Libia: de la anarquía post Gaddafi, a una nueva guerra civil

Fuerzas leales al mariscal Hafter, toman posiciones en la ciudad de Bengasi, la segunda en importancia de Libia. Foto: Reuters

Un mariscal y antiguo enemigo del dictador libio intenta tomarse el poder mediante un ataque contra Trípoli. Desde 2011, el país está partido en dos.


Durante la era del dictador Muammar Gaddafi (1969-2011), una guerra civil a gran escala en Libia se consideró siempre como algo improbable. De hecho, no ocurrió hasta que estalló la Primavera Árabe y la rebelión que le costó el cargo, linchamiento público incluido. Si hace poco más de siete años el amo y señor libio fue derrocado por milicias rebeldes que se organizaron en el este del país, esta vez ocurre algo similar, con un mariscal, Jalifa Haftar, que en su momento fue un aliado y posterior enemigo de Gaddafi y que ahora intenta tomar el control de esta nación norafricana rica en petróleo.

Tras la muerte de Muammar Gaddafi, el 20 de octubre de 2011, Libia quedó dividida en dos, pero con una anarquía total entre diversas tribus y milicias. Tal fue el caos, que el territorio libio se transformó en un caldo de cultivo para grupos radicales y yihadistas del Estado Islámico.

Desde entonces, en Trípoli, la capital, funciona un gobierno respaldado por Naciones Unidas, mientras que en Tobruk -en el este- opera otro Ejecutivo apoyado por el mariscal Haftar.
En los últimos días las fuerzas de este general -que en los 80 cayó en desgracia y fue reclutado por la CIA- han avanzado hasta las afueras de Trípoli y este lunes el aeropuerto internacional fue blanco de un bombardeo aéreo. Los últimos enfrentamientos han dejado al menos 51 muertos, entre éstos varios civiles, según la agencia The Associated Press.

Haftar pretende convertirse en una suerte de Gaddafi, el hombre que lo traicionó y al que intentó derrocar en varias ocasiones, y para ello cuenta con el apoyo, entre bastidores, de potencias como Francia, Arabia Saudita y Rusia. Al mando del autodenominado Ejército de Liberación Nacional libio (LNA), Haftar ha logrado conquistar enormes territorios del país, incluidos ricos yacimientos petroleros, y ciudades importantes como Bengasi y Sirte.

“En julio de 2018, el Presidente francés Emmanuel Macron tomó una decisión que cambiaría el conflicto en Libia y abriría las puertas a la batalla final por el control de Trípoli, lanzada el jueves pasado por el mariscal Haftar. Consciente del creciente poder del controvertido oficial, Macron invitó a Haftar a París y le concedió así una legitimidad política que ansiaba y de la que carecía, pese a ser ya el hombre fuerte del país”, señaló Javier Martín, corresponsal de la agencia EFE en Túnez.

Ante la escalada de violencia, Macron llamó por teléfono este lunes al primer ministro libio Fayez al-Serraj, que ejerce el poder en Trípoli.

Desde su viaje a París, Haftar se ha transformado en una fuerza imparable. De hecho, cuando inició su ofensiva final días atrás, no le importó que en Trípoli estuviera el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, con quien se reunió el viernes pasado.

¿Qué podría ocurrir tras la ofensiva del mariscal Haftar? ¿Está Libia frente a un escenario de no retorno?

Jason Pack, fundador de la consultora Libya-Analysis señaló a La Tercera que los últimos movimientos militares de Haftar sugieren que es más probable que las fuerzas del mariscal “continúen impulsando su asalto a la capital, en lugar de conformarse con una solución diplomática”. “Sin embargo, sigue siendo poco probable que el LNA pueda tomar el control de la ciudad en los próximos días, a pesar de la propaganda de LNA. Lo que realmente estamos viendo es una guerra mediática. El asalto a Trípoli es una forma de teatro kabuki. Haftar piensa que puede beneficiarse al aparecer en el asalto, sabiendo que una verdadera guerra no tendría éxito y dañaría sus intereses”, agrega Pack.

En ese sentido, según The New York Times, para lograr su cometido el mariscal Haftar necesitaría una victoria rápida en Trípoli. De lo contrario, corre el riesgo de enfrentar serios problemas para abastecer su larga línea de fuerzas, desde el este del país hasta la capital, en el oeste.

¿Una copia de Gaddafi?

De acuerdo con las agencias internacionales, unas 3.400 personas se han visto obligadas a dejar sus hogares en Trípoli. Al mismo tiempo, el Times señaló que Estados Unidos ordenó la evacuación de su pequeño contingente de tropas en la capital la noche del domingo. Hasta ahora, el gobierno de Donald Trump ha mantenido una posición neutral en el conflicto. A su vez, Rusia señaló que defiende una “solución pacífica” del conflicto.

Lo cierto es que pese al temor a un conflicto a gran escala, la comunidad internacional no ha logrado ponerse de acuerdo sobre una condena respecto de la ofensiva de Haftar.

El mariscal se presenta como el único capaz de unir y darle estabilidad al país, como en su momento lo hizo Gaddafi, aunque mediante un gobierno autócrata.

“Gaddafi fue un dictador absoluto. En el transcurso de sus 42 años de gobierno hubo levantamientos e intentos de golpe de Estado, pero una verdadera guerra civil era imposible. Ahora hay más de 350 milicias diferentes en el país con más de 200.000 hombres jóvenes armados. En Libia no hay Estado ahora. Bajo Gaddafi, el Estado y sus redes de distribución y patrocinio reinaron de manera suprema”, concluye Jason Pack.

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