¿Qué versión de la U es más mala? El frente a frente de las crisis de 1988 y 2021

Junior Fernandes, uno de los jugadores más criticados de la actual U (Foto: Agenciauno)

La paupérrima campaña que han cumplido los azules en esta temporada, en la que están en riesgo de descenso, retrotrae al año más oscuro del club laico, en el que cayeron por única vez a la segunda categoría del fútbol nacional, con Manuel Pellegrini en la banca. Figuras de esa época son drásticos en la comparación.




Universidad de Chile llega a la última jornada del Campeonato Nacional en riesgo de descender. Que se tenga que producir una combinación de resultados para que los estudiantiles pierdan la categoría en forma directa por segunda vez en su historia no los exime de una responsabilidad crucial. Tampoco del juicio por una campaña que está muy por debajo de las expectativas. Este fin de semana están en juego el prestigio individual y colectivo y hasta el futuro económico de la institución. Y, también, la posibilidad de repetir el momento más traumático de la historia institucional de los laicos: el descenso a Segunda División, en 1988, cuando los dirigía Manuel Pellegrini.

El recuerdo remite a varios elementos en que se encuentran similitudes entre las escuadras de Cristián Romero y del Ingeniero. Y, sorprendentemente, a varios aspectos en que la U que cayó a la categoría inferior supera la productividad de la actual. Los números son duros. Consignan, por ejemplo, que la actual versión estudiantil llega al decisivo encuentro frente a Unión La Calera precedido de una racha de 12 encuentros sin conocer victorias, producto de nueve derrotas (siete de ellas consecutivas) y tres empates. La de 1988, en cambio, solo estuvo ocho encuentros sin festejar victorias, un lapso en el que acumuló cuatro empates e igual número de caídas.

Ambos equipos se parecen en su escasa efectividad ofensiva. La U que descendió estuvo cinco partidos consecutivos sin festejar en el arco contrario. La que pelea por salvarse llega a la última fecha con la posibilidad de igualar ese magro registro. Y en materia defensiva el recuento del equipo actual también es inquietante. Mientras los azules del 88 recibieron goles en nueve partidos en línea, los de 2021 han visto vulnerada su portería en 19 encuentros consecutivos (aunque sus últimos dos resultados fueron empates 0-0).

El porcentaje de rendimiento le asigna una leve superioridad al equipo de este año (38,7% contra 36,7%), pero en la posición en la tabla coinciden. Los del pasado remataron decimoquintos entre 16 escuadras. Los del presente ocupan el mismo casillero, pero entre 17. Por esa razón, de hecho, entran a la última jornada fuera de la zona de descenso directo.

El delantero de la U, Joaquín Larrivey, durante el empate sin goles ante Cobresal. (Foto: Agencia Uno).

“La actual es peor”

La comparación resulta, de por sí, dolorosa para quienes formaron parte de la historia estudiantil, incluso en sus mejores momentos. César Vaccia, bicampeón como técnico entre 2000 y 2001, se resiste a involucrarse en ella. “El fútbol tiene sus momentos y son diferentes las situaciones, si bien coinciden lo que vivieron o están viviendo. Pero es muy difícil comparar jugador por jugador o equipos y decir cuál fue mejor o peor. Lo que sí se puede decir es que desde la caída con Colo Colo, a la U, que buscaba un modelo de juego con Valencia, se le perdió el libreto y empezamos a no jugar bien. Ni en lo defensivo ni en lo ofensivo. El fútbol es un tema de momentos”, sentencia.

En cambio, Roberto Reynero, lateral izquierdo en la escuadra del Ingeniero, es taxativo. “La de ahora es peor, porque, por último, nosotros sentíamos la camiseta. Éramos varios de la cantera. Hoy hay varios jugadores que no merecen estar ahí. Hoy no saben donde están. En la U, hasta en los entrenamientos hay que ganar. Si yo les hablara a estos chicos lo que pasamos nosotros, dirían que debimos estar en Tercera. No nos pagaban nunca, no teníamos cancha para entrenar. Ellos llegan a un palacio y lo desaprovechan. No saben donde están. Eso es lo que más duele. En el último partido vi a Junior Fernandes y me indigné. No sé si andaba desganado. La altitud no es un factor afecte tanto en estos tiempos. La U no salió a nada”.

Héctor Hoffens coincide con su compañero de equipo. “Hay una diferencia grande. Es otra época. Se pueden hacer varias diferencias: sueldos, infraestructura, comodidades. Nosotros no teníamos nada. Estos muchachos lo han tenido todo. Llega a dar pena cómo está la U. En lo futbolístico y lo administrativo. El domingo nos jugamos una final. En ese tiempo, los sistemas eran diferentes. El estilo y el juego. Yo siento, por ejemplo, que esa U era mucho más agresiva que la actual. De partida, jugábamos con tres delanteros. Esta U juega a lo que haga Larrivey”, ejemplifica.

“Teníamos seleccionados”

Luis Rodríguez, mediocampista del equipo del 88, sostiene que la jerarquía individual del equipo que integró también supera a la formación actual. “Teníamos varios seleccionados. Y lo fundamental es que teníamos un mejor estilo de juego. Sin embargo, tuvimos esa mala fortuna del equipo que estaba destinado. Íbamos ganando 3-0 y nos ganaban 4-3. Siento que ese equipo estaba mucho más identificado con el club que el actual. La prueba es que se subió al año siguiente. Había mística. Ahora no se interpreta lo que significa estar en la U. Es un tema más emocional. Nosotros teníamos problemas económicos y seguíamos ahí, al pie del cañón, pero siempre pasaba algo. Caímos en el hoyo y nos costó salir”, recuerda el actual académico del INAF.

Reynero, por ejemplo, recita de memoria la formación defensiva que utilizaba la U que integró y sostiene que es superior a la de estos días. “Estábamos Patricio Reyes, Horacio Rivas, Luis Mosquera y yo. Y si lo comparo con la actual, me parece que ese bloque es superior al que integran Andía, González, Arias y Morales”, explica. “Ellos no tienen a qué echarle la culpa. Si volvemos atrás, éramos mejores. Bajamos porque no teníamos un sicólogo que nos tratara. A nosotros nos afectaba el no pago, no tener duchas, no entrenar bien. Los actuales jugadores no son para la U. Y se salvaron porque jugaron un gran porcentaje de partidos sin público, porque, si no, se los comen. A nosotros nos comieron cuando bajamos, después del partido con Cobresal”, insiste.

Rodríguez, en tanto, opta por una visión más generalizada. “No hay idea clara, ha habido rotación de entrenadores y el jugador se empieza a confundir. El juego se hace inconcluso, no se logra representar la idea. Eso hace que el jugador se confunda también. Si la idea cambia semana a semana, imagina lo que pasa de un entrenador a otro”, sostiene.

Hoffens repara en un detalle. “La debacle de la U parte hace dos años”, asegura. Y para el final, mientras se excusa en la posibilidad de profundizar en el análisis, deja fluir su espíritu de hincha, aunque, inconscientemente, trasluce un reproche. “Solo quiero transmitir aliento. Y que ellos sepan que están en el equipo más grande y más lindo de Chile”, remata.

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