Cáncer, problemas vasculares y desfiguración: Los problemas de salud que aquejan a los líderes de la guerra en Medio Oriente
El tratamiento contra el cáncer de próstata al que se sometió el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se suma a un historial de intervenciones que amenazan su bienestar físico. Y, aunque no de la misma forma, Donald Trump y el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamanei, también podrían estar pasando por delicados momentos de salud.
La semana pasada, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu —de 76 años—, afirmó estar en excelente estado físico tras la publicación de su informe médico anual. Sin embargo, en la misma declaración reveló que fue tratado recientemente por cáncer de próstata.
En su publicación en X el viernes, Netanyahu explicó que, durante un control médico rutinario tras una exitosa cirugía por hiperplasia prostática benigna a la que se sometió en 2024, los médicos detectaron un tumor maligno en etapa temprana y, tras recibir tratamiento, el cáncer habría sido eliminado por completo.
Además, el premier israelí indicó que solicitó retrasar la publicación de su historial médico para evitar que se divulgara en plena intensificación de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, y así impedir que Teherán difundiera aún más propaganda falsa contra su país.
Así, el tratamiento contra el cáncer de próstata al que se sometió el primer ministro de Israel se suma a un historial de intervenciones que al que se ha sometido Netanyahu que, aunque breve, se suma a otra afección cardíaca que amenaza con su bienestar físico.
Pero esta situación se repite en los casos de los líderes de los otros países protagonistas de la guerra en Medio Oriente. En el caso de Donald Trump, por ejemplo, el año pasado la Casa Blanca confirmó que padece de una “insuficiencia venosa crónica”. Además, abundan los rumores de que el mandatario estadounidense podría padecer otras patologías, tanto físicas como mentales.
En el caso del recientemente asumido líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei-y aunque no hay completa certeza de su diagnóstico-, tras el ataque inicial conjunto de EE.UU. e Israel que dio muerte a su padre, el exlíder supremo Alí Jamenei, él también habría resultado malherido, con las piernas gravemente afectadas y la cara presuntamente desfigurada.
Así, y a pesar de los evidentes intentos por disimularlo, los tres líderes de la guerra de Medio Oriente estarían enfrentando afecciones que podrían mermar su desempeño en el conflicto.
El marcapasos de Netanyahu
Pese al cáncer ya aparentemente tratado, Netanyahu insiste en que goza de excelente salud. De hecho, en la misma publicación -antes de referirse al tumor maligno- afirmó: “Estoy sano. Estoy en excelente forma física”.
También, su oficina de prensa difunde constantemente imágenes de él recorriendo zonas de guerra con equipo de protección, rodeado de oficiales militares, o reuniéndose con funcionarios de defensa con lentes de sol oscuros y chaquetas acolchadas, aparentando una imagen robusta.
Sin embargo, esta imagen se desmorona frente a los hechos. A mediados de 2023, los médicos personales del premier israelí revelaron que padecía una afección cardíaca, un problema que, al parecer, conocía desde hacía tiempo, pero que había ocultado al público.
A mediados de 2023 -según información de The Times of Israel-, Netanyahu fue intervenido quirúrgicamente. Doctores del Centro Médico de Sheba le habían instalado un marcapasos. Fue ingresado de urgencia tras una alerta emitida por un monitor cardíaco interno que le habían aplicado una semana antes, el cual indicaba un bloqueo en el sistema de conducción eléctrica del corazón.
Y, a su vez, el monitor había sido suministrado debido a que el líder israelí se habría desmayado súbitamente la semana previa a la operación. Este hecho no había sido informado ni por personal médico ni por el equipo de comunicaciones del gobierno israelí.
Tras el alta, luego de la instalación del dispositivo electrónico cardíaco, tanto el hospital como la oficina del premier declararon que todas las pruebas realizadas a Netanyahu habían resultado normales y que la implantación subcutánea del marcapasos era simplemente una medida de precaución “normal”.
Sin embargo, en un comunicado publicado por el recinto sanitario que trató al primer ministro, los médicos revelaron que Netanyahu tendría problemas crónicos de conducción cardíaca.
A pesar de que los protocolos israelíes, que exigen que los primeros ministros publiquen un informe anual sobre su salud, Netanyahu no había difundido ninguno desde 2016. No ha sido posible obligarlo legalmente a compartir la información oficial en torno a su salud, ya que los protocolos no están consagrados en la ley.
Trump soñoliento
Respecto de Donald Trump, de 79 años, las elucubraciones sobre su condición de salud-tanto física como mental- abundan. Pero no de manera infundada. Desde que inició su segundo mandato hace poco más de un año, el presidente estadounidense ha mostrado varios indicios que alimentan las especulaciones sobre su estado.
