El primer paso profesional del hijo de Solabarrieta

Nicolás, el primogénito del periodista, deja el fútbol universitario en Estados Unidos y se hace profesional en la segunda división de Uruguay.


Nicolás Solabarrieta (22) da el primer paso. El hijo de Fernando e Ivette Vergara firma su primer contrato profesional. Deja la tranquilidad y la comodidad del fútbol universitario de Estados Unidos, en el que defendió con éxito a Albany University (donde además se tituló de ingeniero comercial), y las cambia por las carencias y la refriega de la segunda división de Uruguay. Vestirá la camiseta del Tacuarembó.

El delantero intentará consolidar las condiciones que anunció en las categorías inferiores de Universidad Católica y de pulir los detalles que le impidieron llegar al primer equipo cruzado, como su amigo Benjamín Kuscevic, a quien acompañó en el festejo de la Supercopa. Pegado a la banda izquierda o en el centro del ataque, intentará emular a su gran ídolo, Cristiano Ronaldo.

“Quizás me faltó un poco ese hambre de mostrarme. Y mucho gol. Me generaba oportunidades y era peligroso, pero no las concretaba. Curiosamente, en Estados Unidos me hice goleador, por las necesidades del equipo. Fue lo que me faltó para dar el paso. Es más fácil con el diario del lunes. Hubo razones, yo las respeto y está perfecto. Si consideraron que no estaba listo, lo respeto”, dice respecto de un pasado cruzado sin rencores y con el sueño del retorno futuro.

El delantero tuvo opciones para seguir en Estados Unidos. Entrenó en el Sporting Kansas City y en el Red Bull y recibió llamadas del Columbus Crew. Finalmente, cambió Nueva York por la pequeña ciudad ubicada a 351 kilómetros de Montevideo. “Si bien es una ciudad pequeña, es algo que necesitaba hacer. No estarán las comodidades de la MLS, pero sí otros factores que necesito para desarrollarme. El fútbol uruguayo es de talento, pero sobre todo de mucho roce. Y eso me ayudará. Cuando apareció la opción de llegar a Uruguay, no lo pensé dos veces”, afirma, mientras coordina su llegada a la ciudad que lo cobijará, inicialmente, por un año.

En el país platense espera sacarles provecho a la velocidad y a sus 1,79 metros de estatura. “No voy a ponerme metas específicas. Estoy agradecido de Tacuarembó y quiero jugar mucho. Después, veré”, concluye respecto de una carrera que recién comienza a construir.

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