Los nicaragüenses inician un lento éxodo tras ola de violencia

Una milicia progubernamental fuertemente armada ocupa el barrio Monimbo, en Masaya, Nicaragua, el 18 de julio pasado. Foto: AP

El pasado 18 de abril estallaron las protestas contra Daniel Ortega. Casi cuatro meses después y tras una ola de represión que ha provocado más de 300 muertos, cientos de familias han solicitado pasaportes para sus hijos en las oficinas de migración con el fin de sacarlos del país centroamericano.


De acuerdo con las últimas cifras del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), tras el estallido de las protestas en abril, dos mil personas fueron capturadas de manera “arbitraria” por apoyar protestas, de las cuales 480 siguen detenidas y 180 serán procesados por terrorismo y otros delitos. La mayoría son jóvenes, por lo que diariamente cientos de padres han acudido a las oficinas de migración en Nicaragua para sacar a sus hijos del país.

“No tenía idea que iba a irme hasta la noche antes del 22 de julio. Nos llamaron nuestros familiares y nos dijeron: se alistan que mañana a las ocho de la mañana los sacamos del país. La conversación fue breve por el terror de que los teléfonos estuvieran intervenidos”, cuenta a La Tercera “Siria”, una estudiante nicaragüense que salió de Managua, junto a cuatro compañeros de entre 19 y 24 años y dos adultos que los acompañaron.

Debido al temor de que fueran detenidos por la policía, el grupo hizo creer que se dirigían a un encuentro cristiano, por lo que llenaron de biblias el microbús en el que viajaron a la frontera con Costa Rica. Desde ese punto caminaron cuatro kilómetros por el barro por “puntos ciegos” (lugares sin seguridad) para finalmente ingresar al vecino país.

“Casi al llegar al pueblo nos detuvo la policía. No estábamos entrando legalmente, pero había una desesperación de salir porque en Nicaragua estaban entrando casa por casa a buscar a los chavalos que estuvieron en las protestas”, sostiene “Siria”, que se vio obligada a salir del país después de que se volvió viral un video en el que a cara descubierta pidió auxilio tras el ataque en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) en Managua.

El grupo viajó 36 horas hasta San José y después siete horas más hasta una localidad donde se encuentran ahora. “En Nicaragua si piensas diferente al gobierno es delito, te matan o en el mejor panorama te apresan. Le decimos la ‘cacería de brujas’”, explica “Siria”.

La vicepresidenta de Costa Rica, Epsy Campbell señaló que han recibido más de “20.000 solicitudes de refugio” y prevén “que en las próximas semanas y meses la situación se agravará”. La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) estima que al menos 23.000 nicaragüenses huyeron a Costa Rica. La violencia ha dejado más de 300 muertos.

“No podemos considerarlo como un éxodo voluntario porque es resultado de la represión e inseguridad. Hay una tendencia de sectores que están sacando a sus hijos del país para que no los agarre la represión porque en Nicaragua ser joven es un delito”, sostiene a La Tercera, Vilma Núñez, presidenta del Cenidh.

“Terrorista y golpista”

Leonardo Rivas, alias el “Cozón”, es otro de los universitarios que salió de Nicaragua. “Salí con muchos compañeros, algunos pudieron pasar a Costa Rica y otros no. El viaje es muy incómodo, inseguro y temeroso. Es el viaje que nadie quiere hacer”, narra Rivas a este diario.

En Costa Rica, Rivas no pudo atravesar el segundo control de migración, por lo que tuvo que dormir a la intemperie bajo la lluvia, sin dinero y sin comida. “Al cruzar la frontera sentí la tristeza por dejar a mi madre pasando el riesgo que ya pasó una vez cuando llegó la policía y los paramilitares en seis camionetas comenzaron a saquear mi casa, a golpear a mi familia para buscarme a mi porque según ellos tengo orden de arresto por terrorista y golpista”, recuerda Rivas.

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