El diagnóstico de Eyzaguirre: "La única forma de que una sociedad progrese en paz es que nadie tenga demasiado poder"

"No hay nada peor que llegar tarde a una fiesta y tratar de ponerte al día, porque te curai. Están todos con tres o cuatro tragos, pero se lo han tomado a lo largo de dos horas. Creo que muchos, frente a lo que estábamos viendo en las calles, trataron de ponerse al día demasiado rápido. Y pierden la perspectiva.", señala el extitular de Hacienda.


Bueno para las metáforas, cuenta Nicolás Eyzaguirre que apenas terminó el gobierno de Michelle Bachelet se dedicó a saldar una deuda que tenía pendiente consigo mismo: escribir un libro sobre qué es lo que impedía que Chile pudiera volar. Dos veces ministro de Hacienda, una de Educación y otra de la Segpres, se sumergió en la historia para dar con su teoría: que el asunto, y que es lo mismo que nos estalló en la cara, tiene su origen en la Conquista. La raíz, plantea, está en la forma cómo este país se concibió; la dominación de los españoles sobre los nativos, que luego dio paso al gobierno de una oligarquía que se perpetuó por los siglos de los siglos. Por eso, dice Eyzaguirre, a los países que son parecidos en tamaño y recursos al nuestro -como Australia, Nueva Zelandia y algunos nórdicos- no les pasan estas crisis de tanto en tanto, porque se formaron de una manera más igualitaria, en un trato más horizontal.

Su tesis está escrita en Desigualdad: raíces históricas y perspectivas de una crisis, que estaba a punto de partir a imprenta cuando se desató la crisis social en Chile. Allí sostiene que lograr una sociedad desarrollada, en que "cada cual pueda llevar adelante su proyecto de vida sin que la condición patrimonial de su familia u otras diferencias de raza, credo o género se interpongan en su camino", solo es posible cuando las instituciones se encaminan en esa dirección. Por lo mismo, llama a cuidar hoy la institucionalidad y la democracia.

Existe el diagnóstico de que estamos frente a un cuestionamiento al modelo de desarrollo, que mostró su contracara: que el progreso no llegó a todos de la misma manera. Un modelo que para algunos era un orgullo que la Concertación -de la cual usted fue parte activa- haya seguido.

Primero, hay que ver a qué nos referimos como modelo. A excepción de Cuba, Venezuela y Corea del Norte, hoy todas son economías capitalistas. Incluso, Stiglitz habla de que está el capitalismo oligárquico versus el capitalismo progresivo. Entonces hay que comenzar a ser más sutil en términos de qué es lo que diferencia la estrategia que tomó Chile versus otras. Y, efectivamente, yo creo que lo que Chile tiene todavía insuficiente es un contrato social que está a medio hacer. Y que los países que lograron desarrollarse lo hicieron hace mucho tiempo.

Hasta ahora hemos estado más en un capitalismo oligárquico, dice usted.

Definitivamente. Los imperios, que son la forma más sublime de oligarquía, fueron el tipo organización política que prevaleció en el mundo durante los últimos tres milenios. Las estructuras más inclusivas, democráticas, emergen hace recién 200 años. Entonces, cuando la gente hoy dice "no es 30 pesos, es 30 años", ¿no será un poquito corta esa mirada? Hemos heredado una estructura oligárquica que viene desde la Colonia y el país se ha ido poco a poco zafando de eso, pero las cosas tienen ciclos de alza y baja. Tuvimos un ciclo muy bueno, hasta 1920 aproximadamente, a pesar de la crisis del 91 con Balmaceda; luego tuvimos una crisis completa cuando vino la Primera Guerra Mundial y el problema del salitre. Ahí parecimos levantar vuelo nuevamente, a partir de Pedro Aguirre Cerda, pero otra vez nos enfrentamos unos con otros, porque esto no era tan fácil de hacer. Vino la Unidad Popular y vino el golpe. Pasó lo que pasó. Ahora parecíamos levantar vuelo de nuevo, pero parece que hay cosas que se nos van quedando atrás.

Pero es difícil pensar en corregir toda la historia, de toda nuestra existencia, ahora, ¿no?