Extremidades hinchadas, hematomas en las manos y manchas en el cuello. Además de las diversas ocasiones en las que se ha quedado dormido en la mitad de apariciones públicas. También, durante una conmemoración del 11 de septiembre del año pasado, las cámaras captaron una evidente caída en el lado derecho de la cara de Trump, iniciando los rumores sobre la posibilidad de que podría haber sufrido un accidente cerebrovascular.
En algunas ocasiones, Washington ha ofrecido explicaciones poco creíbles y vagas. Los hematomas que se observaron en sus manos durante una reunión con el presidente francés Emmanuel Macron se atribuyeron al hecho de que “trabaja y estrecha manos constantemente, todos los días”, según declaró la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
En el caso de las manchas en el cuello, el médico de la Casa Blanca, Sean Barbabella, explicó que al mandatario se le estaba administrando “una crema muy común en el lado derecho del cuello, un tratamiento preventivo para la piel”.
Sin embargo, el médico especificó por qué Trump tenía las manchas, ni qué tipo de ungüento estaba aplicando para el tratamiento.
Cuando otras imágenes mostraron a Trump con los tobillos hinchados y con dificultades para caminar, Leavitt afirmó que el mandatario habría sido diagnosticado con una “insuficiencia venosa crónica”, añadiendo que “no había indicios de trombosis venosa profunda ni de enfermedad arterial”. Sin embargo, a diferencia de los anteriores mandatarios del país norteamericano, los historiales médicos de Trump no han sido publicados en su totalidad. Solo se han difundido memorandos de los informes del médico de la Casa Blanca, Barbabella.
A la vez, hay cuestionamientos al estado mental del mandatario. Trump se jacta repetidamente de haber superado con éxito varios exámenes cognitivos, afirmando que sus puntuaciones “perfectas” no solo demuestran su idoneidad para el cargo, sino también su excepcional agudeza mental. “Obtuve la puntuación más alta posible”, ha dicho en mítines, entrevistas y en Truth Social, asegurando que ningún otro presidente había estado dispuesto a someterse a tales pruebas.
El presidente estadounidense incluso declaró en diciembre que está “más lúcido que hace 25 años”, en respuesta a un artículo de The New York Times sobre un posible deterioro cognitivo, antes de quedarse dormido -nuevamente- en una reunión de gabinete. El mandatario suma, al menos, cinco veces que ha dormitado en público.
Jamenei supuestamente desfigurado
En el país persa el panorama no es mejor. La salud del nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei-quien asumió tras la muerte de su padre, Alí Jamenei-, es el caso más delicado. A pesar de ser el más joven de los líderes de la guerra -56 años-, es el que estaría en el estado más crítico de los tres.
Según fuentes consultadas por la agencia Reuters, el nuevo líder supremo de Irán aún se recupera de presuntas graves heridas faciales y en las piernas sufridas en el ataque aéreo que acabó con la vida de su padre al inicio de la guerra, el 28 de febrero pasado.
Mojtaba Jamenei habría sido operado de una pierna tres veces, está a la espera de una prótesis, aseguró el medio emiratí Khaleej Times. También habría sido intervenido de una mano, su rostro y labios sufrieron quemaduras graves, lo que le dificultaría hablar y, eventualmente, necesitaría cirugía plástica.
Aunque Jamenei resultó gravemente herido, se encuentra lúcido y activo mentalmente. Estaría participando activamente en videoconferencias con sus funcionarios y está involucrado en la toma de decisiones sobre asuntos estatales, incluyendo la guerra y las negociaciones con Washington.
Otra interrogante respecto a Jamenei es su paradero. Desde el ataque inicial de EE.UU. e Israel, no se ha publicado ninguna foto, video ni grabación de audio de él. El medio kuwaití, Al Jaridah, citó a una fuente cercana a Jamenei que afirmó que a mediados de marzo el líder supremo había sido trasladado secretamente a Moscú en un avión militar ruso.
Sin embargo, según The Times, Jamenei está recibiendo tratamiento en Irán, específicamente en Qom, ciudad ubicada al sudoeste del país.
Además, según Khaleej Times, el acceso a él es ahora extremadamente difícil y limitado. Está rodeado y constantemente monitoreado por un equipo de médicos y personal de salud. Los altos mandos de la Guardia Revolucionaria Islámica y los altos funcionarios del gobierno no tienen permitido visitarlo, como medida de seguridad para que su ubicación no sea revelada a Washington e Israel.
El medio emiratí agregó que el presidente iraní, Masoud Pezeshkian -quien también es cirujano cardíaco-, y el ministro de Salud, Mohammad-Reza Zafarghandi, estarían participando en la atención médica del líder supremo.
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