Petro jura como primer presidente de izquierda en Colombia y pide a grupos armados ilegales dejar las armas para lograr la paz

Gustavo Petro gesticula durante su ceremonia de juramentación en Plaza Bolívar, en Bogotá, Colombia, 7 de agosto de 2022. Foto: Reuters

El recién asumido mandatario calificó como un “fracaso rotundo” la política antidroga en el país. En su discurso de posesión, consideró que es necesario cambiarla urgentemente.


Gustavo Petro juró el domingo como el Primer presidente de izquierda en Colombia para gobernar por un periodo de cuatro años en los que aspira reducir la profunda desigualdad en el país, lograr un acuerdo de paz con los grupos armados ilegales y adelantar ambiciosas reformas.

En un acto lleno de simbolismos realizado en la Plaza de Bolívar, centro político e histórico de Bogotá, Petro juró defender la Constitución y las leyes junto a Francia Márquez, quien hizo historia como la primera afrodescendiente en ocupar la vicepresidencia de la nación.

El recién asumido mandatario –que reemplazó a Iván Duque del opositor centro Democrático- llegó hasta el acto caminando junto a su esposa y sus hijas. Banderas colombianas y comparsas, llenaron las calles aledañas a la Plaza de Bolívar y acompañaban su paso gritando: “Sí se pudo, sí se pudo”.

El ambiente de celebración marcó la jornada y tras la ceremonia se abrió paso a una fiesta cultural que contó con invitaciones a cerca de mil artistas en escenarios ubicados en distintos puntos del país.

Gustavo Petro presta juramento durante su ceremonia de juramentación en la Plaza Bolívar, en Bogotá, Colombia, el 7 de agosto de 2022. Foto: Reuters

De esta forma, Petro se unió al grupo de mandatarios de izquierda que gobiernan en la región como Gabriel Boric en Chile, Pedro Castillo en Perú, Andrés Manuel López Obrador de México y Xiomara Castro en Honduras.

Petro recibió la banda presidencial de manos de María José Pizarro, congresista e hija del máximo comandante de la extinta guerrilla M-19, a la que él mismo perteneció, asesinado cuando aspiraba a la presidencia luego de firmar la paz.

La Plaza de Bolívar, a la que acudieron miles de personas, estaba dividida en dos: en la primera parte se ubicaron representantes de varios países -entre ellos el rey Felipe VI de España y sentado a su lado los presidentes de Chile, Paraguay, Ecuador y Costa Rica- y en la segunda los ciudadanos.

Además de los invitados internacionales, a la ceremonia asistieron los expresidentes colombianos Juan Manuel Santos, Ernesto Samper y César Gaviria, de tendencia liberal. Los conservadores Álvaro Uribe y Andrés Pastrana declinaron la invitación.

Petro, de 62 años, apuntó a restablecer los acuerdos de paz en su gobierno. “Que la paz sea posible. Tenemos que terminar, de una vez y para siempre, con seis décadas de violencia y conflicto armado. Convocamos, también, a todos los armados a dejar las armas en las nebulosas del pasado. A aceptar beneficios jurídicos a cambio de la paz, a cambio de la no repetición definitiva de la violencia”, dijo el mandatario ante una multitud que lo ovacionaba al tiempo que coreaba su nombre.

Como un “fracaso rotundo” calificó el recién asumido mandatario Petro, la política antidroga a la que se sumó el país hace varias décadas. En su discurso de posesión, consideró que es necesario cambiar urgentemente esta política.

“Ha dejado un millón de latinoamericanos asesinados”, señaló el recién posesionado jefe de Estado al considerar que la política no cumplió con su objetivo y que, contrario a esto, fortaleció a las mafias dedicadas al narcotráfico y “debilitó a los Estados”.

“¿Vamos a esperar que otro millón de latinoamericanos caigan asesinados y que se eleven a 200 mil los muertos por sobredosis en Estados Unidos cada año?”, indicó en su discurso, el cual fue interrumpido varias veces por los aplausos del público y los invitados. “La guerra contra las drogas fortaleció las mafias y debilitó los Estados”, agregó.

A pocas horas de la posesión de que asumiera como Presidente, el Clan del Golfo anunció en un comunicado que decreta un cese unilateral de hostilidades. “Consecuentes con estas fechas históricas, decretamos también un cese unilateral de hostilidades ofensivas, como expresión de buena voluntad con el gobierno que inicia y su amplia disposición de búsqueda de caminos de paz para todos los actores del conflicto, a partir del 7 de agosto”, señala el comunicado.

Otros desafíos

Petro deberá sortear, además, la inflación más alta de las últimas dos décadas y la búsqueda de consensos en un país dividido.

Varios sectores temen verse afectados por su objetivo de llevar adelante reformas en el agro, la producción energética, la policía, las pensiones y la recaudación de impuestos.

Al respecto, Petro enfatizó que “los impuestos no serán confiscatorios, simplemente serán justos en un país que debe reconocer como aberración la enorme desigualdad social en la que vivimos”.

Gustavo Petro recibe la banda presidencial de manos de la Senadora María José Pizarro durante su ceremonia de juramentación en la Plaza Bolívar, en Bogotá, Colombia, el 7 de agosto de 2022. Foto: Reuters

Tras ser elegido, Petro adoptó una postura más moderada que la que tuvo durante la campaña, lo que resultó en un amplio apoyo y en una mayoría en el Congreso clave para sacar adelante la reforma tributaria que le dará recursos para financiar programas sociales.

“Llegó el momento de devolverle la deuda a nuestra educación pública para que alcance a todos y todas y sea de calidad. Cuidaré de nuestros abuelos y abuelas, de nuestros niños y niñas, de las personas con discapacidad, de las personas a las que la historia o la sociedad ha marginado”, remarcó el mandatario.

En el empresariado y los mercados hay gran expectativa por el contenido de la reforma tributaria y otras medidas, como la posible suspensión del otorgamiento de licencias mineras y de exploración petrolera con el objetivo de acelerar la transición energética. El sector energético aporta alrededor del 18% de los ingresos fiscales de la nación y está en el primer renglón de las exportaciones.

Tras su juramento, ordenó traer la espada de Bolívar, en lo que se convirtió en la primera orden de su mandato. El expresiedente Iván Duque se negó a conceder el permiso de sacar la insignia de la Casa de Nariño, también en su última decisión de gobierno.

La espada de Simón Bolívar, robada en enero de 1974 por el M-19 y que estuvo en su poder durante 17 años hasta que fue entregada al Estado en 1991 como un gesto de paz. Desde entonces permaneció guardada en una bóveda del Banco de la República y en 2020 fue trasladada al Palacio de Nariño, donde reside el presidente.

Este lunes, entre sus primeras actividades como mandatario, Petro sostendrá una bilateral con su par chileno. En esa cita, se espera que ambos aborden el frustrado proceso de paz que enfrentó Colombia y que el exguerrillero busca retomar.

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