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Aviones

No había nada para los haitianos acá. Ni trabajo, ni dinero, la posibilidad de una vida. Chile fue solo una promesa teñida de decepción, otra forma de pobreza, de soledad, de hambre.

Hatianos inician el viaje de regreso a su país

El viernes una amiga me contó esta historia. La leyó en The Guardian, en un reportaje escrito por Ryan Gilbey donde se ocupaba del documental "Nae Pasaran!", de Felipe Bustos Sierra, estrenado la semana pasada en Inglaterra. Va así: en 1974, en una fábrica cercana a Glasgow, un grupo de trabajadores se declaró en huelga. La fábrica quedaba en un lugar llamado East Kilbride y reparaba motores de avión. Un día llegaron ahí los motores de unos Hawker Hunters para que los repararan. Uno de los obreros, llamado Bob Fulton, al leer la tarjeta con los datos de las máquinas se dio cuenta de que venían de Chile. Sospechó: podían ser de los aviones de Pinochet, los mismos que bombardearon La Moneda seis meses antes. Fulton y sus compañeros -Robert Somerville, John Keenan, Stuart Barrie- se declararon en huelga. Tiraron sus herramientas al suelo y se negaron a trabajar. El documental de Bustos Sierra cuenta qué pasó con ellos y con los motores. Narra cómo después los obreros los etiquetaron con unos sellos negros para que nadie se les acercara, dejándolos embalados al aire libre, que los iba a dejar inservibles en poco tiempo. Pocos años después desaparecieron, posiblemente robados por gente de la SAS, dicen.

Pero ya no importaba. Los motores nunca volvieron a Chile ni a ser usados en avión alguno. De hecho, nos enteramos en el documental que el escuadrón de Hawker Hunters de la FACH tuvo problemas gracias al boicot. Los obreros saben que su gesto tuvo sentido. Ahora son ancianos que narran estas viejas historias con la alegría de un heroísmo secreto y cotidiano. La planta cerró el año 2015 y luego fue demolida. Fulton y sus amigos cuentan que estuvieron al borde de que la Rolls Royce los despidiese pero que los sindicatos eran fuertes y no pudieron. En 1975 Hortensia Bussi de Allende visitó Glasgow y agradeció el apoyo. Recibieron más agradecimientos a lo largo de los años por medio de cartas pero, por supuesto, su relato terminó perdiéndose, fundido con otros cuentos míticos del exilio cuya suma componen una memoria oral y colectiva que apenas ha sido recogida. Bustos Sierra, que escuchó la historia de la boca de su padre periodista,filmó un corto hace que se estrenó en un FIDOCS y que hizo que Rolando Drago, embajador en Londres en esos años, condecorara a Fulton y los suyos el 2015.

Anoto este relato porque quizás es la contracara de la imagen que vimos esta semana del avión de la FACH que devolvió a más de un centenar de inmigrantes haitianos a Puerto Príncipe en medio de las perturbadoras autofelicitaciones de los funcionarios del gobierno de Piñera, que consideró que ayudarlos a volver a su país en crisis era un acto solidario. No había nada para acá para ellos, ni trabajo, ni dinero, la posibilidad de una vida. Chile fue solo una promesa teñida de decepción, otra forma de pobreza, de soledad, de hambre.

No sé cuándo "Nae Pasaran!" se va estrenar acá ni de qué modo va a hacerlo. Hace un par de meses salieron un par de notas de prensa sobre la película. Por ahora, pienso en esos motores perdidos, en sus sellos negros, en el modo en que pueden haberse ido deteriorando al estar expuestos al frío, la lluvia, el paso de las estaciones. En cierto modo me parecen versos sueltos y posibles de "La ciudad", el poema de Gonzalo Millán de 1979 donde en un momento el tiempo invierte su curso y "Aparecen los desaparecidos/Los muertos salen de sus tumbas /Los aviones vuelan hacia atrás/ Los "rockets" suben hacia los aviones". Pienso entonces en la belleza helada que poseen ciertas máquinas averiadas y el modo en que su obsolescencia las transforma piezas de arte, en artefactos que explican al mundo. Esa belleza es la de la inmovilidad de los corazones rotos de las viejas máquinas de guerra, como si el óxido silencioso que devora a oscuras el metal dibujase una tierra imposible, la silueta de otro mapa secreto de Chile.

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