De a poco. Ahora voy a la parte optimista. A pesar de nuestra raíz oligárquica, Chile fue generando una sociedad más inclusiva. Conforme se fue ampliando el derecho a voto y también producto de la riqueza del salitre, se comenzó a ampliar la educación, ya hacia 1910. Comienza a surgir la clase media y una sociedad más integrada, pero aún insuficiente. Luego vino la experiencia de la Unidad Popular, vino la dictadura y ahora los 30 años de democracia. Si tú miras la historia comparada con otros países de América Latina, en Chile no prevalecieron los experimentos minoritarios refundacionales. La Unidad Popular, de la cual yo siendo joven adolescente era muy partidario, no funcionó porque la mayoría estuvo en contra.

Luego vino la dictadura, que intentó un modelo hiperoligárquico, y no funcionó porque nunca logró adhesión mayoritaria, pese a que intentó cooptar a todos los chilenos con el paraíso del consumo, pero las reventó en la cara. Chile se sacudió de estos experimentos extremos.

Hay quienes piensan que esto también es un reventón de un paraíso del consumo, sobre todo para una clase media.

Claro, pero son magnitudes distintas. El año 82 Chile llegó a tener creo que un 15% del producto en déficit cuenta corriente. O sea, eso era la bacanal. Hoy, la gente se ha endeudado un poco, pero si tú miras la cifra agregada es la nada misma. No se compró a la gente a punta de consumo. Eso no es cierto. La democracia tenía una base legítima muy grande, que se descompuso, en parte, porque el contrato social estaba petrificado por la Constitución de Pinochet. Yo creo que le sacamos todo el jugo que podíamos a un cierto marco prefijado desde la dictadura. Se hicieron cambios a la parte más aberrante de la Constitución, pero el modelo oligárquico que está ahí implícito, donde los derechos individuales de propiedad son mucho más importantes que los derechos sociales, donde nada puede cambiar si no tienen una hipermayoría, tocó fondo.

Ahora, ¿por qué yo soy optimista? Porque Aylwin heredó un gobierno en que el gasto por estudiante era la sexta parte en términos reales de lo que es hoy día el gasto, por paciente en la salud era la quinta parte de lo que es ahora. Entonces, el negacionismo de la derecha y quizás la falta de conciencia nuestra de que se estaba acumulando demasiada tensión llevaron a lo que hay ahora.

¿Cree que el país que usted describe se condice con el nivel del estallido que estamos viendo?

Voy a hacer una metáfora ahora que no soy ministro. Si una persona calza 42 y lo obligas a andar con un zapato 36, esa persona te va querer destruir. Y si después dices "no sé por qué alega, si ahora le compré zapatos 39", igual le duelen los pies. Creo que hemos ido aliviando la tensión, pero a un ritmo que es insuficiente. Aunque hayas ido descomprimiendo, todavía la diferencia en la calidad de salud, a la que accede el normal de los chilenos, es aberrante, distinta a la que accede la élite. Entonces, además de tener mala educación, mala salud, lo que conspira contra su proyecto de vida, les suben el Metro y los tiran de espalda, les suben la luz y los tiran de espalda, porque están rasguñando la línea de la pobreza.

Piñera el otro día mencionó el drama de la clase media, que se desarma su sistema si se enferma.

Ahora lo dice, ¡cuando su ministro Larraín quería bajar 800 millones de dólares a los ricos! Este gobierno iba por el lado equivocado. Aberrantemente, convenció al país, producto de la vez pasada que tuvo la enorme suerte de tener el superboom del cobre, de que si llegaban ellos, la economía volvería a crecer. Antes de la crisis social, este país venía creciendo el 2%. Mandó el vehículo contra el tránsito y se estrelló contra la gente.

De quién es la culpa

Ahora, al parecer, está tomando un rumbo diferente, sobre todo Hacienda. El ministro Ignacio Briones ha sacado acuerdos que, así como el proyecto constitucional de Bachelet parece conservador, hoy día, a la luz de lo que estamos viendo, parecen bastante audaces.

Tengo una buena opinión de Briones. Pero si el ministro Briones acierta o no acierta, es una parte tan pequeña del problema que tenemos entre manos que no sé si podemos detenernos en eso.

No es tan pequeño.

Pero si yo fui ministro de Hacienda... Lo mismo que cuando la gente me grita en la calle "tenís la culpa", uno es apenas una hormiga dentro de toda esta maquinaria.

