Transiciones laborales: el desempleo bajo el microscopio
"Mientras la creación de empleo formal no compense la decreciente creación de empleo informal, el desempleo seguirá creciendo", dice Benjamín Villena R. profesor investigador del Instituto de Políticas Económicas (IPE) de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello (UNAB).
La tasa de desocupación de 9,5% en el trimestre mayo-julio de 2026, ocho décimas más que igual periodo del año anterior, es el titular que confirma la crisis laboral del último tiempo. Sin embargo, al poner la cifra “bajo el microscopio” se observa que el acceso al empleo formal desde el desempleo aumentó, pero no alcanza a compensar la mayor frecuencia de hallar empleo informal que revelan las cifras.
De la simple constatación de una compleja realidad, se puede ver un panorama con matices insospechados. El Reporte de Transiciones Laborales que elaboro mensualmente permite entender las causas que mueven el desempleo y la informalidad.
Una cifra más luminosa en el panorama sombrío es que la probabilidad semanal de que un desocupado consiga un empleo formal subió de 2,1% a 2,5% en un año, es decir, un aumento de casi 20% en el ritmo de contratación formal.
Por otro lado, la destrucción de empleo formal se mantuvo en 0,3% semanal, sin señales de despidos masivos. El tono más oscuro es que la frecuencia semanal de pasar del desempleo a un empleo informal cayó de 2,9% a 1,8%. Sumados ambos canales, la salida semanal del desempleo hacia algún empleo bajó de 5,0% a 4,3%.
¿Qué significa esa caída? El empleo informal no es el destino permanente ideal: sin cotizaciones, sin estabilidad contractual, sin protección ante la enfermedad o el despido. Pero en un mercado con poca creación es un salvavidas temporal. Es el trabajo que se consigue más fácilmente cuando uno formal no aparece y permite pagar las cuentas mientras la búsqueda continúa. El cambio de composición lo resume. Hace un año, 42% de quienes salían del desempleo hacia un trabajo llegaban a uno formal. Hoy son el 58%. Hay menos personas que encuentran empleo, pero las que lo encuentran, en promedio, acceden a uno mejor.
Un zoom más grande permite ver que un desocupado sin educación universitaria se va a la informalidad con probabilidad trimestral de 17,7%, más del doble que el 8,5% de un universitario. En la dirección contraria, un informal universitario se formaliza a una tasa trimestral de 29,1%, frente a 15,9% de quien no cursó estudios superiores. Los salvavidas escasean más para los grupos de menor educación.
El reporte también permite entender más la brecha de género, que tiene un origen diferente. El 35,8% de las mujeres desocupadas pasa a la inactividad cada trimestre, contra 27,0% de los hombres, y entre quienes trabajan en la informalidad esa salida llega a 23,9% en mujeres y 15,7% en hombres. La usual carga de cuidados a niños y adultos mayores es un sospechoso claro tras estas cifras.
Por edad, el contraste está en los extremos. Para los mayores de 65 años el mercado formal está cerrado: 0,8% de tránsito trimestral del desempleo al empleo formal, y 48,5% de retiro a la inactividad.
Entre los jóvenes de 15 a 29 años, con desocupación de 18,5%, el empleo informal es el más frágil de todos los tramos: 8,7% de quienes lo tienen cae al desempleo cada trimestre, contra 0,5% de los mayores de 65. A los mayores les es difícil entrar, mientras que, a los jóvenes, mantenerse.
El repunte de la contratación formal es una buena noticia que podría consolidarse más si los costos de contratar formalmente pueden reducirse. Una política de apoyo a los cuidados reduciría la salida de mujeres hacia la inactividad. Sin embargo, mientras la creación de empleo formal no compense la decreciente creación de empleo informal, el desempleo seguirá creciendo. Mirar los flujos del mercado laboral puede dar orientaciones más concretas y detectar algunas luces en un panorama que sigue sombrío.
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