Los cálculos de Xi y Trump tras el acuerdo de Buenos Aires

Xi Jinping y su esposa Peng Liyuan a su arribo a Buenos Aires, el jueves.

Si bien Beijing y Washington calificaron como exitosa la reunión de ambos mandatarios, algunos expertos apuntan a las concesiones hechas por las partes.


“Esta fue una reunión asombrosa y productiva con posibilidades ilimitadas tanto para Estados Unidos como para China”, dijo exultante Donald Trump el sábado por la noche a bordo del Air Force One, cuando el mandatario norteamericano ya emprendía retorno a su país tras el término de la cumbre del G20 en Buenos Aires y su esperado encuentro con el Presidente chino, Xi Jinping.

Un día después de la cena en que Xi y Trump pactaron una tregua a la guerra comercial que mantenía en vilo al mundo, Beijing también entregó una evaluación positiva del encuentro, que calificó de “muy exitoso”, según informó Xinhua.

De acuerdo con la agencia estatal china, “Xi pidió tanto a China como a Estados Unidos abordar el desarrollo de las relaciones bilaterales desde una perspectiva general e impulsar el desarrollo de largo plazo, sano y estable, generando beneficios mayores y mejores a las dos naciones y los pueblos del mundo entero”. “Trump dijo estar de acuerdo con Xi sobre su evaluación de las relaciones bilaterales”, aseguró el medio chino.

Sin embargo, analistas occidentales pusieron en duda el real alcance de lo acordado por Xi y Trump en Buenos Aires. Así, expertos citados por The Washington Post dijeron que las conversaciones habían logrado un progreso importante en la cooperación sobre el programa nuclear de Corea del Norte y en la restricción de los envíos chinos ilícitos a EE.UU. del fentanilo, un opioide responsable de miles de muertes de norteamericanos cada año, pero no representaron un gran avance en la diplomacia comercial. “En cuestiones comerciales estándar, aquí es donde estábamos hace semanas”, dijo Derek Scissors, un académico de China en el American Enterprise Institute y asesor de la Casa Blanca.

“Líderes máximos”

Quizá por ello, como apuntó The New York Times, “China se apresuró a presentar el acuerdo como una concesión por parte de Trump”. Incluso, algunos expertos citados por el diario dijeron que las fuerzas que Trump había puesto en marcha con Beijing serían “difíciles de controlar”. “EE.UU. exige cambios radicales en la política comercial de China, que el gobierno comunista podría encontrar políticamente difícil de promulgar e imposible de hacer cumplir”, indicó el Times.

En la misma línea, The Associated Press destacó que al margen de la aparente tregua con Beijing, “descrita por la Casa Blanca como una victoria de Trump y sus duras tácticas de negociación, al producirse sin aparente concesión de Washington”, lo cierto es que “parece que EE.UU. se está retractando de sus amenazas anteriores de vincular los temas comerciales con los temas de seguridad, como las ambiciones territoriales chinas en el Mar del Sur de China”.

Pero Aaron Friedberg, un especialista de China en la Universidad de Princeton, lo ve desde otra óptica. A su juicio, desde que el presidente Richard Nixon se reunió con el líder chino Mao Zedong en 1972 que las relaciones entre EE.UU. y China no giraban en torno a personalidades individuales.

“Ambos hombres se han convertido en ‘líderes máximos’, hombres fuertes que defienden los intereses y el honor de sus naciones”, dijo Friedberg, exasesor del vicepresidente Richard Cheney, a The Washington Post. “Ninguno de los dos quiere parecer débil, lo que parece restringir el alcance del compromiso, pero tampoco quieren ser culpados por una ruptura completa de las relaciones”, concluyó.

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