Biden no es Hillary, pero Trump sigue siendo Trump

Democratic U.S. presidential candidate Joe Biden speaks at an event in Philadelphia, Pennsylvania, June 2, 2020. REUTERS/Joshua Roberts

"Pese a ello, el mandatario está confiando. “Preparados para un gran triunfo en noviembre”, tuiteó hace algunos días. Y alguna razón para su confianza existe -pese al difícil escenario que hoy muestran las encuestas".



¿La suerte está echada para Donald Trump? La pregunta ronda por estos días cuando los sondeos le dan al candidato demócrata Joe Biden una clara ventaja sobre el Presidente del Estados Unidos, de cara a la próxima elección presidencial del 3 de noviembre. Según el sondeo de The New York Times al que se refiere hoy una nota de La Tercera, el exvicepresidente demócrata supera a Trump por 14 puntos, la mayor ventaja alcanzada hasta ahora en lo que va de campaña. Y la diferencia es aún más marcada si se analizan las cifras por grupos etarios y étnicos. Biden lidera por 34% entre la población de 18 a 34 años, por 74% entre los afroamericanos y, por 39% entre los latinos. A la luz de las cifras parece una carrera corrida para el exsenador por Delaware. Pero aún faltan 18 semanas para las elecciones y no sólo en política, sino en los tiempos actuales, eso es una eternidad. Dar por descontada una derrota de Trump podría ser un poco apresurado.

A la misma fecha de 2016, la entonces candidata demócrata Hillary Clinton lideraba la carrera electoral por los mismos 14 puntos que tiene hoy a su favor Biden, según un sondeo de Ipsos de fines de junio de ese año. Y ese rango de ventaja se mantuvo, en las encuestas de Ipsos, durante las primeras semanas de julio. En esos días, pocos apostaban a que el entonces candidato republicano tuviera alguna opción real de ganar. E incluso, ningún sondeo dado a conocer la semana previa a las elecciones daba como ganador a Trump -excepto uno, el del diario Los Angeles Times, donde el republicano aventajaba a Clinton por 4,5 puntos. Y para que decir los pronósticos. Todos sostenían que la ex primera dama ganaría holgadamente -estos solo comenzaron a cambiar entrada la noche de ese 8 de noviembre. Pero nada de eso sucedió y Trump se convirtió en presidente de EE.UU. al lograr 77 votos electorales más que su rival. Es verdad que Clinton lo superó por 2,1 porcentuales en el voto nacional. Pero eso, en EE.UU., no importa.

Volviendo a la actualidad, es un hecho que el escenario no se ve especialmente promisorio para el actual presidente. Las cifras económicas que lo hacían respirar tranquilo a comienzos de año, con un país creciendo y un desempleo en los menores niveles en 50 años, se vino abajo de golpe de la mano del coronavirus. Más de 35 millones de estadounidenses han debido solicitar el seguro de desempleo desde el estallido de la crisis sanitaria y el FMI prevé una caída del PIB de un 8% este año en Estados Unidos. A ello se suma, que la pandemia no sólo está lejos de ser controlada, sino que ha rebrotado con fuerza en el sur del país, en estados, además, clave para las aspiraciones del mandatario, como Florida, Texas y Arizona. Y si eso no fuera suficiente, las protestas raciales desatadas tras la muerte de George Floyd golpearon aún más los ya malos números de Trump y beneficiaron a Biden. La aprobación del mandatario bordea el 40%, la línea de flotación. Ningún presidente con menos de 40% de aprobación ha logrado la reelección en los últimos 50 años.

Pese a ello, el mandatario está confiado. “Preparados para un gran triunfo en noviembre”, tuiteó hace algunos días. Y alguna razón para su confianza existe -pese al difícil escenario que hoy muestran las encuestas. Como en 2016, Trump apuesta al voto oculto, ese que ningún sondeo de 2016 logró detectar y terminó dándole el triunfo, esa “mayoría silenciosa” de la que acostumbra hablar. A ello se suma los bajos niveles de inscripción de votantes nuevos que se observa en las últimas semanas, producto probablemente, del coronavirus. Se trata mayoritariamente de jóvenes. En la elección de 2016, por ejemplo, representaron, en Florida, el 65% de los nuevos inscritos. Y, como señala el analista y estadístico estadounidenses Nate Silver, el mayor apoyo a Biden proviene de la población menor de 30 años. Por eso, si los jóvenes no se inscriben para votar, la apuesta por lograr la masiva movilización que los demócratas necesitan para ganar el 3 de noviembre se complica y con ello las aspiraciones del exvicepresidente de llegar a la Casa Blanca.

El mandatario, además, aún cuenta con el 95% del apoyo de los votantes inscritos como republicanos, que masivamente aseguran que irán a votar en noviembre. Una base de apoyo fundamental en una elección. Biden aún no cuenta con el mismo nivel de respaldo entre los demócratas, aunque sí le saca amplia ventaja a Trump entre los independientes. Además, un sondeo dado a conocer el fin de semana por el Pew Research Center relativiza la visión de quienes dicen que el manejo de la crisis sanitaria podría perjudicar al mandatario, porque un 63% de quienes se definen republicanos estiman que la emergencia se ha exagerado y en promedio casi un 40% piensa lo mismo. Cifras que no parecen alejar mucho al mandatario -quien también ha minimizado la amenaza- de la media de los votantes de ese país. Todo ello lleva como siempre a que la clave de la elección se decida en un puñado de estados y ahí, hoy las cifras hoy benefician a Biden. El demócrata saca ventaja en reductos decisivos como Florida, Michigan y Arizona.

No hay duda que los vientos soplan a favor del exvicepresidente. Trump ya no es el candidato sorpresa, sino el Presidente; el año no es 2016, sino 2020 y Biden no es Hillary Clinton. Habrá que ver si todo eso es suficiente para que el final, esta vez, también sea distinto.

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