su carrera en el atletismo. Según contaría mucho más adelante, en un Chile enfrentando estas situaciones de manera muy diferente, en Chicago fue acosada por el dirigente que encabezaba la delegación nacional, que más adelante vengó la denuncia que hizo la jabalinista sacándola del mundo deportivo.

De acuerdo a lo que contaba Ahrens, en 1959 Alberto Labra Andrade tuvo con ella una actitud que “hoy sería llamado acoso sexual. Lo paré en seco y después fui a hablar con el presidente del Comité Olímpico Chileno para estampar mi reclamo, porque dos atletas más habían sido molestadas por esta persona. En esa reunión me pidieron que me callara, porque si hacía pública la denuncia, sería muy grave para el olimpismo”, agregaba.

Marlene Ahrens no hizo caso del “consejo” de los directivos de la época y las tres afectadas mantuvieron su reclamo, aunque no se hizo público.

Más adelante, Labra Andrade llegó a la presidencia del COCh y, a pocos meses de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, suspendió a la medallista de toda actividad deportiva por un año. Ahrens quedaba fuera de su tercera cita de los anillos.

“Me suspendieron por un año en víspera de los Juegos, por unas declaraciones que salieron en el diario Clarín y que yo desmentí. Le pedí al periodista que fuera a la Federación para que explicara lo que yo había dicho y lo que él reprodujo. Igual me castigaron”, relataba.

“La denuncia que hice me costó no ir a Tokio, que me suspendieran y me prohibieran apelar. Esa sanción fue una venganza”, resumía Ahrens, quien agregaba que ese asunto la llevó a abandonar el atletismo para siempre.

“Cuando pasó el año de catigo, yo apelé con pruebas, pusieron una comisión elegida por ellos y al final dijeron que no merecía el castigo. Pero para que no tuviera que dimitir el directorio, sometieron el fallo a votación y trabajaron los votos. No me dejaron exponer mi parte, fue una votación viciada. Y ahí dije ‘nunca más’”, recordaba Ahrens, quien también dijo: “Yo estaba en mi mejor momento deportivo cuando mi carrera como atleta llegó a su final”.

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