Minería

“Lo estamos trayendo de Brasil, por carretera”: La travesía del hidrógeno verde en la minería

¿Será la llave para conseguir la descarbonización de la industria?, ¿o hay demasiadas expectativas puestas en él? En esa disyuntiva está el hidrógeno verde, una fuente de energía con mucho potencial, pero que se desarrolla menos rápido de lo esperado.

Camión de alto tonelaje hidrógeno verde nuGen de Anglo American.

Verde y silenciosa, el 20 de noviembre pasado una peculiar locomotora se paseó por el centro histórico de Antofagasta. No llevaba vagones ni tampoco pasajeros, pero sí cargaba, en su corto viaje entre el Patio Norte y el Puerto, un importante propósito: reducir las emisiones de carbono de la industria minera.

Esas son las expectativas puestas en la locomotora impulsada por hidrógeno verde, la primera de su tipo en Chile y Latinoamérica, que la empresa Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia (FCAB) de Antofagasta PLC -grupo Luksic-, trajo desde China. Fue diseñada específicamente para las rutas de la compañía, que transporta anualmente más de 6,4 millones de toneladas de minerales e insumos.

El hidrógeno verde es el potente vector energético que se obtiene al separar del agua el oxígeno y el hidrógeno mediante la aplicación de mucha electricidad para obtener gas de hidrógeno. El apelativo de “verde” lo da el hecho de que la electricidad usada en este proceso -la electrólisis- proviene de energías renovables y no de combustibles fósiles.

Tren FCAB a hidrógeno verde de Antofagasta PLC.

“Esperamos que pronto el ferrocarril a hidrógeno verde pueda hacer su primer viaje operativo”, dice David Fernández, gerente general de FCAB. Tras cuatro años de evaluaciones, y US$4,5 millones de inversión, la locomotora llegó al norte como la punta de lanza en su plan por descarbonizar el transporte minero.

A nivel global, esta industria, según datos de la consultora McKinsey, contribuye con el 7% de las emisiones de gases de efecto invernadero en todo el mundo; más de la mitad de ellas proviene de los grandes camiones mineros y trenes que trasladan el mineral. Movilizarlos con energías limpias será el desafío mayor para cumplir con el objetivo de Antofagasta PLC de reducir sus emisiones en un 50% al 2035.

Hidrógeno fabricado en Brasil

La idea con este prototipo es testear sus capacidades de carga, rendimiento y autonomía, para así evaluar si efectivamente pueden reemplazar a las tradicionales locomotoras a diésel, tan poderosas como contaminantes.

Eso sí, tal como explica Fernández, todavía hay algunas barreras que impiden que el hidrógeno verde se vuelva una alternativa competitiva en el corto plazo. La apuesta de FCAB, como suele ser en la minería, es de horizontes amplios, sin grandes prisas. Por ahora, asumen el riesgo y el precio de una transición energética que les parece ineludible.

David Fernández, gerente general de FCAB.

“Hoy, el hidrógeno lo estamos trayendo de Brasil, por carretera. Es una distancia muy larga y el costo es muy alto”, explica Fernández, y reflexiona que cada vez que aparece una tecnología disruptiva surge el dilema de qué va primero: la producción o la demanda. “Nosotros -sostiene- tomamos la decisión de instalar la demanda con la locomotora a hidrógeno verde. Así se empieza a generar un ambiente propicio con más conocimiento local, más experiencia técnica, profesionales capacitados, mantenimiento, know-how. Alguien tenía que jugársela y nosotros nos atrevimos, con todos los riesgos que eso puede significar”.

Calmar las expectativas

El esfuerzo de Antofagasta PLC por aplicar hidrógeno verde en el transporte minero es pionero en Latinoamérica, pero no único en el mundo. Anglo American, una de las mineras más grandes del planeta y que opera Los Bronces y El Soldado, estrenó el 2022 el primer camión minero en Sudáfrica, alto como una casa de dos pisos, capaz de llevar 300 toneladas métricas de roca, movido con esta energía.

La versión estándar de estos camiones funcionan con grandes cantidades de diésel, 900 mil litros al año, equivalente a 700 automóviles. El prototipo verde de Anglo American, desarrollado por la startup estadounidense First Mode, es un híbrido con células o pilas de hidrógeno verde y batería eléctrica. Aunque necesita 2 megawatts para funcionar -similar al consumo eléctrico de unas 1.500 casas-, hasta ahora han conseguido darle viabilidad con la instalación de hidrolineras, que es como se llaman las estaciones de abastecimiento, en cada mina. En las más grandes, incluso, generan su propio hidrógeno.

Si bien ese es el escenario ideal para Chile, de acuerdo a Ricardo Rodríguez, director de estudios de H2 Chile —la Asociación Chilena del Hidrógeno, que agrupa a 100 empresas vinculadas a la cadena de valor del hidrógeno verde—, hay temas de factibilidad técnica y de aplicación tecnológica que no son rápidos de resolver.