¿Y no tiene ninguna culpa?

Posiblemente, como todos tenemos. Por lo menos, no hice las cosas deliberadamente mal, me puedo haber equivocado, que es distinto. Ahora que él no tiene todo el poder, entonces ¿dónde está la prueba de fuego del ministro? Tenemos todas las posibilidades de hacer un nuevo contrato social que enriele al país en el camino al desarrollo. Con 25 mil dólares per cápita, solucionar los problemas de la educación, de la salud, de los remedios, de las pensiones, es posible. Pero eso supone que dejemos atrás el negacionismo.

¿A qué se refiere con eso?

El negacionismo es creer el cuento del tío, o sea, lo que no funcionó nunca en ninguna parte del mundo. Es simplemente una propaganda, que la teoría del rebase. O sea, que los ricos sean más ricos e invierten más, eso no ocurrió nunca. Tienes que empoderar a la gente y darle oportunidad de su proyecto. El drama de los países inequitativos como el nuestro son los problemas de acción colectiva: que hay una minoría que no quiere pagar impuestos, no quiere pagar. Y no puedes construir cohesión social. Y al final la gente quema las calles.

Entonces está por una nueva reforma tributaria.

¡Pero grande! Lo de ahora son juegos de camarín. La cancha en serio viene con el pacto constitucional, que de una vez por todas tengamos no una Constitución moderna que permita que las mayorías, con suficiente respeto a las minorías, vayan trazando su destino. Segundo, impuestos. Los ingresos del capital de este país evaden los impuestos y te puedo nombrar 14 formas. Si toda la gente que tienen el capital pagara el global complementario de 40%, otro gallo nos cantaría, pero no lo pagan. Porque o tienen renta presunta o arman una empresa con los niños, con la señora y al final pagan un global de 10%. Esto es más conocido que el hilo negro.

Se supone que viene una agenda antiabusos, antielusión, que impediría esas prácticas.

¿Dónde llegó la sangre al río en la reforma tributaria de la Presidenta Bachelet? En la cláusula general antielusión. Esa fue la pelea a muerte. Y ahora el ministro Larraín pretendía echarla más atrás todavía.

Da la impresión de que es un negacionismo que fue de toda la clase política durante mucho tiempo.

Ese es el argumento más antiguo que conozco. Todos tuvimos la culpa, por tanto, nadie tiene la culpa. Perdón, perdón. Esto está anclado en la Constitución de Pinochet y la derecha ha ido negociando a cuentagotas cualquier cambio posible. No puedes nivelar oportunidades, no puedes superar los problemas de la brecha social en Chile con esta Constitución.

Por eso es importante que se llegue a puerto del acuerdo constitucional.

Y creo que ha habido grandes gestos de parte de la derecha. Creo que ha habido grandes gestos. Ahora la pretensión de Allamand, de que tiene que aprobarse por dos tercios el paquete completo, es como si fuéramos niños.

¿Cómo ve que ha estado la oposición en esta pasada?

Uff, cuando tú miras que la mitad de la gente vive con sueldos inferiores a 500.000 pesos, cuando tú sabes que alguien que gane dos millones de pesos gana el primer decil, uno se dice ¡cómo es posible que gobierne la derecha!

Bueno, pero ganó.

Eso solo se explica porque el resto no se puede poner nunca de acuerdo. Si ese es nuestro drama. En la victoria de Sebastián Piñera operó en su favor que tuvo una suerte gigantesca en su primer gobierno, porque tuvo el superciclo del cobre. Pudo crecer, crecía toda América Latina.

¿No le da ningún beneficio a su gestión?

Ninguna. Yo en ese momento no estaba sentado en el Kremlin, sino que era el encargado del Fondo Monetario para toda América. Todos los informes decían 'cuidado, no crean que lo que está pasando ahora es permanente'. Entonces él se encontró con una pepita de oro que se gastó y chao. ¿Por qué volvió? Por qué a nosotros con la Presidenta Bachelet II nos tocó la cruda realidad del 2% de crecimiento y la gente creyó que si volvía el señor de la pepita de oro iba a tener otra pepita de oro. No tuvo la pepita de oro y se mostró en su tremenda fragilidad.