Ricardo Rodríguez, director de estudios de H2 Chile.

La mayor complicación para el hidrógeno verde, actualmente, está en los precios. El hidrógeno gris, que es elaborado con combustibles fósiles, hoy cuesta entre 1 y 2 dólares por kilogramo; el azul, que usa gas natural, entre 1,50 y 3 dólares por kilo; y el verde, entre 3 y 7 dólares kilo, según un estudio publicado por la empresa Montel Energy. Se pronostica que esta diferencia de valores se acorte progresivamente, pero no al ritmo que se esperaba ante las grandes expectativas e inversiones que se han realizado durante los últimos años, que rondan los 40 mil millones de dólares.

Una apuesta diferente priorizada en Magallanes es el amoníaco verde, combustible que se crea al combinar hidrógeno verde con el nitrógeno del aire. El amoníaco es mucho más fácil de almacenar y transportar, sin necesidad utilizar las temperaturas extremadamente bajas que requiere el hidrógeno.

“El mercado del amoníaco verde crece, pero no con la velocidad y dinamismo que se esperaba”, añade Salvador Harambour, director ejecutivo de H2V Magallanes, la Asociación Gremial de Productores de Hidrógeno Verde y sus derivados de esa región, que han enfocado su producción en amoníaco verde para la exportación.

“Esa es la realidad a nivel mundial, y ciertamente ralentiza la demanda por amoníaco verde y nos pone en una condición compleja desde Chile y específicamente desde Magallanes”, sostiene Harambour. Tres son los factores que impiden que el panorama acelere sus proyecciones: falta de infraestructura habilitante, como puertos, redes eléctricas y caminos; la existencia de una normativa ambiental compleja que no entrega certezas respecto a los plazos; y una posición arancelaria desmejorada con respecto a la competencia externa.

“Este es un asunto bien grande”, replica Rodríguez, en referencia a los procesos de descarbonización industriales: “Y las cosas grandes obviamente toman más tiempo para madurar y poder saber los detalles de qué soluciones resultan factibles y cuáles no”.

Empuje interno

Estos obstáculos son los propios de una alternativa que aún está en una etapa de despegue. “Es prácticamente lo mismo que ocurrió con las energías renovables en su momento: al comienzo, las tecnologías innovadoras son caras, requieren de mucha inversión en infraestructura, pero una vez que escalan, agarran eficiencia en los procesos y disminuyen los costos”, apunta el director de estudios de H2 Chile.

Planta piloto de hidrógeno verde Mina San Pedro de Tiltil.

Pone como ejemplo los electrolizadores, aparatos que separan las moléculas de hidrógeno y oxígeno del agua mediante energía eléctrica. Es un componente crítico para la obtención de hidrógeno verde y que hasta hace poco era muy costoso. “Pero su precio ha ido bajando”, dice, principalmente gracias a China, que concentra el 60% de la producción de electrolizadores y que ha decidido aumentar sus metas de hidrógeno verde. Debido a eso, entre 2022 y 2024, el valor de estos equipos se redujo entre un 30 y un 40%.

Chile, por su lado, hace varios años también está convencido del potencial del hidrógeno verde y lo ha apoyado con políticas públicas específicas, estrategias nacionales e incentivos tributarios. Uno de ellos es el proyecto de ley que ingresó el Ejecutivo en agosto de 2025, que entrega beneficios a las empresas que compren hidrógeno verde a productores locales. “Ya hay compañías que fabrican explosivos para la minería que, si se materializan estos incentivos, podrían pasar del amoníaco gris al verde”, cuenta Rodríguez.

En Calama, además, acaba de pasar la evaluación ambiental un proyecto de hidrógeno verde dedicado exclusivamente a la minería. Lo ejecutará la empresa Susterra y contempla una inversión de 441 millones de dólares. Se instalará 15 km al suroeste de la ciudad, y pretende reemplazar el uso de combustibles fósiles en procesos de fundición, refinación y transporte dentro de las faenas mineras.

El año pasado también debutó, en la Mina San Pedro de Tiltil, en la Región Metropolitana, la primera planta piloto de hidrógeno verde para la minería, impulsada por el Ministerio de Energía. Esta infraestructura, aunque pequeña -solo produce 3 kg de hidrógeno al día, cubre toda la cadena de valor del hidrógeno, incluyendo la generación, almacenamiento, acondicionamiento, transporte y consumo de este vector energético.

Para que esta transición funcione, opina David Fernández, gerente general del Ferrocarril Antofagasta, “tiene que haber riesgo e iniciativa privada, como la nuestra, pero también los apoyos del Estado, que en este caso están siendo interesantes. Esa comunidad entre privado y público, con solución para desarrollo técnico pero también para actividades económicas, es el camino que necesitamos”. Uno que la locomotora verde intenta abrir hacia el futuro.

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