O sea, ¿el asunto es que ustedes tuvieron mala suerte y él, buena suerte?

Nosotros tuvimos una suerte estándar y él tuvo hiperbuena suerte. Yo tuve muy buena suerte con el Presidente Lagos en el primer gobierno, porque los cuatro últimos años crecimos tanto o más que Piñera. Tuvimos el ciclo del cobre. Pero tú no creces a punta de suerte, sino de trabajo.

El borracho de la fiesta

Ya. Volvamos a la oposición.

La oposición. Me acuerdo que decían cuando era adolescente que no hay nada peor que llegar tarde a una fiesta y tratar de ponerte al día, porque te curai. Están todos con tres o cuatro tragos, pero se lo han tomado a lo largo de dos horas.

Creo que muchos, frente a lo que estábamos viendo en las calles, trataron de ponerse al día demasiado rápido. Y pierden la perspectiva. Aquí no tiene que haber revolución, el gobierno tiene que terminar, y hay que respetar las instituciones. Pero el gobierno tiene que dar el ancho de entender que esto no es un problema de delincuentes. Aquí había dos grupos disjuntos que estaban latentes. La protesta social, que ya se había visto antes, y los anarco narcos, delincuentes, lumpen, etc. Con la brillante gestión que hizo el Presidente, de que todo esto eran delincuentes, lo que generó fue la solidaridad de los protestantes con los delincuentes. Quedó la cagá. Y así estamos hoy.

¿Quiénes se trataron de subir a la fiesta?

Había algunos que se estaban tratando de poner al día creyendo que aquí estamos en el 18 Brumario de Luis Bonaparte o en el asalto al Cuartel de Invierno. Ya creímos que estábamos en eso en septiembre del 73 y terminamos presos en La Bastilla, en vez de tomándonos La Bastilla .Yo soy de esa generación y eso no me lo saca nadie de la cabeza: este no es un país, y ni yo tampoco quisiera, para oligarquías de izquierda. Este es un país que se va a construir sobre la base de igualdad de oportunidades, una sociedad liberal, pero con igualdad de oportunidades y con respeto, y sin abusos. Entonces, yo quiero ver ahora si el ministro Briones y el mismo Blumel son capaces de sacar adelante un pacto tributario de verdad para un pacto social de verdad, un pacto antiabusos de verdad. Si eso es posible, yo creo que la oposición debiera avenirse a buscar en conjunto con el gobierno medidas para controlar la delincuencia.

¿Lo pone como una condición?

Si tú no solucionas el problema de los protestantes, va a ser imposible aislar a los delincuentes. Por eso tienes que atender las justas demandas sociales. Y cuando hayas probado que tienes real voluntad, tenemos que ser capaces de consensuar una forma de seguridad ciudadana mejor. Debemos tener disponibilidad, pero sin engaño. El Presidente es muy jugador de póquer. Yo quiero ver cuánto del paquete tributario está dispuesto a poner sobre la mesa, porque no nos engañemos, el problema es la salud, el problema es la educación, el problema son las pensiones, es plata. Punto.

Estos días han salido varias figuras que estuvieron en la lucha del 73 llamando a la terminar con la crisis en vista de las consecuencias históricas. ¿Cómo se puede transmitir una experiencia de aquellos que vivieron una situación traumática?

Difícil. Lo mismo que le pasa a uno en la familia; tienen que vivirlo por sí mismos. Es la vida. En la vida no se puede reemplazar a la juventud. Mi hijo trabaja en los cerros de Valparaíso y, obviamente, es muy archirrecontracrítico de la Concertación y de la Nueva Mayoría, y de su padre.

¿Qué le dice? ¿Que entregaron todo?

Claro, que en el fondo nosotros legitimamos el modelo, para ponerlo en los términos que lo decías tú. Yo conforme vivo, cada día me doy cuenta más de algo que es súper contraintuitivo, pero es la verdad pura. La única forma de que una sociedad progrese en paz es que nadie tenga demasiado poder. Que nadie se salga con la suya, que todos rindan cuentas, y los momentos de urgimiento, incluidos a los cabros que creen que con una vuelta de tortilla, que otros agarren la manija, la cosa no se soluciona. Cuando otro agarra la manija, terminan igualito que las anteriores. Porque está en la naturaleza humana.

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